Un amor inocente

cap 21:El reencuentro

La cafetería estaba llena, pero para Laura y Cristian todo el ruido desapareció.

Cristian: (con voz baja, casi incrédulo)
-Laura... ¿eres tú?

Laura: (respira hondo, sus ojos brillan entre sorpresa y rabia)
-Sí, soy yo. ¿Sorprendido?

Cristian: (da un paso más cerca, sus manos tiemblan un poco)
-Claro que lo estoy... no pensé que volvería a verte aquí, así, de frente.

Laura: (cruza los brazos, tratando de contenerse)
-Ni yo. Pero parece que el destino insiste en cruzarnos... aunque después de tantos años, ¿para qué?

Cristian: (frunce el ceño)
-¿Para qué? Laura, yo nunca te olvidé. No sabes cuántas veces pensé en escribirte, en buscarte...

Laura: (lo interrumpe, con ironía)
-Pero no lo hiciste. Dejaste que el tiempo pasara, que yo siguiera con mil preguntas, con el vacío. Y ahora apareces... como si nada.

Cristian aprieta la mandíbula, herido por sus palabras, pero intenta defenderse.

Cristian:
-No fue tan fácil, Laura. Tú tampoco buscaste. Ambos dejamos que el orgullo hablara.

Laura: (levanta la voz, sin importar las miradas)
-¡Orgullo? ¡Yo te esperé! Te escribí, y fuiste tú quien desapareció. Yo me rompí por dentro mientras tú seguías con tu vida.

Cristian baja la mirada un instante, sus ojos llenos de frustración.

Cristian:
-No me hables como si no hubiera dolido para mí también. ¿Crees que no cargué con eso? ¿Que no pensé en ti cada maldito día?

Un silencio pesado cae entre ellos. Laura respira agitada, con lágrimas que amenazan con caer. Cristian se acerca un poco más, pero ella retrocede.

Laura: (con voz quebrada)
-Y ahora... ¿qué se supone que quieres? ¿Qué vuelva a confiar, como si el tiempo no hubiera pasado?

Cristian: (dolido, casi susurrando)
-Quiero que me escuches, aunque sea una vez más.

El aire entre Laura y Cristian era tan denso que casi se podía cortar. Laura estaba temblando, debatiéndose entre la rabia y las ganas de abrazarlo después de tantos años. Cristian, con la mirada clavada en ella, intentaba decir lo que su orgullo le había negado antes.

Cristian: (voz baja, intensa)
-Quiero que me escuches, Laura. No te imaginas cuánto he cargado con esto...

Laura: (mordiéndose el labio, a punto de llorar)
-Y yo tampoco sabes lo que sufrí. No puedes aparecer de repente y pretender que todo encaje.

De pronto, una voz alegre rompió la tensión.

Daniela: (entrando en escena, sonriente y confiada)
-¡Mi niño! -se acerca por detrás y abraza a Cristian del brazo, ajena a lo que ocurre-. Adivina qué, mi padre te invitó hoy a mi casa. ¡Va a ser increíble, no puedes decir que no!

Laura se queda helada. Mira a Daniela, luego a Cristian. La sangre le hierve.

Laura: (con ironía, clavándole la mirada a Cristian)
-Vaya... parece que el destino no solo insiste en cruzarnos, también en recordarme que llegué demasiado tarde.

Cristian abre la boca para responder, nervioso, pero Daniela, sin captar el ambiente, se ríe y acaricia su hombro.

Daniela:
-Ay, perdona, ¿interrumpo algo? Pensé que estabas solo.

Cristian: (incómodo, intentando zafarse suavemente)
-Daniela, yo...

Laura: (dura, conteniendo las lágrimas)
-No te preocupes, Daniela. No interrumpes nada. Ya me iba.

Laura da media vuelta, con el corazón en la garganta. Cristian extiende una mano como si quisiera detenerla, pero no se atreve. Daniela lo hala del brazo, insistente, mientras él queda atrapado entre dos mundos: el pasado que nunca cerró y el presente que parece condenarlo.

Laura salió del pasillo con pasos rápidos, luchando contra el nudo en la garganta. No quería que nadie la viera llorar, mucho menos Cristian. El aire fresco del patio le golpeó la cara, pero no fue suficiente para calmar el torbellino que tenía dentro.

Se apoyó contra una columna, respirando profundo, y entonces escuchó una voz detrás de ella.

José: (con tono suave)
-Sabía que algo no andaba bien... ¿qué pasó allá adentro, Laura?

Ella se giró, sorprendida, y lo encontró con los brazos cruzados, mirándola con una mezcla de preocupación y curiosidad.

Laura: (intentando hacerse la fuerte)
-Nada, José. Solo... nada.

José: (frunce el ceño, se acerca un poco)
-No me mientas, te conozco. Desde que llegaste a esta escuela siempre intentas poner esa cara dura, pero yo sé cuando algo te duele.

Laura aprieta los labios, evitando su mirada.

Laura:
-No tienes idea, José. No quiero hablar.

José: (da un paso más cerca, bajando la voz)
-Entonces déjame adivinar. ¿Cristian tiene que ver con esto, cierto?

Laura levanta la cabeza de golpe, como si le hubieran descubierto un secreto.

Laura: (a la defensiva)
-¿Y a ti qué más te da?

José: (serio, pero con un dejo de tristeza)
-Me da, Laura. Me importa lo que te pasa. Y porque... (hace una pausa) sé más de lo que crees.

Laura lo mira, confundida, con el corazón acelerado.

La tercera clase del día se hacía eterna. Eran cerca de las dos de la tarde y el calor se colaba por las ventanas del aula, haciéndolo todo más pesado. Laura intentaba concentrarse en la voz del profesor, pero su mente estaba en otra parte. Entre Daniela, Cristian y la tensión con José, sentía que todo se estaba complicando demasiado.

Cuando finalmente sonó el timbre anunciando el recreo, Laura respiró aliviada y se dirigió hacia las mesas del patio, donde José ya la esperaba...
El patio estaba lleno de ruido, risas y charlas por todas partes. Laura caminó hacia la mesa donde José ya estaba sentado, acomodándose con naturalidad a su lado.

Daniela, que pasaba cerca con unas amigas, los miró de reojo. No pudo evitar acercarse con una sonrisa medio burlona:

Daniela: -Epa, José... ¿ya con novia? -dijo en tono juguetón, pero sus ojos iban directo a Laura.

Laura abrió los ojos sorprendida y se quedó en silencio, sin saber qué responder. José se acomodó en la silla, serio, dispuesto a contestar, pero en ese instante una voz interrumpió la escena.




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