Un amor inocente

Capítulo 45:Lo que no se dice

"¿Estás despierta?"
Laura lo leyó dos veces.
"Sí… ¿todo bien?"
La respuesta no tardó:
"¿Podemos vernos mañana?"
Algo en su pecho se tensó.
"Sí… claro."
Al día siguiente
Las horas en el colegio pasaron lentas. Laura apenas prestaba atención. Lia y Gabriela no tardaron en notarlo.
—Estás rara —dijo Lia.
—Seguro es Cristian —añadió Gabriela.
Laura no respondió.

Cristian estaba en las gradas de la cancha, con el balón a su lado. Laura se acercó y se sentó junto a él.
—Llegaste —dijo él, con una leve sonrisa.
—Tú me llamaste —respondió ella.
Silencio.
—¿Qué pasa, Cris?
Cristian respiró hondo. —Ayer… me ofrecieron entrar a un programa deportivo.
Laura se iluminó. —¡Eso es increíble!
Él la miró… pero no sonrió.
—Implica irme.
Laura se quedó quieta. —¿Irte…?
—Sí. No ahora, pero pronto.
Un silencio incómodo se instaló entre ellos.
—Deberías hacerlo —dijo Laura finalmente.
Cristian giró hacia ella, con el ceño fruncido. —¿Eso es todo?
Laura parpadeó. —¿Qué esperabas que dijera?
—No sé… algo más —respondió él, con un tono que empezaba a tensarse—. No un “hazlo” como si nada.
Laura lo miró, molesta. —No es “como si nada”, Cristian. Es tu sueño.
—¿Y nosotros qué? —insistió él.
Laura suspiró, perdiendo la paciencia. —No todo gira alrededor de nosotros, Cris.
Él soltó una risa amarga. —Claro… ahora resulta que soy yo el que está exagerando.
—No dije eso —replicó ella, más firme—. Pero no puedes esperar que te pida que te quedes.
Cristian la miró fijamente. —A veces parece que no te importa.
Eso le dolió.
—¿Cómo puedes decir eso? —respondió Laura, alzando un poco la voz—. Me importa… pero no voy a ser la razón por la que renuncies a algo así.
—No es renunciar —dijo él—. Es decidir.
—Exacto —contestó ella—. Y tú ya sabes lo que quieres.
Cristian apretó los puños. —¿Y tú? ¿Elegirías quedarte por mí?
Laura dudó… solo un segundo.
—No.
El silencio fue inmediato.
Cristian bajó la mirada, asimilando la respuesta.
—Entonces ya está —murmuró—. Supongo que eso dice todo.
Laura frunció el ceño. —No pongas palabras donde no las hay.
—No hace falta —respondió él, seco.
Ella negó con la cabeza. —Siempre haces lo mismo, Cristian. Llevas todo al extremo.
—Y tú siempre haces como si nada te afectara —replicó él.
Eso la hizo tensarse.
—Porque alguien tiene que pensar con la cabeza y no solo con impulsos.
Cristian la miró, herido. —Ah… ¿ahora soy impulsivo?
Laura bajó la voz, pero no retrocedió. —Cuando se trata de esto… sí.
Otro silencio.
Más pesado.
Más real.

—Epa… ¿llegamos en mal momento? —la voz de José rompió el aire.
Gabriela y Lia venían detrás.
Laura se apartó un poco. —No… todo bien.
Cristian también se levantó, pero su expresión había cambiado.
—Sí, todo perfecto —dijo con ironía.
Gabriela miró a ambos, notando la tensión. —Ajá… clarísimo.
Lia decidió cortar el ambiente. —Bueno, basta de drama. Vamos por algo de comer.
José asintió. —Sí, antes de que esto termine peor.
Laura dudó… pero caminó con ellos.
Cristian fue el último en moverse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.