No es solo miedo.
Es esa sensación de que todo está cambiando al mismo tiempo… y no puedo detenerlo
Laura.
Siempre empiezo por ella.
Porque aunque trate de pensar en otra cosa, siempre termino ahí.
En su sonrisa.
En cómo me mira cuando cree que no la estoy viendo.
En cómo, incluso cuando discutimos, sigue siendo el lugar donde quiero estar.
Pero ahora…
no sé si eso va a seguir siendo suficiente.Porque la distancia no es solo física.
Eso es lo que más me asusta.
No es irme.
Es lo que pasa después.
Las llamadas que se vuelven menos.
Los mensajes que tardan más.
Las risas que ya no compartimos.
Las nuevas personas.
Las nuevas vidas.
—
¿Y si dejamos de ser nosotros?
—
Me cuesta admitirlo…
pero tengo miedo de que lo nuestro se apague.
No de golpe.
No con una pelea.
Sino lento.
Como una luz que se va debilitando hasta que un día simplemente… ya no está.
—
Y eso me rompe más que cualquier otra cosa.
—
Porque Laura no es “una más”.
Nunca lo fue.
—
Es la única persona con la que me imaginé todo.
Y ahora…
no sé si ese “todo” cabe en el mismo camino.
—
Y ahí es donde todo se complica.
—
California.
Solo pensar en eso hace que mi pecho se apriete.
Porque debería estar feliz.
Es lo que siempre quise.
Entrenar mejor.
Competir a otro nivel.
Demostrar que puedo lograrlo.
—
Pero cada vez que lo pienso…
también la veo a ella quedándose.
Y yo…
yéndome.
—
Y no sé cómo hacer que eso no nos rompa.
—
También está el fútbol.
Mi sueño.
Mi maldita obsesión.
—
Todo el mundo dice que soy bueno.
Que tengo talento.
Que puedo llegar lejos.
—
Pero nadie habla de lo que pasa en mi cabeza.
—
¿Y si no soy suficiente?
¿Y si allá hay mil mejores que yo?
¿Y si todo esto… no es más que suerte?
—
He construido tanto alrededor de esto…
que fallar no es una opción.
Porque si fallo…
¿qué me queda?
—
¿Quién soy sin el fútbol?
—
Y en medio de todo eso…
también están mis padres.
Ana y Carlos.
—
No estamos mal.
Pero tampoco estamos como antes.
—
Hablamos.
Comemos juntos.
Pero hay cosas que no digo.
Y cosas que ellos no preguntan.
—
Saben que quiero irme.
Saben que es importante para mí.
—
Pero no saben lo que me está costando.
—
No saben que a veces quisiera congelar todo.
Quedarme aquí.
Con Laura.
Con lo conocido.
Con lo seguro.
—
Pero tampoco puedo.
Porque si no lo intento…
me voy a arrepentir toda la vida.
—
Y eso es lo peor.
—
Porque no importa lo que haga…
algo voy a perder.
—
Si me quedo…
pierdo la oportunidad.
Si me voy…
puedo perderla a ella.
—
Y no hay decisión correcta.
Solo decisiones que duelen distinto.
—
Últimamente la he estado alejando.
Lo sé.
—
La miro…
y en vez de acercarme…
me cierro.
—
No porque no la quiera.
Sino porque la quiero demasiado.
—
Porque si me dejo sentir todo lo que siento por ella…
no voy a poder irme.
—
Y necesito hacerlo.
—
Pero cada vez que la lastimo…
me odio un poco más.
—
Porque Laura no merece eso.
No merece mis dudas.
Ni mis silencios.
Ni mis miedos.
—
Merece a alguien que esté seguro.
Que se quede.
Que no tenga que elegir.
—
Y yo…
no soy ese alguien ahora mismo.
—
Tal vez en otra vida…
en otro momento…
—
Pero no ahora.
—
Y eso es lo que más duele.
—
Porque la amo.
—
Y aun así…
puedo terminar perdiéndola.
—
No por falta de amor.
Sino por todo lo que viene después.
—
Y no sé si estoy listo para eso.
Pero el tiempo…
no me está preguntando.
Editado: 13.05.2026