La semana avanzaba rápido… pero para Laura, todo se sentía distinto.
El taller se había convertido en su lugar favorito.
Ese miércoles, apenas sonó el timbre, ella, Lia y Gabriela casi corrieron hacia el aula de diseño.
—Ok, hoy sí voy a mejorar mi dibujo —dijo Gabriela decidida.
—Tú siempre mejoras —respondió Laura sonriendo.
—Obvio, tiene buenas maestras —añadió Lia guiñando un ojo.
Las tres rieron, entrando juntas.
Taller
La profesora caminaba entre las mesas observando los avances.
—Hoy quiero que desarrollen su diseño anterior —explicó—. Denle identidad, historia… algo que lo haga único.
Laura miró su boceto del collar.
Cerró los ojos un segundo.
París.
Elegancia.
Libertad.
Volvió a dibujar, agregando detalles más finos, más delicados… más ella.
Lia, a su lado, trabajaba en un vestido impresionante, con cortes modernos.
Gabriela las miraba de reojo mientras intentaba mejorar el suyo.
—pss...oye no se me da esto —murmuró y rió
Laura se inclinó hacia ella. —Gabi, esto está mucho mejor.
—Sí —añadió Lia—. Tiene actitud, como tú.
Gabriela sonrió, más segura. —No importa, cuando sean millonaria no me hará falta el trabajo–bromeó
—si ,pero tu nos das clases de actitud y para se segura de si misma —respondieron ambas.
Y sin darse cuenta… estaban creciendo juntas.
Cancha — Tarde
El entrenamiento estaba intenso.
Cristian corría como si necesitara sacar algo de adentro.
—¡Más rápido! —gritó el entrenador.
Él obedecía.
Sin fallar.
Sin detenerse.
En una jugada, esquivó a dos jugadores, giró y lanzó el balón con precisión perfecta.
—¡ESO! —gritó uno de sus compañeros.
El entrenador silbó fuerte.
—¡Rodríguez!
Cristian se acercó, respirando agitado.
—Te lo dije el otro día… —empezó el entrenador—. Tienes talento.
Cristian asintió.
—Si sigues asi ,puedas dar por seguro que la beca en Carolina del Norte es tuya muchacho—añadió
Cristian sonrió. —gracias entrenador
—no es nada chico, me recuerdas mucho a mi de joven —lo miró fijo
Silencio.
—tienes una carrera por delante
Esa palabra quedó resonando.
El grupo estaba reunido.
Lia hablaba sin parar de ideas.
—Te juro que voy a diseñar una colección completa.
—Yo la voy a usar —dijo Gabriela.
—Y yo voy a hacer las joyas —añadió Laura.
José sonrió. —Entonces ya tienen negocio armado.
Gabriela lo miró. —¿Ves? Piensa.
—A veces —respondió él.
Ambos se quedaron mirándose un segundo más… hasta que Lia intervino.
—Ok, ¿soy yo o aquí hay algo?
—¡Lia! —Gabriela se puso roja.
José solo sonrió.
Patio — Después de clases
El ambiente estaba tranquilo. Algunos estudiantes se quedaban hablando, otros se iban a entrenamientos.
Laura, Lia y Gabriela estaban sentadas en una de las mesas, revisando unos bocetos.
—Ok, este vestido es MI FAVORITO —dijo Lia señalando su cuaderno.
—Obvio, está increíble —respondió Laura.
Gabriela iba a decir algo cuando una voz la interrumpió.
—¿Gabriela?
Las tres levantaron la mirada.
Era una chica mayor, con uniforme deportivo.
—Sí… soy yo —respondió Gabriela, confundida.
—El entrenador y la capitana del equipo de porristas quieren hablar contigo —dijo la chica.
—¿Conmigo? —Gabriela abrió los ojos.
—Sí. Ven un momento.
Lia y Laura la miraron como si acabara de pasar algo importante.
—Ve —dijo Laura sonriendo.
