Un amor inocente

Capítulo 52: Elegirse ó elegirnos

Era sábado.
Laura llegó al parque con el pecho apretado.
Hacía frío, pero no tanto como el vacío que llevaba sintiendo desde hacía días.
Cristian ya sabía lo de París.
Ella ya sabía lo de California.
Y quizás eso era lo peor.
Porque ya no había secretos que descubrir.
Solo una verdad imposible de ignorar:
Ambos se estaban yendo.
Cuando lo vio sentado en la banca sintió ganas de correr a abrazarlo, esconderse en su cuello y fingir que nada estaba pasando.
Pero no lo hizo.
Porque las cosas entre ellos ya no estaban bien.
Cristian levantó la mirada apenas ella se acercó.
—Hola.
—Hola…
El silencio fue incómodo.
Frío.
Laura se sentó a cierta distancia de él y sintió cómo el corazón le latía demasiado rápido.
Cristian se veía cansado. Ojeroso. Como si tampoco hubiera podido dormir.
Y eso le dolió.
Porque aunque estuvieran destruyéndose… seguía amándolo muchísimo.
—Te vas el lunes… —dijo ella en voz baja.
Cristian asintió.
—Sí.
Laura tragó saliva.
Tan cerca.
Todo estaba demasiado cerca.
París.
California.
La despedida.
Cristian se pasó una mano por el rostro.
—No quería irme sin hablar contigo.
Laura soltó una pequeña risa amarga.
—Ahora sí quieres hablar.
Él la miró.
—Laura…
—No, en serio. Porque llevamos días alejándonos y parecía que no te importaba arreglar nada.
Cristian frunció el ceño.
—Claro que me importaba.
—Pues no lo parecía.
Laura sentía tantas cosas acumuladas dentro que ya no podía controlarlas.
Tristeza.
Rabia.
Impotencia.
—Me trataste horrible estos días —continuó ella—. Frío. Cortante. Como si yo fuera el problema.
—Porque no sabía qué hacer, Laura.
—¡Pues hablar conmigo! ¡No apartarme!
Cristian se levantó frustrado de la banca.
—¡Tú tampoco hiciste las cosas bien!
Laura también se levantó.
—¿Ah, no?
Él la miró fijo.
—¿Aquí como cuando estabas con Carlos?
Laura abrió los ojos con incredulidad.
—¿Todavía seguimos con eso?
—¡Nunca dejamos de seguir con eso!
—¡Porque no pasó nada!
—¡Pero parecía que sí!
Laura sintió la rabia subirle al pecho.
—¿Y Daniela qué? ¿Eso sí lo olvidamos?
Cristian apretó la mandíbula.
—Daniela no significó nada.
—¡Pero me dolió igual!
La voz de Laura se quebró.
—¿Tú sabes cómo me sentía viéndote con ella? ¿Sintiendo que podía perderte?
Cristian soltó una risa amarga.
—¿Perderte? Laura, yo te estaba perdiendo desde antes.
Eso le dolió.
Muchísimo.
—¿Qué se supone que significa eso?
Cristian respiró hondo, intentando calmarse, pero la frustración le ganaba.
—Significa que desde hace tiempo siento que vamos en direcciones distintas.
Laura sintió lágrimas llenándole los ojos.
—¿Y eso hace que todo lo nuestro deje de valer?
—¡No dije eso!
—¡Entonces deja de actuar como si nuestro amor fuera un problema!
Cristian la miró con impotencia.
—Porque duele, Laura. ¡Claro que duele! Tú en París, yo en California… ¿cómo se supone que hagamos funcionar esto?
—¡Intentándolo!
—¡No quiero una relación donde vivamos esperando llamadas!
Silencio.
Laura sintió el pecho romperse un poco más.
Porque esa frase sonó demasiado definitiva.
—Entonces ya decidiste rendirte… —susurró ella.
—¡No estoy rindiéndome! Estoy siendo realista.
Laura negó con lágrimas cayendo ya sin control.
—No… estás teniendo miedo.
Cristian bajó la mirada unos segundos.
Y eso fue suficiente respuesta.
Laura sintió impotencia.
—¿Sabes qué es lo peor? Que siento que nunca estuviste feliz por mí.
Cristian levantó la cabeza rápido.
—Eso no es cierto.
—¡Sí lo es! Cada vez que hablaba de París parecía que te molestaba.
—¡Porque tenía miedo de perderte!
—¡Y yo tenía miedo de perderme a mí misma!
El silencio cayó entre ambos.
Pesado.
Doloroso.
Cristian tenía los ojos llenos de lágrimas ahora.
—No quiero que terminemos odiándonos.
Laura soltó una risa triste mientras lloraba.
—Entonces no hagas que esto parezca una competencia entre tus sueños y los míos.
Él negó con frustración.
—Nunca entendiste lo mucho que te amo.
Laura lo miró directo a los ojos.
—Y tú nunca entendiste que amar a alguien no significa dejar de crecer.
Las lágrimas seguían cayendo.
Porque ambos tenían razón.
Y al mismo tiempo ninguno sabía cómo salvarlos.
Laura respiró profundo.
—¿Sabes?... tal vez lo nuestro tuvo que haberse quedado en la escuela… yo no tuve que volver a verte ni tú a volverme a hablar… estamos aferrados al “amor bonito de la escuela”, pero ya no somos lo mismo… ni tú vas a dejar tus sueños por mí ni yo por los míos por ti… esto solo fue un amor inocente… cuídate, Cristian.
Cristian sintió un vacío horrible en el pecho.
Quiso detenerla.
Decirle que no se fuera.
Decirle que podían intentarlo.
Pero el orgullo y el miedo pudieron más.
—Sí… cuídate, Laura.
Laura sintió cómo algo dentro de ella se rompía definitivamente.
Y caminó lejos de él.
Mientras Cristian se quedaba parado en medio del parque viendo cómo la persona que más amaba se alejaba otra vez.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.