Un amor para Nebraska

Capítulo 36: Zeke

Salgo de la cama sintiéndome relajado. La noche anterior en casa de mi hermana fue perfecta. Nebraska y ella se han hecho buenas amigas, a Canon le agrada y mi sobrina está encantada con Angie tanto como sus padres.

Hoy me despierto con la emoción de ser padre de una hermosa niña de cuatro años que es una dulzura en forma de niña.

Imaginé en un futuro a Angie diciéndome papá, pero no pensé que lo hiciera ahora y estoy encantado.

Tal vez no la vi nacer, no la tuve en brazos de bebé, ni la acompañé en sus primeros pasos o palabras, pero sé que lo haré a partir de ahora. La veré graduarse de cada nivel escolar, seré protector con ella y los chicos que se le acerquen y el día que se case amenazaré de muerte al bastardo con suerte que si le hace daño a mi pequeña.

Me gustaría tener más hijos y con Nebraska. Ella mencionó no estar en contra de la adopción, lo que me da esperanza que en un futuro, luego de casarnos y establecernos, podamos adoptar un bebé o un niño pequeño que necesite hogar. Mientras tanto, me alcanza con Angie y puedo mimarla a ella.

Me ducho rápido y me cambio de ropa. El padre de Inés vendrá por ella y todavía no le he dicho nada.

Me coloco la remera y reviso el celular encontrando mensajes.

Arizona: Ya me enteré de que eres el nuevo padre de Angie y con eso seré doble grano en el trasero.

Arizona: Tranquilo. Angie me prohibió hacerte daño y tienes suerte que la quiera, así que ve con cuidado.

Sonrío.

Zeke: Prefiero cortarme una pierna antes que lastimar a Angie. La protegeré y amaré con mi vida tanto como a su madre.

Arizona: Eso me gusta. Igual te vigilo, tuga.

No puedo enojarme con Arizona. Es muy protectora con sus hermanas y sobrina, y me gusta, aunque deba soportar que me diga tuga y me amenace en cada oportunidad por haber metido la pata.

Ya verá que no planeo hacerlo de nuevo y que haré hasta lo imposible para hacer feliz a su hermana y sobrina.

Me llega un mensaje del celular de Nebraska, si bien es de Angie.

Nebraska: Mami y yo vamos para allá. Soy yo papi con el lefono de mami.

Zeke: Las espero.

Salgo de la habitación y busco a Inés en la habitación de invitados, ella no está y su bebé tampoco.

Siento el olor a café recién hecho y me dirijo a la cocina donde la encuentro haciendo tocino y huevos. Su hijo no está.

Ella voltea y me tiende la taza de café.

—Buen día. Perdona si anoche te molestó que mi hijo llorara. Estaba muy intranquilo. Ahora duerme en la sala. No lo quise traer a la cocina para evitarle el olor a tocino y que se despierte.

Agarro el café.

—No hay problema. No fue para tanto.

Coloca los huevos y el tocino en un plato para luego extenderlo hacia mí.

—Hice el desayuno. Es una forma de compensar las molestias que te he causado y por haberme acompañado en la comisaría ayer.

—No te hubieras molestado. Suelo desayunar en la oficina.

—Antes te preparaba el desayuno siempre y te insistía para que lo comieras antes de irte.

Apaga la cocina y se sienta a mi lado con su plato en la mano.

—Sí.

—Y tú hacías la cena.

Como el desayuno evitando recordar el pasado. No me interesa revivir nuestra rutina.

—Tu padre vendrá por ti y te llevará a un lugar seguro.

Ella deja caer el tenedor y me observa. Tal vez no debí decírselo tan directamente, pero no soy bueno en muchas cosas, como hablar con una mujer que me gusta o con una ex que no deja de recordar el pasado en común que me incomoda.

Mi hermana tenía razón, estaba ciego.

—¿Le has dicho que venga por mí?

—Sí. No puedes quedarte en mi casa, tarde o temprano tu esposo vendrá a buscarte y no quiero problemas, no por mí, sino por mi novia y nuestra hija. No quiero que se las tome con ellas para dañarme a mí. No puedo correr ese riesgo y tu padre encontró un lugar seguro para ustedes.

Ella se levanta y también lo hago yo.

—Quiero estar contigo, Zeke, contigo me siento segura—se arrima y toma mi brazo—. Mi hijo y yo estamos bien bajo tu protección. Él tendría que ser tu hijo, nuestro.

Intenta tomar mi mano y la aparto con brusquedad poniendo distancia.

—No es mi hijo y nunca lo será, Inés. ¿Qué pretendes? ¿Qué deje a Nebraska para volver contigo? Sabes que no haré eso porque la amo. Tú misma me dijiste ayer que la miré a ella como nunca te miré a ti. Es verdad, estoy enamorado de ella como no lo estuve de ti y ella está en primer lugar.

Ella niega con la cabeza.

—No puedo culparte, yo hice las cosas mal, elegí mal y me hubiera quedado contigo aunque no estuvieras enamorado de mí. Podría arreglar las cosas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.