Un amor inocente

cap 31: Los quince de Laura

La tarde del 4 de marzo había llegado al fin.
El salón estaba iluminado con luces suaves en tonos blanco y lila, combinadas con cintas brillantes que caían desde el techo como cascadas. Las mesas tenían centros de mesa con flores lilas y blancas, y un enorme cartel en la entrada decía:

"Los 15 años de Laura" ✨.

Laura, en su habitación, se miraba al espejo. El vestido lila largo caía en ondas perfectas hasta el suelo, ceñido en la cintura y con detalles brillantes en el corset. Su cabello estaba recogido en un moño elegante, con algunos mechones sueltos que enmarcaban su rostro.

-Estás preciosa, hija -dijo su papá con orgullo al verla salir.
-Gracias, papá... -susurró Laura con una mezcla de nervios y felicidad.

---vestido de Laura

Cuando Laura llegó al salón, todos los invitados voltearon hacia ella. Sus amigas Lia y Gabriela corrieron a abrazarla.

-¡Pareces una princesa! -dijo Gabriela emocionada.
-Este es tu día, Laurita, disfrútalo -añadió Lia.

Carlos, sentado en una mesa, la observaba con una sonrisa sincera.
-Wow... realmente luces hermosa -le dijo cuando se acercó.

Antes de que Laura pudiera agradecer, notó a lo lejos a Cristian, que había llegado acompañado de Daniela. Él no apartaba la mirada de Laura, aunque trataba de disimular. Daniela, en cambio, lo apretaba del brazo, como marcando territorio.

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Más tarde, cuando llegó el momento del vals, Laura sintió que los nervios le recorrían el cuerpo.
Primero bailó con su papá, después con José, que la miró con cariño.

Cuando le tocó a Cristian, hubo un silencio incómodo. Él extendió la mano y Laura, dudando, la aceptó.

-Estás... muy linda -murmuró Cristian, apenas audible.
-Gracias -respondió ella sin mirarlo directamente.

Los dos giraban al compás de la música, pero la tensión era evidente. Daniela, desde su mesa, los observaba con rabia, apretando los labios.

-Laura... -susurró Cristian, inclinándose un poco hacia ella- lo del otro día... yo...

-No es momento para hablar de eso -lo interrumpió ella con suavidad, pero con firmeza.

Él apretó un poco más su mano, como si no quisiera soltarla.

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La fiesta continuó con risas, fotos y música. Sin embargo, el ambiente estaba cargado: entre las miradas de Daniela, los silencios de Cristian y los gestos atentos de Carlos hacia Laura.

La noche recién comenzaba, pero todos intuían que algo más iba a pasar...

Laura había salido un momento al jardín del salón para tomar aire, ya que todos querían bailar y sacarse fotos con ella. El vestido lila brillaba bajo las luces suaves, y en ese instante Carlos apareció con dos vasos de refresco.

-Toma, seguro lo necesitas -dijo, extendiéndoselo con una sonrisa segura.

Laura dudó un segundo, pero terminó aceptando.
-Gracias... la verdad sí estaba un poco cansada.

Carlos la miró fijamente, sus ojos azules resaltaban bajo la luz del jardín.
-No voy a mentirte, Laura. Te ves hermosa... más que cualquier otra chica que haya conocido.

Ella se sonrojó un poco, bajando la mirada.
-Carlos... es mi cumpleaños, no exageres.

Él dio un paso más cerca.
-No exagero. Estoy siendo sincero. Y creo que mereces que alguien te lo diga sin miedo.

Laura tragó saliva, incómoda pero también sorprendida por la seguridad de sus palabras. Cuando Carlos levantó la mano para apartarle un mechón de cabello, una voz fría y cortante los interrumpió:

-¿Se interrumpe algo? -era Cristian, que había salido al patio y los miraba con el ceño fruncido.

Carlos esbozó una sonrisa burlona.
-Nada que te importe, campeón. Solo estoy felicitando a la cumpleañera.

Cristian se cruzó de brazos, con esa mirada que ya anunciaba tormenta.
-¿Así felicitas tú? Porque parece que intentabas otra cosa.

Carlos soltó una carcajada suave.
-¿Y qué si fuera así? No veo tu nombre escrito en ella.

Laura dio un paso atrás, nerviosa.
-Ya basta, por favor... no quiero discusiones aquí.

Cristian apretó la mandíbula.
-Te lo advierto, Carlos. No intentes pasarte de listo conmigo.

Carlos, lejos de intimidarse, se acercó aún más a Cristian, quedando apenas a un palmo de distancia.
-¿O qué? ¿Vas a ponerte celoso otra vez?

La tensión era palpable, como si en cualquier segundo uno de los dos fuera explotar

Carlos no retrocedió, al contrario, ladeó la cabeza con una sonrisa desafiante.
-Mira que curioso... primero no soportaste que me llevara bien con Laura, ¿y ahora vas a hacer una escena en su fiesta? -bajó la voz, lo suficiente para que Laura igual lo oyera-. Se nota que no aguantas la idea de que alguien más se le acerque.

Cristian lo fulminó con los ojos.
-Eres un imbécil, Carlos.

Carlos rió.
-¿Y tú qué eres? ¿El perro guardián de Laura?

Eso fue la chispa que encendió todo. Cristian lo empujó con fuerza contra la pared del patio. Carlos, sin quedarse atrás, le devolvió el golpe directo al hombro. En un segundo, ambos estaban forcejeando, lanzándose puñetazos y empellones, mientras los vasos en las mesas se caían y varios invitados comenzaban a gritar.

-¡Cristian, ya basta! ¡Carlos, suéltense! -Laura trató de interponerse, pero el ímpetu de ambos la obligó a apartarse. Con el corazón acelerado, comprendió que sola no podría detenerlos.

Corrió de inmediato hacia el interior del salón, abriéndose paso entre la gente.
-¡José! -gritó al ver a su primo cerca de la pista de baile-. ¡Rápido, ven! ¡Cristian y Carlos se están peleando afuera!

José se quedó helado por un segundo, pero al ver la desesperación en el rostro de Laura, salió disparado hacia el patio, apartando a los curiosos que se habían asomado a mirar el escándalo.

Mientras tanto, Cristian y Carlos seguían golpeándose sin medir consecuencias, con la rabia contenida desatándose en cada movimiento.

José llegó corriendo al patio y lo primero que vio fue a Cristian con la camisa desajustada, lanzando un puñetazo directo a Carlos, que apenas alcanzó a cubrirse.




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