La cafetería estaba llena, pero para Laura y Cristian todo el ruido desapareció.
Cristian: (con voz baja, casi incrédulo)
-Laura... ¿eres tú?
Laura: (respira hondo, sus ojos brillan entre sorpresa y rabia)
-Sí, soy yo. ¿Sorprendido?
Cristian: (da un paso más cerca, sus manos tiemblan un poco)
-Claro que lo estoy... no pensé que volvería a verte aquí, así de frente.
Laura: (cruza los brazos, tratando de contenerse)
-Ni yo. Pero parece que el destino insiste en cruzarnos... aunque después de tantos años, ¿para qué?
Cristian: (frunce el ceño)
-¿Para qué? Laura, yo nunca te olvidé. No sabes cuántas veces pensé en escribirte, en buscarte...
Laura: (lo interrumpe, con ironía)
-Pero no lo hiciste. Dejaste que el tiempo pasara, que yo siguiera con mil preguntas, con el vacío. Y ahora apareces... como si nada.
Cristian aprieta la mandíbula, herido por sus palabras, pero intenta defenderse.
Cristian:
-No fue tan fácil, Laura. Tú tampoco buscaste. Ambos dejamos que el orgullo hablara.
Laura: (levanta la voz, sin importar las miradas)
-¡Orgullo? ¡Yo te esperé! Te escribí, y fuiste tú quien desapareció. Yo me rompí por dentro mientras tú seguías con tu vida.
Cristian baja la mirada un instante, sus ojos llenos de frustración.
Cristian:
-No me hables como si no hubiera dolido para mí también. ¿Crees que no cargué con eso? ¿Que no pensé en ti cada maldito día?
Un silencio pesado cae entre ellos. Laura respira agitada, con lágrimas que amenazan con caer. Cristian se acercó un poco más, pero ella retrocedió
Laura: (con voz quebrada)
-Y ahora... ¿qué se supone que quieres? ¿Qué vuelva a confiar, como si el tiempo no hubiera pasado?
Cristian: (dolido, casi susurrando)
-Quiero que me escuches, aunque sea una vez más.
El aire entre Laura y Cristian era tan denso que casi se podía cortar. Laura estaba temblando, debatiéndose entre la rabia y las ganas de abrazarlo después de tantos años. Cristian, con la mirada clavada en ella, intentaba decir lo que su orgullo le había negado antes.
Cristian: (voz baja, intensa)
-Quiero que me escuches, Laura. No te imaginas cuánto he cargado con esto...
Laura: (mordiéndose el labio, a punto de llorar)
-Y yo tampoco sabes lo que sufrí. No puedes aparecer de repente y pretender que todo encaje.
De pronto, una voz alegre rompió la tensión.
Una chica más alta que Laura de cabello negro,ojos ragados y oscuros ,llegó con confianza y sin miedo a nada
-¡Mi niño! -se acercó por detrás y abrazó a Cristian del brazo, ajena a lo que ocurría-. Adivina qué, mi padre te invitó hoy a mi casa. ¡Va a ser increíble, no puedes decir que no!
Laura se quedó helada,miró a Daniela y luego a Cristian. La sangre le hervía, cada vez más molesta
Laura miró a Cristian clavándole la mirada con determinación
-Vaya... parece que el destino no solo insiste en cruzarnos, también en recordarme que llegué demasiado tarde.
Cristian abre la boca para responder, nervioso, pero Daniela, sin captar el ambiente, se rió y acarició su hombro.
Daniela:
-Ay, perdona, ¿interrumpo algo? Pensé que estabas solo.
Cristian incómodo, intentando zafarse suavemente
-Daniela, yo...
Laura intentaba contener las lágrimas
-No te preocupes, Daniela. No interrumpes nada. Ya me iba.
Laura da media vuelta, con el corazón en la garganta. Cristian extiende una mano como si quisiera detenerla, pero no se atreve. Daniela lo hala del brazo, insistente, mientras él queda atrapado entre dos mundos: el pasado que nunca cerró y el presente que parece condenarlo.
Laura salió del pasillo con pasos rápidos, luchando contra el nudo en la garganta. No quería que nadie la viera llorar, mucho menos Cristian. El aire fresco del patio le golpeó la cara, pero no fue suficiente para calmar el torbellino que tenía dentro.
Se apoyó contra una columna, respirando profundo, y entonces escuchó una voz detrás de ella.
Jose: (con tono suave)
-Sabía que algo no andaba bien... ¿qué pasó allá adentro, Laura?
Ella se giró, sorprendida, y lo encontró con los brazos cruzados, mirándola con una mezcla de preocupación y curiosidad.
Laura: (intentando hacerse la fuerte)
-Nada, Jose. Solo... nada.
Jose: (frunce el ceño, se acerca un poco)
-No me mientas, te conozco. Desde que llegaste a esta escuela siempre intentas poner esa cara dura, pero yo sé cuando algo te duele.
Laura aprieta los labios, evitando su mirada.
Laura:
-No tienes idea, José. No quiero hablar.
José dió un paso más cerca, bajando la voz
-Entonces déjame adivinar. ¿Cristian tiene que ver con esto, cierto?
Laura levanta la cabeza de golpe, como si le hubieran descubierto un secreto.
Laura ya estaba del tema de Cristian y resondió a la defensiva
-¿Y a ti qué más te da?
-Me da, Laura. Me importa lo que te pasa. Y porque...sé más de lo que crees.
Laura lo mira, confundida, con el corazón acelerado.
La tercera clase del día se hacía eterna. Eran cerca de las dos de la tarde y el calor se colaba por las ventanas del aula, haciéndolo todo más pesado. Laura intentaba concentrarse en la voz del profesor, pero su mente estaba en otra parte. Entre Daniela, Cristian y la tensión con Jose, sentía que todo se estaba complicando demasiado.
Cuando finalmente sonó el timbre anunciando el recreo, Laura respiró aliviada y se dirigió hacia las mesas del patio, donde Jose ya la esperaba...
El patio estaba lleno de ruido, risas y charlas por todas partes. Laura caminó hacia la mesa donde Jose ya estaba sentado, acomodándose con naturalidad a su lado.
Daniela, que pasaba cerca con unas amigas, los miró de reojo. No pudo evitar acercarse con una sonrisa medio burlona:
Daniela: -Epa, Jose... ¿ya con novia? -dijo en tono juguetón, pero sus ojos iban directo a Laura.
Editado: 06.08.2026