El viernes por la tarde tenía ese ambiente eléctrico que solo traen los planes con amigos.
El grupo se encontró en la entrada del cine, entre empujones, gritos y discusiones absurdas.
—¡Terror! —dijo Gabriela, decidida.
—Ni loca —respondió Lia—. Después no duermes y nos culpas.
—Drama —añadió Lia con calma.
—Comedia —intervino José.
—Romántica —dijo Laura, cruzándose de brazos.
Cristian los miró a todos, negando con la cabeza.
—De verdad parecen un circo.
—Elige tú, Rodríguez —dijo Gabriela.
Cristian miró a Laura un segundo más de lo necesario.
—Comedia.
—¡Bien! —dijo Laura, sonriendo.
—Obvio eligió eso —murmuró Gabriela a Lia—. Para quedar bien.
—
La película estuvo llena de risas… aunque no todas eran por la película.
En una escena, Laura se inclinó para decirle algo a Cristian al oído. Él sonrió sin apartar la mirada de ella.
Un par de filas más atrás, Gabriela susurró:
—Míralos… qué empalagosos.
José rió bajo.
—Te da celos.
—¡Claro que no!
—Un poco sí.
—Cállate.
—
Al salir, terminaron en el área de comidas.
Entre papas fritas y refrescos, el ambiente se volvió más relajado… pero también más sincero.
—Ok —dijo Gabriela de pronto—. Juego.
—No —respondió Lia inmediatamente.
—Sí. Cada uno dice su plan a futuro.
—Esto no va a terminar bien —murmuró José.
—Empiezo yo —dijo Gabriela—. Voy a ser alguien importante. No sé cómo, pero todos me van a conocer.
José la miró, apoyando el codo en la mesa.
—Ya destacas bastante.
Gabriela se quedó en silencio un segundo.
—No me coquetees.
—No lo estoy intentando.
—Entonces te sale natural.
José sonrió.
—
—Lia —insistió Gabriela.
Lia suspiró, cerrando su cuaderno.
—Quiero estudiar diseño de moda. En serio.
—¿Tipo pasarelas? —preguntó Laura.
—Tipo París, Milán… ese nivel.
—Wow —dijo Gabriela—. Ok, me gusta tener amigas famosas.
—
—José —dijo Gabriela.
—Negocios… pero quiero algo grande. No aburrido.
—O sea, no como tú —bromeó Gabriela.
—Depende de con quién esté —respondió él, mirándola directo.
Gabriela desvió la mirada.
—Eres imposible.
—
—Laura —dijo Lia suavemente.
Laura dudó, pero esta vez no evitó la pregunta.
—Quiero diseñar joyas… y tener mi propia tienda.
—¿Aquí? —preguntó José.
Laura negó.
—No… en París.
—¿París? —repitió Gabriela—. Ok, reina internacional.
Cristian no dijo nada… pero su expresión cambió apenas.
—
—Te toca —dijo José.
Cristian apoyó los brazos en la mesa.
—Quiero jugar profesional.
—Eso ya lo sabemos —dijo Gabriela.
—No, en serio —añadió él—. Quiero llegar lejos. No quedarme a medias.
Laura lo miraba con atención.
—Y lo voy a lograr.
—
El ambiente cambió un poco.
No incómodo…
Pero más real.
—
Al salir, la noche estaba fresca.
Caminaron en grupo, riendo, empujándose… hasta que todo se dividió sin darse cuenta.
Lia caminaba adelante hablando emocionada.
—Imagínate una colección inspirada en París…
Gabriela asentía… pero no dejaba de mirar de reojo a José.
—¿Qué? —preguntó él.
—Nada.
—Me estás mirando raro.
—Porque estás raro.
—Tú me gustas más cuando me miras así.
Gabriela se quedó callada.
—Idiota —murmuró.
Pero no se alejó.
—
Un poco más atrás, Laura y Cristian caminaban más lento.
—París… —dijo él.
—Sí.
—¿De verdad te irías?
—Si es mi sueño… sí.
Cristian pateó una piedrita.
—Mi programa también puede ser fuera.
—Lo sé.
En ese momento, Carlos pasó cerca con unos amigos del equipo. Al verlos, sonrió de lado.
—Bonita noche —dijo mirando a Laura.
Cristian se tensó al instante.
—Sigue caminando, Carlos.
—Tranquilo, campeón —respondió él con una sonrisa burlona—. Solo saludo.
Laura rodó los ojos.
—Ignóralo.
Pero Cristian no lo hizo del todo.
—Siempre aparece.
—Siempre reaccionas —respondió Laura.
Eso lo hizo quedarse en silencio.
—
Caminaron unos pasos más.
—No me gusta verte con otros —dijo él de repente.
Laura se detuvo.
—Y a mí no me gusta que quieras controlarlo.
Se miraron.
No era una pelea.
Pero tampoco era ligero.
Cristian suspiró.
—Estoy intentando hacerlo mejor.
Laura suavizó un poco su expresión.
—Lo sé.
Un silencio.
—Pero tienes que confiar.
Cristian asintió.
—Estoy aprendiendo.
—
Más adelante, Gabriela tropezó ligeramente y José la sostuvo del brazo.
—Cuidado.
—Estoy bien.
Pero no se soltó enseguida.
—
La noche terminó entre risas, pequeños roces… y emociones que empezaban a ser más difíciles de ocultar.
Editado: 22.04.2026