La casa de José estaba llena de luces, música y risas. El patio vibraba con los reguetones del momento, y el aire olía a pastel recién hecho y comida criolla.
José iba de un lado a otro saludando, mientras Laura, Lia y Gabriela se mantenían cerca, conversando y disfrutando.
-Todo quedó increíble -dijo Laura cuando le entregó el regalo.
-Gracias, Lau, de verdad -contestó José con una sonrisa sincera.
Un rato después llegaron Cristian y Daniela. Ella, vestida de manera llamativa, se pegaba a su brazo como si quisiera marcar territorio.
-¡Primo! -José lo abrazó, y Cristian le devolvió el gesto con calidez.
Daniela sonrió dulcemente:
-Qué lindo todo, José. Seguro será una noche inolvidable.
Entre baile y tensión
La fiesta estaba en su punto. Algunos bailaban en círculo, otros charlaban y se reían a carcajadas. Laura intentaba divertirse, aunque sentía el peso de la mirada de Cristian cada vez que ella estaba cerca de José.
Cristian aprovechó un momento para acercarse a Laura.
-Lau, ¿podemos hablar un segundo?
Ella lo siguió hasta un rincón del patio.
-¿Qué pasa?
-No entiendo por qué ahora José es tan importante para ti -dijo él con un dejo de celos.
Laura lo miró seria.
-Cristian, José es mi amigo. Y yo... necesito a alguien que no me lastime.
Él iba a responder, pero antes de poder hacerlo, Daniela apareció como una sombra.
-¿Interrumpo? -preguntó con una sonrisa venenosa.
Cristian se tensó.
-No, Dani...
Ella lo tomó de la mano y, sin pensarlo demasiado, lo jaló hacia el centro del patio, justo donde todos podían ver.
-¡Vamos a bailar, mi amor! -dijo fuerte, como para que Laura escuchara.
Él titubeó, pero no quiso hacer una escena. Daniela se colgó de su cuello y, en medio del ritmo de la música y las risas de los demás, se inclinó y lo besó con fuerza.
Un silencio incómodo cayó entre varios del grupo que vieron la escena. Lia y Gabriela se miraron sorprendidas. José apretó la mandíbula, intentando disimular su incomodidad. Y Laura... Laura sintió como si el piso le faltara bajo los pies.
Se dio la vuelta y caminó hacia la mesa de bebidas para no mostrar las lágrimas que amenazaban con salir.
Cristian, aún con Daniela pegada a él, alcanzó a ver a Laura alejarse. Su corazón se encogió, pero no se apartó. Daniela, triunfante, lo abrazó más fuerte y susurró cerca de su oído:
-¿Ves? Ella no te va a quitar de mi lado.
Laura intentaba ocultar su tristeza en la mesa de bebidas, jugando con el vaso en sus manos. No quería mirar hacia donde estaban Cristian y Daniela, no quería darle más espacio al dolor.
De pronto, una voz suave la sacó de sus pensamientos.
-¿Estás bien? -era José, que se había acercado preocupado.
Ella forzó una sonrisa.
-Sí, claro. Solo... necesitaba un poco de aire.
José no le creyó, pero no insistió.
-Si quieres, podemos salir un momento al jardín. No tienes que quedarte aquí si no te sientes cómoda.
Laura lo miró agradecida, sus ojos brillando de emoción contenida.
-Gracias, José.
Él asintió y se quedó a su lado, en silencio, ofreciéndole compañía sin presiones. Mientras tanto, la música seguía sonando, las risas llenaban la casa, y en el centro del patio Daniela aún se mostraba feliz, colgada de Cristian.
Pero Laura sabía que esa noche, aunque todos celebraban, su corazón estaba hecho pedazos.
Pasan las horas y ya la fiesta se acabó, todos ya regresaron a sus casas
Editado: 13.03.2026