Cinco años después.
El estadio rugía bajo las luces de California. Miles de personas gritaban el apellido Rodríguez mientras Cristian corría por la cancha con el corazón acelerado y la respiración agitada.
Lo había logrado.
Todo aquello por lo que peleó durante años finalmente estaba frente a él: estadios llenos, entrevistas, reconocimiento y una carrera que apenas comenzaba.
Cuando sonó el pitido final, el público volvió a estallar en gritos. Cristian levantó apenas la mirada hacia las gradas mientras una pequeña sonrisa cansada aparecía en su rostro.
Ahora esa era su vida.
California.
Fútbol.
Éxito.
Y aunque hubo un tiempo en el que pensó que jamás podría superar a Laura… la vida siguió avanzando incluso cuando él no quería.
A veces todavía pensaba en ella.
Pero ya no con dolor.
Solo como alguien que marcó una parte importante de su vida.
A miles de kilómetros de ahí, París brillaba bajo el cielo nocturno.
Laura acomodó cuidadosamente unos anillos dentro de la vitrina principal de la joyería donde trabajaba como aprendiz. Las luces doradas del local iluminaban suavemente su rostro mientras escuchaba villancicos franceses de fondo.
París era todo lo que soñó cuando era niña.
Elegante.
Caótica.
Hermosa.
Y por primera vez en mucho tiempo, sentía que pertenecía allí.
—Bonne nuit, Laura —se despidió una de sus compañeras antes de salir.
Laura sonrió.
—Bonne nuit.
Cerró la tienda unos minutos después y salió a las calles frías de la ciudad con las manos dentro del abrigo. La Torre Eiffel brillaba a lo lejos mientras las personas caminaban entre luces navideñas y cafeterías llenas de vida.
Su teléfono vibró.
Lía había enviado una foto al grupo.
Ella, Gabriela y José estaban reunidos sonriendo frente a una mesa llena de comida navideña.
Laura observó la foto durante unos segundos antes de sonreír con nostalgia y bloquear el teléfono otra vez.
Ya no buscaba noticias de Cristian.
Ya no veía sus partidos.
Ya no esperaba mensajes que nunca llegarían.
Porque había aceptado algo hacía mucho tiempo:
A veces amar a alguien también significaba dejarlo ir.
Y aunque sus caminos tomaron direcciones completamente distintas… ambos habían terminado convirtiéndose exactamente en las personas que soñaban ser cuando tenían dieciséis años.
Solo que ahora, lo hacían separados.
Y tal vez… eso también estaba bien.
Editado: 21.05.2026