Me detuve justo en frente de la casa de la mujer.
—¿Qué es este lugar? —dijo confundido sin saber que hacía allí.
—Aquí entenderás todo mejor.
Antes de tocar la puerta la mujer nos abrió.
—Llegaron antes de lo que esperaba.
Alex frunció el ceño.
Entramos a la casa. El aire cambió al instante. No era más frío ni más pesado, pero sí más quieto.
—Disculpe, ¿Y usted quién es?
—Alex, ella es la mujer que te conté, fue quien me dijo todo y tiene mucho sentido, la única explicación valida. —le explique.
—Soy Flor. Durante muchos años me dedico a todo lo que tenga que ver con lo fuera de la realidad que desconocemos. Necesito contarte lo más rápido posible lo que esta pasando antes que sea demasiado tarde.
Alex asintió.
—Cuéntame. Si he creído lo del portal, esto también y mucho más si están en riesgo nuestros hijos. Y a ti amor te he prometido que siempre te creería por lo más lejano a la realidad, solo que me cuesta aceptarlo.
—Está bien amor. No es fácil, me pasa exactamente lo mismo, solo necesito que aprestes atención a lo que va a decir. —dije mientras le agarraba de la mano.
Ambos miramos a la mujer asintiendo para que le explicara todo a Alex y luego lo que debíamos hacer.
—Bien. —respondió—. Entonces escucha con atención.
Se acercó a la mesa y me pidió el libro que me había dado que tenía guardado en mi bolso. Le explico palabra por palabra, y justo cuando estaba terminando, lo giró hacia él.
—No vas a poder leerlo —aclaró—. Pero no importa. No es para eso.
Pasó las páginas hasta detenerse.
—Si aceptas iniciar el tránsito —dijo—, tu vida humana se interrumpe. No termina de inmediato, pero deja de avanzar como la conoces. Trabajo, vínculos, tiempo: todo se vuelve provisional.
—¿Desaparezco? —preguntó Alex.
—No —respondió—. Eso sería más fácil. Seguís existiendo, pero cada cosa que te define empieza a soltarse. Y no por decisión tuya.
Alex apretó los puños.
—¿Qué tipo de pruebas?
—Las que atacan la identidad —dijo ella—. Soledad real. Pérdidas que no se compensan. Dudas constantes. Y algo más importante: nadie te va a confirmar si vas bien.
—¿Ella tampoco? —preguntó, mirándome.
—No —respondí antes que la mujer—. Yo no puedo intervenir.
La mujer cerró el libro con suavidad.
—Si fallas, seguramente morirás, en muy pocos casos es peor —dijo—. A veces solo quedas… vacío. Y eso es muchísimo peor.
El silencio fue denso.
—¿Y si no acepto? —preguntó Alex.
Ella no esquivó la respuesta.
—Vivís. Envejeces. Tenes recuerdos. Pero cuando llegue el momento, vas a perder a tus hijos sin entender por qué. No de golpe. De a poco.
Alex respiró hondo.
—¿Y ellos? —preguntó—. ¿Qué van a ser?
—Completos —respondió la mujer—. Nacen Aeralith. No tienen descanso. Su propósito empieza sin elección.
Miró mi panza.
—Y ella ya no puede volver atrás.
Alex se giró hacia mí.
—¿Esto es cierto?
Asentí.
—Los cambios no van a detenerse.
La mujer dio un paso atrás.
—No necesito una respuesta hoy —dijo—. Pero necesitaba verte acá. Porque si decidís avanzar, no vuelves a entrar como humano que duda. Vuelves como alguien que acepta el costo. Sea lo que sea.
Se acercó a la puerta y la abrió.
—Mañana —agregó—. Si vuelven, es porque entendió.
Salimos sin decir nada.
En la vereda, el ruido volvió de golpe. Autos. Gente. Vida normal.
Alex se quedó quieto unos segundos.
—No me pidas que te prometa nada —dijo al fin—. No me pidas que sea valiente. No porque quiera, no me gustaría prometer algo que es casi imposible de lograr... lo que si te prometo es que hare lo posible.
Lo miré.
—Te amo. Yo confío en ti, no podrás prometer eso pero si cumplir tus promesas anteriores.
Me tomó la mano mientras me miraba con el brillo en sus ojos que jamás se apagaron al igual que su corazón latiendo por mi. Y en ese momento me cincho hacía la casa de Flor, abriendo la puerta de golpe.
—Necesitamos comenzar ya. — Ahora —Dijo con un tono de voz alta no gritando pero si indicando urgencia. Mientras yo quede paralizada mirando a la mujer.