El recreo estaba encendido, todos alrededor miraban de reojo la tensión que crecía en esa mesa del patio. Laura trataba de ignorar las provocaciones de Cristian y la mirada insistente de Daniela, pero la presión era demasiado.
Cristian lanzó su comentario venenoso:
—Vaya, Laura… primero con mi mejor amigo, después conmigo, luego con mi primo y ahora con Carlos. Me sorprendes.
Carlos, confundido, murmuró:
—¿Primo?
—Sí, yo soy su primo —contestó José, cruzándose de brazos.
Laura, furiosa, se puso de pie.
—¡No hables así de mí, Cristian!
Daniela se levantó también, con los ojos brillando de rabia.
—Ay, por favor, Laura… deja de hacerte la santa. ¡Si todos sabemos que te encanta tenerlos a tus pies!
—¡Cállate, Daniela! —replicó Laura, empujando la mesa con un golpe.
En un segundo, Daniela perdió el control y se lanzó encima de Laura. Ambas cayeron al suelo entre gritos y jalones de cabello. Los demás estudiantes se levantaron de inmediato, algunos grababan con sus celulares, otros gritaban pidiendo que alguien llamara a un profesor.
—¡Suéltame, Daniela! —gritaba Laura, tratando de apartarla.
—¡Eso quisieras! —respondía Daniela, forcejeando.
José reaccionó rápido, sujetando a Daniela por los hombros para separarla.
—¡Basta, Daniela , suéltala ya!
Cristian también se metió, agarrando a Laura por la cintura para levantarla del suelo.
—¡Laura, cálmate!
Pero Laura no era de problemas y aun así no iba a quedarse dada. Forzajeaba contra Cristian para que la soltara, moviéndose con rabia.
—¡Suéltame, Cristian! ¡No me agarres! —le gritaba, intentando zafarse.
Cristian, apretando la mandíbula, murmuró cerca de su oído:
—Te estoy evitando un problema mayor, tranquila.
—¡Yo no necesito que me defiendas! —respondió Laura, con los ojos encendidos.
La escena era un caos: Daniela luchaba contra José que apenas podía contenerla, Laura forcejeaba para apartarse de Cristian y los estudiantes alrededor no dejaban de murmurar y grabar.
Daniela, jadeando, gritó con rabia:
—Esto no se ha terminado, Laura… ¡ya verás!
Laura, apenas liberándose de Cristian, le devolvió la mirada con firmeza:
—Cuando quieras.
El recreo seguía, cargado de tensión y murmullos. Nadie olvidaría esa pelea.
Editado: 13.03.2026