Un amor inocente

cap 23

Cristian
Pensé que había aprendido a vivir sin ella.Menti
Bastó volverla a verla para entender que nunca se fue...

Si tan solo le hubiera dicho todo lo que aún siento...
Si no fuera tan explosivo al momento de expresarme, tal vez todo habría sido diferente.
Pero al verla sentí un remolino de emociones imposible de controlar. Y verla con José me cegó por completo.

Las preguntas comenzaron a taladrarme la cabeza.
¿Qué hacía ella con José?
¿Seguía sintiendo algo por mí?
¿O ya había alguien más ocupando el lugar que alguna vez fue mío?

Laura y yo fuimos la parejita del salón.
La historia que todos conocían.
La que parecía infantil, pero que se sentía demasiado real para nuestra edad.
Peleábamos, sí. Decíamos cosas horribles, también.

Pero siempre dejábamos el orgullo de lado. Siempre volvíamos.

Éramos como el fuego y la gasolina: peligrosos juntos, imposibles separados.

Con ella aprendí lo que era amar sin saber cómo hacerlo.
Con ella hice promesas que el tiempo no logró borrar.
Y aunque crecí, aunque cambié, aunque seguí con mi vida... nunca dejé de cargarla conmigo.
Ahora estaba ahí.
Más fuerte. Más distante.
Con una mirada que ya no me buscaba como antes.
Y eso dolía más que cualquier discusión del pasado.
Me di cuenta de que no estaba enojado con ella.
Estaba enojado conmigo.
Por no haber luchado más.
Por no haber explicado.
Por haber dejado que el silencio hiciera lo que yo no supe evitar.
Tal vez nunca la perdí del todo.
Tal vez solo la dejé ir creyendo que el tiempo se encargaría de apagar lo que sentía.
Pero no fue así.
Porque hay personas que no se olvidan.
Que no se reemplazan.
Que no se superan.
Y Laura...
era exactamente eso para mí.




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