El tiempo empezó a sentirse diferente.
Ya no eran solo días de escuela y risas en el recreo. Ahora había horarios apretados, responsabilidades… y sueños que empezaban a tomar forma real.
Laura
La habitación de Laura estaba llena de bocetos. Hojas por todas partes, lápices, pequeñas piedras decorativas y hasta intentos de pulseras improvisadas.
Ella estaba sentada en el suelo, concentrada, dibujando un diseño con más detalle de lo normal.
No era cualquier dibujo.
Era una colección.
—¿Sigues con eso? —preguntó Sofía desde la puerta, con una sonrisa suave.
Laura levantó la vista. —Sí… quiero hacerlo bien.
Sofía se acercó, tomando uno de los bocetos. —Esto ya está bien, Laura. Está… hermoso.
Laura dudó. —Quiero que sea algo serio.
Edel, que pasaba por el pasillo, se detuvo al escucharla. —Entonces empieza a tratarlo como algo serio.
Laura lo miró.
—Si tu sueño es París —continuó él—, tienes que trabajar como si ya estuvieras allá.
Laura sintió un pequeño nudo en el pecho… pero no de tristeza.
De determinación.
Cristian
El entrenamiento ya no era solo práctica.
Era disciplina.
El campo estaba iluminado por las últimas luces de la tarde. El equipo repetía jugadas, una y otra vez.
—¡Más rápido! —gritó el entrenador.
Cristian tomó el balón, esquivó a un compañero, giró con precisión y avanzó con fuerza. Su respiración era pesada, pero su enfoque… intacto.
—¡Otra vez! —se escuchó.
Y él lo hizo otra vez.
Y otra.
Hasta que el silbato final sonó.
Muchos se fueron.
Él no.
Se quedó, repitiendo movimientos en silencio.
—Te vas a desgastar así —dijo una voz.
Cristian levantó la mirada.
Sus padres estaban ahí.
Carlos apoyado en la reja. Ana con una botella de agua en la mano.
—Solo quiero mejorar —respondió él.
Carlos caminó hacia él. —Mejorar está bien… obsesionarse no.
Cristian apretó el balón. —No es obsesión.
Ana intervino, con suavidad. —Es presión… y es normal.
Cristian bajó la mirada.
—Solo no te olvides de disfrutarlo —añadió ella.
Por un segundo, él no respondió.
Porque en el fondo…
ya no sabía si lo estaba disfrutando o solo persiguiendo algo.
Escuela
El ambiente también había cambiado.
Lía hablaba emocionada sobre un concurso de moda al que quería entrar. Gabriela practicaba pasos de porrista incluso sentada, concentrada.
José la miraba, como siempre… pero ahora era más evidente.
—Te va a ir increíble —le dijo él a Gabriela.
—Más te vale estar ahí animando —respondió ella, sonriendo.
Laura los observó, divertida… pero en silencio.
Estaba más centrada.
Más en lo suyo.
Recreo
Cristian la encontró sentada sola, dibujando.
Se acercó con calma.
—Otra vez aquí, preciosa —dijo, apoyándose a su lado.
Laura sonrió levemente. —Y tú otra vez entrenando como loco.
—Es parte del encanto —respondió él.
Laura negó con la cabeza, divertida.
Cristian miró el cuaderno. —¿Qué es esto?
—Un diseño —respondió ella—. Bueno… varios.
Él observó unos segundos. —Esto ya no es un pasatiempo, ¿verdad?
Laura lo miró. —No.
Cristian asintió, con una pequeña sonrisa. —Me gusta.
—¿Qué cosa?
—Verte así… enfocada.
Laura sintió algo en el pecho.
—Tú también estás distinto —dijo ella.
—¿Mejor o peor?
Laura lo pensó… y sonrió. —Más tú.
Cristian soltó una risa baja.
Por un momento, todo era tranquilo.
Pero no como antes.
Ahora había algo más.
Final del día
Cada uno volvió a su rutina.
Laura, dibujando hasta quedarse dormida sobre su cuaderno.
Cristian, viendo jugadas en su celular, analizando cada error.
Sin mensajes.
Sin llamadas.
Sin tiempo.
Porque crecer no significaba dejar de quererse…
pero sí empezar a tener menos espacio para demostrarlo.
Y aunque ninguno lo decía…
la distancia ya no era solo emocional.
Era tiempo.
Era prioridades.
Era futuro.
Editado: 22.04.2026