Era una tarde tranquila cuando Laura llegó a casa . Tiró la mochila en la cama, se soltó el cabello y se dejó caer agotada. Su madre entró a la habitación con un sobre en la mano, sonriendo con un brillo extraño en los ojos.
—Laura... llegó esto para ti.
Laura tomó el sobre sin entender mucho, hasta que vio el remitente: Estados Unidos – Solicitud de Reclamación Familiar. Su corazón dio un vuelco. Lo abrió con manos temblorosas y leyó: “El señor Alejandro Pérez solicita la residencia de su hija Laura Pérez para vivir junto a él en los Estados Unidos”.
Se quedó inmóvil. Sintió que las piernas le flaqueaban, como si el suelo desapareciera bajo ella.
—¿De verdad... papá ya lo logró? —susurró.
Su madre asintió con ternura, pero también con un dejo de nostalgia.
Esa noche, Laura no pudo dormir. Miraba el techo de su habitación, abrazada a la almohada, mientras su mente volaba a otro lugar. Pensaba en las promesas de Cristian, en aquel “yo nunca te olvidé”, en el anillo que aún llevaba en su dedo.
"¿Será que este es el destino? ¿Será que por fin podré verlo? ¿O acaso ya todo cambió demasiado?"
La carta que sostenía en la mesita parecía arder de tantas ilusiones, de tantos miedos. Laura sabía que nada volvería a ser igual.
¿Será que se verán de nuevo? No lo se
...tal vez
Editado: 21.02.2026