El lunes llegó más pesado de lo normal. Laura entró al colegio con Lía y Gabriela, hablando de cosas sin importancia, pero en el fondo estaba nerviosa. No sabía por qué, pero sentía que esa semana iba a traer problemas.
Cuando entró al pasillo, lo primero que vio fue a Daniela. Estaba apoyada en la pared, riéndose fuerte con Cristian, demasiado cerca, como si no existiera espacio entre ellos. Daniela tocaba su brazo mientras le hablaba bajito, y Cristian, aunque no parecía tan interesado, tampoco se apartaba.
Laura tragó saliva, intentando ignorar lo que veía, pero ese nudo en el estómago apareció de nuevo.
-Tranquila... -se dijo a sí misma-. No me va a afectar...
Recreo
En el recreo, el grupo de Laura estaba sentado en una mesa cuando Daniela apareció de la nada, jalando suavemente del brazo de Cristian.
-Hola, chicos -dijo con esa sonrisa fingida que la caracterizaba. Miró directamente a Laura, como buscando pelea-. ¿Verdad, Cristian? Qué lindo cuando alguien sabe cuidarte bien, no como otras personas que solo confunden a los demás.
Cristian se tensó, pero no dijo nada. Laura la miró fijo, pero decidió no responder. Se limitó a bajar la vista a su teléfono, aunque por dentro estaba hirviendo.
José, que estaba a un lado, intervino con calma:
-Ya, Daniela, no empieces. No es el momento.
Daniela le lanzó una mirada molesta y se encogió de hombros.
-Solo decía la verdad, ¿no?
Lía y Gabriela se miraron entre ellas incómodas, mientras el silencio se volvía pesado.
Cristian finalmente habló, en un tono seco:
-Daniela, basta.
Ella fingió una risa nerviosa, pero no ocultó la rabia que le dio que la callara frente a todos.
Después de clases
Cuando la campana sonó, Cristian y José se fueron juntos como siempre, caminando hacia sus casas. El ambiente estaba raro.
Cristian rompió el silencio, con un tono serio:
-Dime la verdad, José... ¿qué pasa entre Laura y tú?
José lo miró de reojo y suspiró.
-No pasa nada que no sepas, Cristian. Solo hablamos, nada más.
Cristian apretó los labios, frustrado.
-No me lo creo... cada vez los veo más juntos. ¿Y yo qué? ¿Acaso tengo que mirar cómo mi primo se queda con la chica que me gusta?
José se detuvo y lo encaró con calma:
-Cristian, escúchame bien. No tienes por qué sentir celos. -Su voz fue firme-. Laura no es una competencia entre nosotros, ni un trofeo. Si te pones así, lo único que lograrás es alejarla más.
Cristian lo miró confundido, pero no respondió enseguida.
-¿Entonces... qué se supone que haga? -preguntó con la voz más baja, casi vulnerable.
-Deja que las cosas fluyan, primo. No intentes forzar nada, porque Laura lo notará... y eso no te ayudará.
El silencio volvió, pero esta vez no era de rabia, sino de pensamientos pesados. Cristian no replicó, aunque sus ojos mostraban que la lucha interna seguía viva.
Editado: 13.03.2026