—Después nos cuentas TODO —añadió Lia emocionada.
Gabriela se levantó, todavía sin entender nada.
—Si no vuelvo… fue un gusto conocerlas —bromeó.
—¡Drama! —gritaron ambas, riendo.
Cancha
Gabriela llegó un poco nerviosa. El equipo de fútbol estaba entrenando… y a un lado, el grupo de porristas practicaba coreografías.
El entrenador y una chica —la capitana— se acercaron a Gabriela.
—¿Gabriela, verdad? —preguntó la capitana.
—Sí…
—Te hemos visto en la escuela —intervino el entrenador—. Tienes presencia, actitud… y energía.
Gabriela parpadeó, sorprendida. —¿Perdón?
La capitana sonrió. —Queremos que formes parte del equipo de porristas.
Silencio.
—¿Yo? —preguntó Gabriela, señalándose.
—Sí, tú.
Gabriela soltó una pequeña risa nerviosa. —Pero… nunca he hecho eso.
—No necesitamos perfección —respondió la capitana—. Necesitamos actitud. Y tú la tienes.
Gabriela miró hacia la cancha… luego a las porristas… luego otra vez a ellas.
Su corazón empezó a latir más rápido.
—¿Qué dices? —preguntó el entrenador.
Pequeña pausa.
Gabriela sonrió.
—Digo que… sí.
Minutos después
Gabriela regresó casi corriendo al patio.
—¡CHICAS! —gritó desde lejos.
Laura y Lia se levantaron de inmediato.
—¿QUÉ PASÓ? —preguntó Lia.
Gabriela llegó agitada… pero sonriendo.
—Voy a ser porrista.
Silencio.
—¿QUÉ? —gritaron ambas al mismo tiempo.
—¡ME LLAMARON! —dijo emocionada—. Y… acepté.
Lia empezó a saltar. —¡NO LO PUEDO CREER!
Laura la abrazó fuerte. —¡Gabi, esto es increíble!
—¿Te imaginas? —dijo Gabriela entre risas—. Yo ahí… animando partidos…
—Obvio —respondió Lia—. Vas a ser la mejor.
—Siempre lo eres —añadió Laura.
Gabriela las miró, emocionada.
—Gracias… en serio.
Salida
El timbre sonó y los pasillos comenzaron a vaciarse poco a poco.
Laura caminaba hacia la salida cuando sintió la presencia de Cristian a su lado.
—¿Te acompaño? —preguntó él.
—Claro —respondió ella con una leve sonrisa.
Caminaron en silencio unos segundos. No era incómodo… pero tampoco era como antes.
Hasta que Cristian habló.
—Lau… —su voz salió más seria de lo normal.
Laura lo miró.
—¿Qué pasa?
Cristian bajó la mirada un instante, como ordenando lo que iba a decir.
—Yo no quiero alejarme… —empezó— y siento que estamos distintos. Yo sé que estás con tus proyectos y lo respeto… y yo también estoy en los míos. Pero cada día se nos complica más vernos… hablar… ponernos al día.
Laura sintió un pequeño nudo en el pecho.
No lo había dicho en voz alta… pero lo sabía.
—Cris… —respondió con suavidad— sé que estamos bastante distanciados… pero es que estoy muy enfocada en el taller… y tú también con tu entrenamiento.
Hizo una pequeña pausa.
—Y no lo veo mal… al contrario —añadió, mirándolo con sinceridad— me gusta verte así. Ver cómo mejoras cada día… vas a ser un gran futbolista.
Cristian levantó la mirada.
Sus ojos mostraban algo más que orgullo.
Algo que se parecía al miedo.
—¿Y nosotros? —preguntó en voz baja.
Laura no respondió de inmediato.
Porque por primera vez…
No tenía una respuesta clara.
El silencio entre los dos se hizo más largo de lo normal.
Y aunque seguían caminando juntos…
Algo invisible empezaba a crecer entre ellos.
Editado: 22.04.2026