calendario no dejaba lugar a dudas: era 3 de marzo, y el corazón de Laura latía con fuerza al mirar la fecha. Al día siguiente cumpliría quince años.
A pesar de todo lo ocurrido —los celos de Cristian, el beso de Daniela, las peleas en el recreo—, Laura decidió levantarse con una sonrisa.
Ese día no iba a permitir que nada le arruinara la ilusión.
Se vistió con cuidado, recogió su cabello en una coleta alta y bajó a desayunar. Su papá ya estaba en la mesa hojeando el diario.
—Mañana es tu gran día, Laurita —dijo él con una sonrisa cómplice.
—Sí, papá… —respondió ella, con un brillo en los ojos—. Estoy nerviosa, pero feliz.
El hombre la miró con ternura.
—Te mereces un cumpleaños inolvidable.
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En la escuela, el ambiente no era tan sereno. Apenas Laura entró al aula, las miradas se posaron en ella. Lia y Gabriela se acercaron enseguida.
—¡Ya casi es tu cumple, Laurita! —exclamó Gabriela abrazándola fuerte.
—Seguro te ves preciosa con tu vestido —añadió Lia, entusiasmada.
Laura sonrió agradecida. Pero de reojo, no pudo evitar notar que Daniela estaba recargada en su pupitre, cruzada de brazos, observándola con una sonrisa sarcástica. A su lado, Cristian parecía incómodo, mirando hacia otro lado como si no supiera dónde meterse.
Carlos, sentado al fondo, levantó una ceja curioso.
—¿Cumples años mañana? —preguntó, con su acento ligero—. Entonces habrá que celebrarlo bien, ¿no?
Laura soltó una risita tímida.
—Sí… supongo que sí.
El comentario bastó para que Cristian se tensara en su asiento.
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Durante el recreo, Daniela no perdió la oportunidad. Caminó hasta Laura con una sonrisa venenosa.
—Espero que disfrutes mucho tu fiesta mañana, Laura. Pero recuerda algo… —bajó la voz lo suficiente para que solo ella la oyera— Cristian va a estar conmigo, no contigo.
Laura la miró con frialdad, sin responder. No iba a arruinar su ánimo por sus provocaciones.
Sin embargo, Cristian, que había escuchado a medias, frunció el ceño y se acercó de golpe.
—¡Daniela, basta ya! —dijo molesto, pero ella solo le tomó del brazo con fuerza y lo jaló hacia ella, dándole un beso rápido en la mejilla frente a todos.
La escena generó un murmullo entre los estudiantes. José, que estaba a unos metros, observó todo con seriedad.
Laura respiró hondo y se obligó a no dejar que las lágrimas asomaran. “Mañana es mi día, y nadie me lo va a arruinar”, se repitió con fuerza.
Editado: 03.04.2026