Un amor entre crimenes

UN POCO SOBRE MÍ

 

Después de cursar la ardua carrera de derecho en la prestigiosa Escuela de las leyes en Bogotá, una especialización en Derecho penal, una maestría en Derecho público y administrativo y ¡si! también había conseguido un doctorado en Derecho internacional y administrativo y varios cursos se hacían un espacio en mi hoja de vida como la criminalística, la balística, toxicología y anatomía; soy un hombre intelectual, de gran trayectoria y ahora me encontraba sentado en mi propia empresa cuyo nombre hacía retumbar a cualquier criminal como la competencia; aquí impera la ley “soluciones legales” de ella se hablaba de día y de noche, de su gran reputación y eficacia. Aparte de representar clientes en tediosos jurados, había combinado este proceso con el ser detective y buscar por cuenta propia la inocencia de quien está a mi cargo.

 

En mis años de existencia he seguido la senda de la verdad, jamás me he dejado deslumbrar por las ramas de la corrupción, ni los arreglo bajo mesa, ni el chantaje o de arreglos mutuos con la contraparte. He ganado todos los casos que han sido puestos en mi mesa y he rechazado todo aquel que con mi inaudita y excesiva investigación logre comprobar que en definitiva han sido culpables de violar los derechos humanos y la ley, jamás me he enredado en esos líos. Ya tenemos suficiente con políticos corruptos que llenan sus bolsillos con el dinero público, crean las leyes para ellos y sus amigotes, compran la justicia y al juez; no necesitamos más de estas escorias lo único que hacen es seguir llenando el basurero del callejón de atrás, propiciando la podredumbre, los delitos y la sangre en la acera.

 

Absorto en mis pensamientos empecé a recordar a un peculiar personaje, siendo más específicos un asesino que ocupó la primera plana de los periódicos, se habló de él por más de una semana y actualmente tiene un pequeño grupo de fans que con el pasar de los días va creciendo; se le conoce como el criminal del pincel, su nombre real jamás se conoció no había rastro de él, su juventud la había vivido como un ermitaño en una montaña cerca de un paso de turistas, amantes del ejercicio, amantes de la naturaleza y de encontrarse a sí mismos. Con gran cautela y silencio como es debido de los cazadores, atrapaba a sus presas, su modo operandis era el mismo cualquier persona sola o de aquellos atrevidos y curiosos que ingresaban al interior del bosque, se llevaban un buen golpe en la cabeza, inconscientes eran subidos a una vieja carretilla conducidos a una destartalada cabaña alejada de la civilización y el ruido de los gritos y el dolor se apagaban el silencio de la penumbra.

 

En la sala de interrogaciones mi pregunta fué el porqué lo hacía, porque cometía tan atroces crímenes, aunque de antemano le aclare que no lo defendería, estaba allí por curiosidad, saber que había en su mente. Me respondió sin titubear y sin remordimiento asesinar me reconforta el corazón, alegra mis días grises, amo ver sus rostros suplicando por la libertad y la compasión, no importa si tienen hijos, familia; al fin y al cabo estamos destinados a ser olvidados de un modo u otro, el dolor para ellos es el placer para mí, sentir como se desgarra la piel con el filo de un frío cuchillo me devuelve a la vida, me recuerda que estoy vivo. La sangre tibia recorriendo la palma del arma, para empezar a recorrer mi mano hace excitar mi cuerpo ver el elixir rojo como la pintura, con un sabor espectacular me hacen recordar el dulce sabor de las tiernas y recién salidas frutas de la cosecha, de la madre tierra, donde emerge y muere la vida.

 

Sono el telefono sacándome de mis pensamientos, lo cogí con gran rapidez, ¿quién habla? Soy Tommy y presta atención a lo que diré es muy importante y es una noticia de última premisa; acaban de asesinar al alcalde Turner, lo encontraron en mediaciones del cementerio, finalizada la frase le dije: ¿algún sospechoso? ¿testigos? Sobre eso, ya tienen al asesino, la encontraron en la escena del crimen, y sin duda es ella todos los elementos coinciden, todo apunta a una inexperta para esto de cegar de vidas, tal vez haya sido líos amorosos, políticos o alguna deuda del pasado -la agresora, ¿ha dicho algo? Ni una palabra, deberías venir a la comisaría e intentar hablar con ella, tu eres un abogado de alta reputación y eres famoso así que podrías conseguir una que otra pista.  Lo pensaré, mandame lo que tengas de la chica, gracias por contarme esta tragedia, cuidate, estamos en contacto; espero no haberte incomodado, ni joderte el resto del día. Descolgué el teléfono.

 

Otro crimen más en la sociedad, ya esto se a vuelto tan normal como ir de compras, ahora una mujer que le había llevado a cometer estos impulsos, truncar su vida, su carrera, su reputación por ver un corazón sin latidos. Se acercaban las seis, la hora de marchar a casa, así que aliste mi portafolio, me tome mi ultimo café con una crocantes galletas provenientes de la mejor galletería de la ciudad, no solo era su sabor, era la tradición de una familia dedicada a este oficio, empecé a cerrar la puerta cuando llegó un muchacho joven con un recado, se lo manda Tommy me dijo que era urgente que lo tuviera, que no podía esperar, lo recibí dándole las gracias, a usted por ser tan amable y respetuoso, normalmente los hombres de alta clase no nos determinan, no se toman el tiempo de indagar, toman una impresión superficial de nosotros, se subió a su bicicleta color azul, que tenga buena noche, -igualmente- y echo andar calle abajo.



Angel Ubaque

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En el texto hay: crimenes

Editado: 28.02.2018

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