Un amor de verano

1 | El inicio de todo

Viernes al fin. 

«Ese día me levanté con las pocas energías que me sobraban de la semana.»

Caminaba por los pasillos con los pocos alumnos qie también los transitaban. Me dirigía a mi primera clase que era francés. La materia que se me hacía demasiado complicada pero que afortunadamente pasaba con buenas notas. 

— ¡Rose, espera! — gritaron a mis espaldas, volteé encontrando a la causante de mi casi tardanza. 

— ¡Ey! ¿Qué sucede Megan? — pregunté a, como ya saben, la primera de mis amigas.

— ¡Dios, Rose! Caminas muy rápido —jadeó buscando recuperar el aliento—. Llevo más de cinco minutos tratando de alcanzarte. —sonreí apenada. Siempre me decían que caminaba como si me estuvieran persiguiendo. Pero es que amigos, no era mi culpa de que las demás personas caminaran tan lento, aunque, para mí ese era mi paso más lento. 

— No es mi culpa que seas una tortuga, Megan — mencioné con diversión cruzando mis brazos a la altura de mi pecho y encima de los libros que llevaba en mano.

— Haré como si no hubiera escuchado eso, pero es que necesito contarte lo que me acaba de pasar ¡No te lo vas a creer! — chilló con su típica voz de niña pequeña que hacia cuando algo le emocionaba. 

— Como quieras — le reste importancia con un movimiento de manos —. Pero dime, qué pasá. Tengo clases y no puedo llegar tarde — insté a que hablara. Sabía que si le seguiamos haciendo al tonto la perorata se iba a alargar a horas. Pero para ser sinceros, faltaba como media hora para que en verdad iniciara a la clase, aun así, hablar con ella era esperar tres horas mínimo para que dijera la parte interesante. 

Se desviaba mucho del tema.

— ¡Pero si aún hay tiempo! — replicó quejumbrosa dándole una leve pisada al piso —. Está bien, te lo resumiré lo más que pueda — se rindió a notar la mirada que le lance. 

El silencio se instaló entre nosotras por unos largos segundos. 

«Recuerdo que el pensamiento de salir corriendo y dejándola ahí se una buena opción, luego recapacité al pensar que después estaría de un humor...»

— ¿Ya o no? Dime porque no soy telepática. 

— ¡Ya, ya! Bueno, ¿Te acuerdas del chico de mi clase de historia? —ladeé la cabeza en un intento de recordar al susodicho—. Al que le hicimos la encuesta hace unas semanas.

«Unas semanas antes de esa conversación tuvimos un trabajo en equipos sobre La sociedad estudiantil. Recuerdo haberla acompañado a terminar sus encuentras ya que las mías ya las había acabado. Pero ¡Rayos! Él chico no entrenaba en mi memoria!»

— Ehmm... Creo que sí —mentí, aunque definitivamente, no me salió porque en vez de afirmar sonó más a pregunta —. Pero tú sígueme contando. 

— Bueno, pues a ese mismo chico me lo acabo de encontrar, charlamos un poco y... 

—¿Y?

— ¡Me invitó a salir! — gritó entusiasmada dando saltitos como una niña a la que le acaban de decir que si le compraran su juguete favorito. 

Medité un momento la información recibida. 

A ver, ella iba a salir con el chico y estaría feliz. Todo estaba bien, pero como que algo no cuadraba. 

— ¡Un momento! ¿Pero tú no estabas saliendo con Justin? — pregunté confundida. Se suponía que ella estaba de novia con Justin y este no era nada malo; de hecho se le notaba que quería mucho Megan.  

«¿Se acuerdan de Miguel? ¿Sí? Bueno, terminaron al mes —sí, lo sé. El típico noviazgo en estos tiempos—. Según supe fue por diferencias  y chalala. Después de eso se hizo novia de Justin: él era un chico alto, delgado y de lentes pelinegro; era un buen tipo, atento y simpático. Me sorprendia que hubieran durado tanto (tres meses y sí, hablando de ella, eso era mucho»

 

— Ah, sí. Últimamente hemos estado discutiendo así que terminamos ayer y como ya estoooy solterisky de nuevo estoy buscando candidatos —alcé una ceja incrédula—. Ya sabes, no puedo estar sin novio tanto tiempo. Tu me entiendes. 

No, la verdad es que no la entendía en lo más mínimo. 

— Oh, ok... Si para ti está bien... —me encongí de hombros y eché una mirada a mi reloj imaginario que debía estar en mi muñeca. Fruncí el ceño levemente pensado que que debía comprarme uno. Sí o sí —Nos vemos. 

— ¡Rosalie, no te vayas! Necesito que me ayudes —pidió deteniéndome el gorro de mi sudadera blanca. Me giré encarándola con una ceja alzada al mismo tiempo que me soltaba de su agarre—. En la hora del receso quedamos de vernos y... necesito que me acompañes. 

¡OH, NO! Eso sí que no. 

— Olvídalo

— ¡Anda, anda! Por favor, no seas mala — rogó tirando de la manga de mi sudadera con un poco de fuerza. A veces odiaba que fuera tan... Así.

— ¡Que no! No iré a hacer mal tercio y ya déjame, que llegaré tarde por tu culpa — espeté molesta. Me solté y me fui de ahí dejándola sola en el ya casi vacío pasillo. 

 

(...)

 

A la hora del receso no había visto a Alice ni a Jess y mucho menos a Sebas. Con las dos primeras no compartía clases ese día y con el último menos, era algo obvio. 

«Porque... recuerdan recuerdan lo que les conté al principio ¿No?

Ese día llegaron pensamientos que ocasionaron el inicio de todo.

Pero no de adelantaré a los hechos. 

Entre toda la bruma de pensamientos que me indundaba mi mente destacaba uno en específico. El ser... más extrovertida, sociable, divertida... Todo lo opuesto a lo era o quizás sigo siendo. Me daba miedo salir de mi burbuja protectora, aquella que construí y me resguardé cuando era tan solo una pequeña niña. Está se creó con experiencias poco agradables de mi infancia e inicios de la adolescencia. Recuerdo que en el preescolar nadie quería jugar conmigo, en la primera era la rechaza por la mayoría de mis compañeros y más con el hecho de que a cualquier grupito que me juntara tenía que excluir a mi hermano un año menor que yo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.