Un Amor Tan Travieso

Capítulo 6

Habían pasado unos días y Emelina no volvió a hablarle a Sergio, solo se quedaba al lado de Sebastián, pero éste, se sentía incómodo de estar en medio de aquel conflicto, puesto que le quería a ambos.

Un día, mientras Emelina se dirigía al salón Rosales para tomar sus clases de costura con las señoras Fortunato, Sergio la alcanza en el pasillo y súbitamente toma de su brazo para llevarla a un salón, pero ella trataba de zafarse del agarre, dándole pequeños golpes para que le suelte, siendo dificultoso para Sergio llevarla.

— Ya suéltame — decía de manera rabiosa Emelina

— Solo quiero hablar contigo — respondía acongojado Sergio — no quiero estar peleado contigo.

— Y yo no quiero estar cerca de alguien con que no se puede confiar. Pensaba que eras mi amigo

— Pero si lo soy

— Los amigos no hacen eso.

— Bueno, si no quieres ser más mi amiga ¿Qué hago con tu insectario?

— Quédatelo, solo conseguimos 7 insectos nuevos de todos modos

— ¿Ya no quieres ser mi amiga por algo tan tonto como eso?

— Si, porque eres un chico malo, te dije muchas veces que por favor dejes de hacer bromas y poner gusanos en mi cabello, de todas formas, tampoco me gustaba reunirme contigo por ser un pesado.

— Pero ya no lo volveré hacer

— No te creo

Emelina se gira, arremanga las faldas de su vestido y se marcha corriendo para ingresar al salón Rosales.

...
 


Jamal, el mejor amigo de Víctor Fortunato, había ido a cenar esa noche, riendo con todos y recibiendo indirectas de Perla, ya que ambos, tuvieron en el pasado una relación fallida con heridas que aún no sanaban y quizás nunca lo harían.

— Muchacho, ¿Qué pasa? — pregunta Jamal a Sergio, quien estaba cabizbajo — por lo general, tú eres un gran parlanchín.

— Su amiga no le habla — respondía rápidamente Perla

— Ha hecho algunas travesuras y ahora está aprendiendo que esas cosas no son graciosas ¿verdad? — continuaba Amelia, con una mirada en dirección a su hijo.

Sergio no contestaba, cada vez que alguien decía algo, más se hundía en su silla, moviendo con el tenedor una pequeña zanahoria que estaba en su plato, estirando los labios al hacerlo.

— No molesten a mi muchacho — dice Jamal y se dirige a Sergio — ¿te gustaría pasar la noche en mi mansión?... podemos hablar de hombre a hombre.

Inmediatamente Sergio se acomoda en la silla y asentía feliz con la cabeza.

— ¿Puedo? — pregunta Sergio a sus padres

— Claro que sí — contestaba Víctor — tienes que preparar un bolso con tus cosas

Rápidamente Sergio se levanta de la mesa, para dirigirse a su habitación.

— Pero después de que termines de cenar — le dice su madre

— No tengo hambre — responde Sergio y sale corriendo fuera del comedor.

— No deberían dejar que su hijo reciba consejos de este hombre, eso saldrá muy mal — advertía Perla a sus amigos

— Mi querida amiga, los consejos que yo puedo dar, son tal vez los mismos que los de usted. Solo que mis consejos son desinteresados y los suyos... bueno, siempre tienen el objetivo de crear chismes — se burlaba Jamal

— Pero que te has creído, para decirme a "MI" chismosa

— Oh, yo no lo digo, solo lo he escuchado por ahí "Dama de los Secretos". ¿Es verdad que usted también le da recados al Rey sobre quienes no pagan sus impuestos?

Perla estaba a punto de hacer una escena de histeria hasta que interviene Amelia.

— Por favor, ustedes dos... ¿existe alguna posibilidad de que se sienten a la mesa y no se ofensas el uno al otro?

Ya Víctor y Amelia estaban acostumbrados a las peleas de sus amigos, puesto que siempre discutían, pero en la intimidad de una alcoba, ellos se llevaban muy bien. Ambos eran como un matrimonio, en donde existía muchas peleas y a su vez, pasiones desencadenadas que, ninguno de los dos quería admitir.

...
 


Jamal aquella noche charlaba y bromeaba con Sergio, a quien consideraba como al hijo que nunca tuvo. En tanto para Sergio, tío Jamal era su confidente, quien le daba los consejos que él necesitaba escuchar.

— Sebastián dice que yo no sé tratar a las niñas — comenta Sergio, quien estaba vestido con su camisón para dormir, sentado en las múltiples almohadas que estaban en el piso de una sala decorada con hermosas alfombras y múltiples cortinas de colores llamativos de estilo oriental.

— A las mujeres les gusta reír, pero a ellas no les gusta ser el objeto de burlas — respondía Jamal jugando con un pequeño cascabel entre sus dedos que poseía su túnica, mientras estaba recostado encima de las mullidas almohadas

— ¿Cómo puedo hacer para que Emelina deje de estar enfadada?

— Dale un regalo que a ella realmente le guste, con tu arrepentimiento y una promesa.

— Mamá dijo que podría regalarle un arlequín

— ¿Eso le gusta a ella?

— No lo sé, a mi madre le gustan, yo creo que a ella también.

— Pero me habías dicho que le gustaban los insectos como a ti y por eso ahora son agradan. Regalarle uno de tu colección

— Pero el que le gusta a ella, es el más raro que tengo — responde angustiado Sergio

— Le puedes regalar otro. Pero, tendrías más resultado si le obsequias uno que es importante para ti, ella entenderá que tú valoras mucho más su amistad.

Sergio entendía lo que le decía su tío y lo miraba con admiración por ser sabio.

— Quiero ser como tú — decía de forma afectuosa Sergio

— ¿Quieres tener muchas mujeres en casa? — reía Jamal — aún eres muy pequeño para eso

— ¡No!... me refiero a que te admiro tío

— Eso es alargador. Pero espero que no me imites con tener un harén.

— ¿Por qué no?

— Porqué las mujeres son muchos problemas — volvía a reír Jamal

— Si, especialmente con tía Perla

— ¡Ah! Ya tenías que sacar eso. A usted señor no se le pueden dar confianzas para bromear.

Jamal lo abraza por el cuello para hacerle cosquillas al muchacho hasta hacerlo llorar de risa.




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