El silencio en la habitación se volvió denso, casi tangible. Ximena sabía que las barreras que había levantado el Manto de la Luna y el Espejo de Sombras eran solo parches temporales. La verdadera seguridad solo llegaría cuando Lyra dejara de ser una víctima y aceptara su propia naturaleza.
—Cierra los ojos, Lyra —instruyó Ximena, su voz bajando a un registro profundo y aterciopelado—. No busques la magia afuera. Búscala en el vacío que sientes cuando miras el cielo nocturno.
Ximena colocó sus manos sobre las de Lyra. Al principio, solo hubo oscuridad, pero pronto, un pulso rítmico comenzó a vibrar entre ambas. No era un latido de corazón, era el latido de la tierra misma.
De repente, la habitación de la mansión desapareció. Lyra sintió que caía hacia arriba. En su mente, se vio a sí misma en un campo infinito bajo una luna que ocupaba la mitad del firmamento. No era la luna blanca y distante que conocía; era de un plata líquido, vibrante, que emitía un zumbido celestial.
—Recuerda... —susurró una voz que no era la de Ximena, sino una amalgama de miles de voces pasadas.
Imágenes destellaron ante los ojos cerrados de la joven: una cuna de plata, el rostro de una mujer que sonreía con tristeza mientras la entregaba a las sombras para salvarla, y una marca en su propio hombro que comenzó a arder con un frío intenso.
Justo cuando Lyra soltaba un sollozo de reconocimiento, la puerta de la habitación se abrió de golpe. El hechizo de protección de Ximena vibró como una campana golpeada con fuerza.
Axel entró, su respiración agitada y su ropa manchada de hollín. Tras él, el Príncipe Adam caminaba con la mandíbula apretada, sosteniendo un fragmento de cristal oscuro que palpitaba con una luz roja enferma.
—Se acabó el tiempo de la meditación —dijo Adam, su voz cortante—. El desvío de Ximena funcionó, pero solo por un momento. Han enviado "Rastreadores de Sangre".
—¿Tan pronto? —Ximena se puso de pie, su mano yendo instintivamente a la empuñadura de su daga—. El perímetro de Axel debería haberlos retenido.
—No vinieron por tierra —respondió Axel, señalando el cristal—. Ese hechizo de sondeo no era para buscarla... era para marcarla. El cristal que encontramos en el jardín es un ancla. Alguien está intentando abrir un portal de salto directamente dentro de estas paredes.
Lyra se levantó de la cama, temblando pero con una mirada diferente. El breve contacto con su memoria había dejado una chispa de acero en sus ojos.
—No pueden abrirlo —dijo Lyra de repente. Su voz sonaba más firme, casi majestuosa.
Todos se giraron hacia ella.
—¿Cómo lo sabes, Lyra? —preguntó el Príncipe, dando un paso hacia su hermana.
—Porque el ancla... el cristal que tienes en la mano... —Lyra señaló la piedra roja que Adam sostenía— no es para que ellos entren. Es para que yo salga. Me están llamando, y si no detienen esa frecuencia, mis propios pies me llevarán hacia ellos sin que pueda evitarlo.
En ese momento, el cristal en la mano de Adam emitió un chillido agudo. Lyra dio un paso involuntario hacia la ventana, sus pupilas dilatándose hasta cubrir casi todo el iris.
En ese momento Ximena se aproximó cerrando todas las entradas para evitar que ella saltará por la ventana activo su máximo poder. Sus ojos se pusieron de un tono ámbar violeta emitiendo un gruñido.
— No te atrevas a tocarla. — Dijo Ximena con total seguridad. — No escuches nada de lo que dicen.
XImena pensó en algo y lo único que pensó es traspasar el veneno hacia ella, así que solo debía hacerlo para evitar que algo malo ocurriera.
Realizó el hechizo para que aquellas voces fueran para ella en un segundo la princesa lyra está viviendo en si.
— Hermana ¿Estás bien?— Dijo el príncipe.
— Si pero mira ahora es ella.
— Ximena es fuerte ella puede derrotar a las fuerzas.— Comentó Alexis.
El dolor estaba siendo intenso de lo que Ximena sentía pero ella era consciente de que debía proteger a la princesa.
El estaba marcando sus ojos iba lentamente por todo su cuerpo hasta que estaba luchando fue que finalmente lo consiguió.
— ¿Que consigues con eso?
El ambiente en la habitación se volvió gélido. Ximena, con los músculos en tensión y el sudor frío resbalando por su sien, sostenía el peso de la maldición que acababa de arrebatarle a Lyra. El veneno rojo del cristal ya no buscaba a la princesa; ahora recorría las venas de Ximena como lava líquida, marcando su piel con finas líneas oscuras que palpitaban al ritmo de aquel chillido agudo.
—¿Qué consigues con eso? —preguntó una voz distorsionada, que parecía emanar directamente del aire, cargada de una malevolencia antigua.
Ximena apretó los dientes, su mandíbula temblaba por el esfuerzo de no dejar que su mente se quebrara. Miró hacia el vacío, con sus ojos ámbar violeta brillando con una intensidad sobrenatural.
—Tiempo —respondió ella, su voz siendo un hilo de acero—. Consigo que dejes de mirar a la presa... para que empieces a mirar a la cazadora.
Con un movimiento violento, Ximena extendió su mano hacia el cristal que aún sostenía Adam (quien apenas podía mantener el equilibrio ante la presión energética). No intentó destruirlo; hizo algo mucho más peligroso: lo reclamó.
Ximena colapsó de rodillas, pero antes de que Alexis o Adam pudieran tocarla, ella levantó una mano, deteniéndolos. Las marcas oscuras en sus brazos no desaparecieron; se quedaron grabadas como cicatrices de guerra. Había engañado al portal, haciéndole creer que "el objetivo" se había consumido, cerrando la conexión permanentemente.