Un Amor Escandaloso I Hermanos Dashwood #2

Capítulo 6

La siguiente semana había sido un torbellino, no estaba segura de poder recordar todo con exactitud.

Tras el sorpresivo desmayo de su madre tras la noticia de su matrimonio, Erik se aseguró de dejar a la Baronesa en buenas manos antes de partir en busca del Obispo y pedir una licencia especial. Necesitaban una licencia especial si querían acabar con el escándalo lo más pronto posible.

Tendría el apoyo total de los Dashwood, los cuales eran una de las familias más influyentes de la aristocracia. Ellos le brindarían cobijo con su apellido, y no podía sentirse más agradecida que en ese momento.

Le costaba creer que de verdad estuviera pasando. Eleanor la visitó junto a sus otras amigas un día después de su acelerada y extraña propuesta de matrimonio.

"Mereces un hombre que te respete, Mía, y Erik lo hará. No será un matrimonio por amor, pero, ¿quién dice que deba quedarse así para siempre?"

Las palabras que le había dicho Eleanor vagaron en su mente a lo largo de los días. No podía exigir más, aunque antes sus ilusiones estaban puestas en una unión por amor, ahora mismo solo podía sentirse aliviada de que el bondadoso corazón de Erik hubiera decidido sacrificarse para salvarla. 

Su madre estaba en una nube de éxtasis desde que había vuelto en sí luego de su desmayo. No se sentía particularmente animada como ella lo estaba. ¿Acaso no veía las condiciones por las que él le había propuesto matrimonio? Al parecer, no. Su padre era incluso más reservado, pero suponía que se debía al hecho de que no lo había visto demasiado en esa semana.

Madame Donatien hizo un asombroso trabajo con su vestido de novia, era sorprendente lo que había logrado en apenas una semana. Pero, por supuesto, los Dashwood se encargaron de pagar más de la cuenta por sus servicios. 

El día llegó, y aunque sería una pequeña y privada ceremonia, sus nervios estaban presentes. No había vuelto a ver a Erik desde que partió aquella mañana de su salón. Lady Adelaida le había asegurado que estaba cumpliendo con otros deberes, pero aún así no evitaba sentirse inquieta. De alguna forma lo había atrapado en un matrimonio que ninguno quería, y aunque Erik le aseguró que nadie podía forzarlo a nada... No podía evitar pensar que lo estaba forzando.

—Es hora de irnos, el carruaje ha llegado —dijo su madre sonriente desde la puerta de su habitación—, ¡oh, Mía, esto es como un sueño! Si hubiera sabido que lo único necesario para atrapar a Erik finalmente era un escándalo, lo habría hecho antes.

No era posible lo cínica que podía llegar a ser su madre, ¿acaso se escuchaba? Le provocaba náuseas todo lo que decía.

—No quiero que te vuelvas a referir a Erik de esa forma, madre —murmuró con frialdad, se levantó de la pequeña silla frente a su tocador y le agradeció a la doncella que terminó de hacerle su peinado—, no creas que me hace feliz este matrimonio, y sabes perfectamente que Erik no se encuentra más entusiasmado que yo.

Su madre rodó los ojos.

—Deja de ser tan teatral, hija mía. En nuestro mundo, los únicos que sobreviven son los astutos. Ahora llevarás el apellido de una de las familias más importantes de Inglaterra, ¡lo que daría yo por haber tenido la mitad de tu suerte!

Apretó sus manos en puños, absteniéndose de decir algo que pudiera herirla. Lo único que agradecía era poder alejarse de las ideas de su madre.

[...]

La boda fue más rápida. O quizá se debía al hecho de que su mente estuvo perdida todo el tiempo. Su cuerpo estaba tenso, todo lo contrario a Erik. Parecía demasiado calmado, ¿no se había arrepentido?

De cualquier forma, no había marcha atrás, cuando finalmente dijeron sus votos, estaba hecho. Miró a Erik por primera vez desde que había entrado en St. Bride's. Aquellos ojos azules le brindaron una cálida mirada al igual que su sonrisa. Luego de poner los anillos y pronunciar sus votos, era oficialmente Amelia Dashwood, Vizcondesa de Hambleden.

Más tarde se encontraban en el enorme salón de baile de la mansión Dashwood donde se llevaba a cabo la recepción de bodas. Aunque la lista de invitados era demasiado pequeña, se sentía pequeña entre a multitud.

—¿Estás bien? —Preguntó Erik en un susurro.

Una sonrisa débil se dibujó en su rostro.

—Por supuesto —mintió.

No debía ser injusta. Intentaría hacer de su relación algo ameno, era lo mínimo que podía para mostrar su gratitud.

Erik sonrió de forma maliciosa y apretó su mano de forma juguetona.

—Eres una terrible mentirosa, esposa.

Contuvo el aliento ante sus palabras. "Esposa". Nunca imaginó que ese día sería una realidad, nunca imaginó escuchar esas palabras por parte de Erik y dirigidas hacia ella.

—Supongo que es una noticia excelente para ti, me temo, una esposa honesta y sumisa es el sueño de todo caballero, ¿no es así? —respondió.

Erik asintió de forma aprobadora.

—Me gusta esta versión de ti, no la apagada y triste que has sido desde hace una semana —confesó dejándola sin palabras—, ¿qué te preocupa, Amelia?

Se mordió los labios y desvió la mirada. No quería confesarle sus temores, no de nuevo. Así que negó lentamente sin mirarlo.

Escuchó cómo Erik suspiraba para después sentir sus fuertes manos tomar su barbilla y girar su cabeza, obligándola a mirarlo. Sus ojos se posaron en los suyos de forma penetrante.

—Supe cómo la falta de comunicación arruinó varios años la vida de mi hermana y Edward. Quiero que, si algo te molesta, me lo hagas saber, ¿de acuerdo? —Dijo con tono resuelto—. Ahora eres mi esposa, Amelia, no quiero que nada te perturbe, no si está en mis manos evitarlo.

Su corazón dio un vuelco ante su discurso.

—No lo entiendo... No es un matrimonio por amor, prácticamente te he atrapado en ésto —repuso, sintió su voz quebrarse—, ¿por qué actúas de manera dulce conmigo?

La expresión de Erik cambió. Parecía confuso, pero después la observó llena de rabia.




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