Un Amor Imposible En Navidad

1. Mi anhelo más preciado

 

 

tuau_Ak8cn1hUyg9axyE6GUdkMXKUzuMFUO3zKMYzMej0bfKPY4zV-SO-LYGbNOc2h_QVl1cim_OcVchlSwO4N87atrjL9bAW5zZdRMPeVqUyAjjFzFRP-sRp46w5af65ZfeZqu52KpF13FbQ--dWzQ

 

Mónica

Frente al resplandeciente árbol de Navidad, cierro los ojos y respiro profundamente, como he hecho cada año desde que tengo memoria, pidiendo por mis más lindos, e inocentes deseos, y desde hace seis años me enfoco en uno en especial que me quita el sueño. Es el último mes del año, y con él llega mi tradición más querida: pedir mi anhelo más preciado frente a las luces titilantes y la fragancia a pino.

«Por favor, que este año se me conceda el deseo de tener a mi lado a Adam Smith»

Todos piensan que estoy loca por seguir esperando por tantos años a alguien que está fuera de mi alcance, dicen que es un sueño que no se hará realidad. Pero, yo siento que él es mi más bonita ilusión y algún día, espero no tan lejano, Adam pueda hacer parte de mi vida.  Así que, ¡Por favor, santa! He sido buena este año, concédeme mi deseo de ser la dueña de su amor.  —ruego en mis pensamientos, colgando en una de las ramas del árbol una notica donde escribí el nombre de ese hombre que se roba todos mis suspiros.

Mi madre, siempre cómplice de mis sueños, me sorprende en medio de mi pequeño ritual navideño, cuando su carcajada resuena en mis oídos.

— Oh, ¡por Dios! Hija, ¿de verdad sigues pidiendo eso?

— Mamá, ¿cómo puedes reírte? Este es el deseo más sincero que tengo. Además, eres tú quien me ha insistido siempre en que no debo rendirme hasta alcanzar lo que tanto quiero. —replico, soltando suspiros de enamorada, dejando mis ojos fijos en el trocito de papel que se camufla entre los demás adornos que cuelgan en el enorme pino navideño.

— Lo sé, hija, tienes razón. No te rindas, si ese hombre te mueve el tapete, debes buscar la forma de zamparle aunque sea un beso y si llegan a algo más íntimo, pues, eso será cosa tuya, yo en esos detalles tan profundos no me meto.

Las palabras llenas de picardía de la señora que me mira y sigue sonriendo, logran que mi rostro se caliente de solo imaginar que yo, en algún momento, pueda estar enredada entre los brazos de ese hombre y que todo su cuerpo, todo, todito, sea para mí.

—Ya, deja de fantasear que estás por cumplir 27 años, deben quemar la etapa de noviazgo para conocerse, después casarse, disfrutar de su vida de pareja por un tiempo y después prepararse para ser padres, tienen un largo camino que recorrer y ni siquiera se conocen. No moriré amargada porque mi única hija me dejó sin nietos, así que, es hora de que vayas en busca de ese amor que tanto anhelas. —ordena en medio de su risa, con una taza de chocolate caliente en mano, continúa bromeando sobre mis eternos deseos. Sin embargo, en medio de nuestras risas, revela una información que podría cambiar mi destino.

—Estoy hablando en serio, hija, para que veas cuanto te amo y te apoyo hasta en tus más locas aventuras. Te tengo información de primera mano. Sabes, escuche que Adam Smith está filmando una película en el centro de la ciudad.

— ¿Qué? ¿En serio?

— Sí, querida. Lo vi hace poco en un programa de farándula de esos que tú dices que son para ancianas. Mi pregunta es ¿qué harás tú con ese dato? ¿Quién sabe? Tal vez este sea el año en que tu deseo se haga realidad.

Sus palabras avivan más mi ilusión, sonrío emocionada y corro a su punto, le quito la taza de chocolate y lo dejo en una mesita esquinera, mis manos se aferran a las suyas y con una felicidad que no me cabe en el pecho, danzo con ella. En medio de carcajadas doy vueltas y vueltas sin parar con la señora que acaba de traerme lo que para mí es la mejor noticia, a víspera de Nochebuena.

—¿Qué harás? —cuestiona la mujer que más amo en todo este mundo, ella es uno de los seres más especiales de mi vida, porque no solo me dio el ser, también, me ha amado tanto que estoy inmensamente agradecida con la vida por ser su hija.

—Iré por él, mamá, por fin tengo una oportunidad real para conocerlo, decirle que llevo años enteros de mi vida amándolo y voy por un beso de Adam Smith, no puedo prometerte que te traeré nietos, pero, lo intentaré.  —respondo muy segura, guiando a mi madre en un baile que nos hace feliz a ambas.

—¡Esa es mi muchacha loca! Solo, por favor, que tu papá, tus tíos y tus abuelos no se enteren de que te estoy alcahueteando en tu locura, porque, nos meten a ambas en un manicomio.  —bromea contagiada de una magia extraña que no le permite frenar su risa.

Seguimos bailando y disfrutando de este momento de madre e hija hasta que… un carraspeo de garganta nos interrumpe y nos hace frenar en seco.

—¡Mi amor! ¿A qué hora llegaste? No nos dimos cuenta —Pregunta emocionada a mi padre, quien camina hacia nosotras, me da un beso en la frente como saludo antes de centrar toda su atención en la señora que lo espera a diario con una hermosa sonrisa.

—No hace mucho ¿Me concedes esta pieza? —Le pide mi padre, extendiendo sus manos para invitarla a bailar.



#487 en Otros
#13 en Aventura
#160 en Humor

En el texto hay: humor, romance, aventura

Editado: 01.01.2024

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.