Un amor inocente

Capítulo 2: Un recreo distinto

Los primeros días en la escuela fueron difíciles para Laura. Hablaba poco, levantaba la mano casi nunca y, en los recreos, prefería sentarse bajo un árbol con su merienda antes que unirse al grupo de niños ruidosos que jugaban a la pelota.

Cristian, en cambio, era todo lo contrario. Siempre corría, reía fuerte y se metía en problemas con facilidad. Pero, cada vez que podía, se escapaba de los juegos y buscaba a Laura.

-¿No vas a jugar? -le preguntó una mañana, mientras se dejaba caer a su lado sobre el césped.

Laura negó suavemente con la cabeza.
-Prefiero quedarme aquí.

Cristian la miró en silencio un segundo, y luego, como si hubiera tenido una gran idea, le tendió una galleta.
-Entonces yo también me quedo.

Laura parpadeó, sorprendida. Nadie hacía eso. Ella sonrió tímidamente y aceptó la galleta.

Desde ese día, Cristian comenzó a compartir los recreos con ella. A veces le contaba historias inventadas sobre monstruos y héroes; otras, simplemente hablaban de lo que más les gustaba. Laura, poco a poco, fue perdiendo la timidez con él.

Una tarde, mientras dibujaban en sus cuadernos, Cristian la observó con seriedad poco común en un niño de su edad.
-Oye, ¿quieres ser mi mejor amiga?

Laura lo miró sorprendida. Su corazón pequeño latió con fuerza.
-¿Amiga?

-Bueno... -él se rascó la cabeza, nervioso-. Mejor que amiga. Como... no sé... como que tú y yo siempre estemos juntos.

Laura no entendió bien lo que quería decir, pero sonrió.
-Sí.

Cristian soltó una carcajada y, de un impulso, le tomó la mano.
-Entonces ya somos algo más.

Ese gesto tan inocente bastó para que, en los ojos de Laura, Cristian dejara de ser solo un niño de su clase. A partir de ese momento, él se convirtió en alguien especial.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.