Un amor para April

Capítulo 3: April

Aidan y Cian chocan sus autos entre sí, ambos aplauden. Les encanta hacer destrozos y eso es algo que ambos tienen en común.

Arizona me escribe preguntando como están sus hijos y pongo los ojos en blanco.

Mi hermana resultó ser una madre excelente y sobreprotectora a la que su esposo Troy debe convencer para salir sin los niños. Ella pensaba que sería mala madre.

A mí me encanta cuidarlos y verlos crecer. A este punto seré la tía solterona sin hijos y no me quedará opción más que malcriar a mis sobrinos.

Angie, la hija de mi hermana mayor Nebraska, es una niña dulce y tranquila que no causa problemas, la adoro; sin embargo, los gemelos son mi debilidad y es posible porque los vi nacer y estoy viéndolos crecer.

Aidan me señala el plato con las galletas y le doy una, Cian me pide una solo porque su hermano tiene, ya que no es fan de las galletas, él prefiere lo salado.

No debería darle la galleta a Cian sabiendo que terminará en el piso hecho trizas, pero no puedo decirle que no ante esa carita tierna, así que se la entrego con la esperanza que se la dé a su hermano cuando no quiera más.

Aidan se sienta a comer su galleta y mueve el autito y Cian hace lo mismo, solo que no come la galleta, la tiene en su mano.

—Ago. —menciona Aidan.

—Ahora les traigo su jugo.

Me pongo de pie y busco sus vasos con jugo de naranja. Le entrego uno a cada uno y me quedo sentada observándolos mientras juegan y gatean.

Arizona ha querido convencerme para que me hiciera un perfil en una app de citas y saliera con alguien y le dije que no haría eso, aunque podría probar.

Mi experiencia con los hombres ha sido pésima desde que tengo memoria.

Siempre soñé con el hombre ideal, aquel que me hiciera sentir mariposas en el estómago y con quien pudiera formar una familia. Un hombre inteligente, atento, fiel y divertido con quien pudiera hablar de todo.

Mi primer amor fue mi amigo de la secundaria. Mi mejor amigo por el que suspiraba a escondidas y no me atrevía a confesarle mis sentimientos. El mismo amigo que me confesó que era gay durante una fiesta. Ahí murió mi fantasía.

El segundo chico que me gustó fue un chico lindo y popular que también era inteligente y divertido, solo que lo escondía para ser aceptado. Su nombre era Anthony y no creí tener una oportunidad con él  hasta que un día me invitó a salir y dos semanas resultó que yo era una apuesta.

Debí imaginar que uno de los chicos más guapos de la escuela no se fijaría en una pelirroja con pecas, cabello horrible, mal vestida y con braquets cuando podía salir con la guapa rubia del grupo de gimnasia artística.

No perdí mi virginidad hasta que fui a la Universidad y desde entonces quiero olvidar aquel momento porque no fue el más lindo. Yo virgen estando con un chico virgen fue un desastre.

Me he acostado con dos hombres en mi vida, el virgen sin experiencia y uno con el que salí mientras trabajaba en el hotel. Al final me dejó diciendo que no era el tipo de chica con quien quería compartir su vida, yo era joven para él, que me llevaba diez años. En otras palabras, se divirtió conmigo y me dejó. Por suerte no tenía que verlo todo el tiempo y cuando abrimos la posada ya pude librarme de su presencia por completo.

Desde entonces, no he vuelto a salir con nadie, lo he evitado. Siento que cuando el hombre ideal aparezca, lo sabré. No necesito forzar nada ni desesperarme buscando un hombre.

El sonido de la puerta me saca de mis pensamientos. Mis sobrinos siguen en lo mismo. Aidan terminó su galleta y Cian me enseña la suya entera.

—Dásela a tu hermano. Iré a abrir la puerta.

Cian la extiende en dirección a Aidan, quien agarra la galleta mientras su hermano aplaude y bebe jugo.

¿Quién puede ser a esta hora?

Miro por la perilla antes de abrir y me asombro de ver a Max del otro lado. ¿Qué hace aquí?

Si hay un hombre en la vida que no soporto, es a Max.

Arizona siente pena por él tras saber que fue abandonado el día de su boda. Yo no. Es triste, pero no puedes vivir aferrado a ese momento convirtiéndote en un mujeriego adicto al trabajo.

Hay que superar las malas experiencias y quedarse con lo bueno, y cuando no se puede ir al psicólogo.

Por un momento se me pasa por la cabeza dejarlo afuera esperando, pero mi madre me crió bien y termino abriendo la puerta.

Él parpadea y arruga el ceño.

—Imagino que no esperabas verme.

—No, desde luego que no. Eres la última mujer que esperaba y quería ver—pasa sin esperar invitación—. ¿Y Troy? No responde el teléfono y necesito hablar con él.

Diría algo sarcástico si pasara por alto que parece nervioso y alterado.

—Está en una cita con su esposa y dejó el celular para no estar pendiente de este. ¿Qué sucede contigo? Pareces nervioso.

—No, yo estoy genial. —se acerca a la mesa donde están las bebidas, se sirve un coñac y lo bebe de un trago.



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En el texto hay: comedia romantica, romance, padre soltero

Editado: 13.11.2023

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