Un Amor Tan Travieso

Capítulo 19

Ya habían pasado 2 meses desde el compromiso de Emelina y Sebastián. Los preparativos para la boda continuaban, reuniéndose las mujeres para realizar costuras en el salón Rosales como de costumbre, decorando las telas que se usarían en el vestido de bodas de Emelina.

Sergio y Sebastián, pasaban la mayor parte del tiempo con Agustín y Víctor, quienes les enseñaba finanzas, movimientos y coordinación de las minas de carbón, puesto que ellos en el futuro se quedarían a cargo de esta gran empresa, además que ya Agustín deseaba jubilarse y descansar con su amada esposa Celenia.

Don Manuel Calero, cada vez era más presionado por el funcionamiento de la locomotora, puesto que la inauguración cada vez se retrasaba, al no tener los permisos en los terrenos por donde pasarían las vías, haciendo que estuviera poco en casa con su familia.

Por su parte, Sergio además de aprender sobre el mundo de las minas de carbón, se instruía en el manejo del negocio de los barcos y los puertos con Jamal, ya que también se quedaría a cargo de esta compañía y su tiempo libre comenzó a acortarse. Cada tanto, visitaba a la Baronesa, teniendo ya una discreta relación de amantes. Ella le enviaba cartas frecuentemente para tener nuevas citas y la mayoría de las veces Sergio las rechazaba, ya que para él, aquella relación solo era una aventura pasajera y como Petra decía, diversión discreta sin compromisos. Pero en cambio, para la Baronesa, esto se había transformado en algo más, puesto que estaba cautivada con la dulzura y ligera inocencia que le daba la juventud de su amante, y ya a sus 31 años, su corazón ardía por él, imaginándolo a su lado como su esposo y tratando ahora de cambiar su situación de ser solo una aventura pasajera, a ser vista como su prometida, esperando un compromiso con ese apuesto hombre que la mantenía cautivada, pero era difícil, puesto que temía espantarlo al tratar de cambiar las reglas del juego.

Ya Sergio en su interior, había aceptado el compromiso de Emelina y Sebastián, además de resignarse a perder a su amor secreto, puesto que ella se veía feliz y eso estaba bien para él, volviendo a ser los tres como antes del compromiso.

Los tres reían en el salón de juegos de la mansión de Don Agustín, puesto que estaban divertidos con una partida de cartas, bebiendo limonadas.

— Eres pésimo jugando a esto tío — carcajeaba Sergio al entregarle cartas a Sebastián quien estaba perdiendo.

— Solo les dejo ganar a ambos para que no se sientan mal — reía Sebastián

— ¿Ya tres partidas? eres un alma caritativa — bromeaba Emelina

— Claro, porque ya no quieren jugar conmigo al tablero chino

— Es porque es el único juego que has ganado alguna vez. Admítelo tío, eres pésimo — reía Sergio, dándole palmadas en el brazo a Emelina — nunca dejes que apueste dinero, perderán su casa.

— Me pregunto, cuando traerás a la Baronesa a pasar una tarde con nosotros — Sebastián le daba una sonrisa cómplice a su sobrino

— Ya les he dicho que ella es una buena amiga, nada más

— Pero mamá Amelia comentó que ella te escribe cartas de amor a diario y que se presenta con más frecuencia por ahí — continuaba Sebastián con un tono de picardía — ¡Vamos! Que no te de pena el invitarla, estaremos felices de tenerla aquí

— Que no. Solo estas desviando nuestra atención por lo mal perdedor que eres, mira ya cuantas cartas tienes en tu mano — continuaba burlándose Sergio.

Emelina escuchaba la conversación sobre la posible relación de Sergio con la Baronesa de Biada, guardando silencio, esperando que su amigo nunca esté con aquella mujer que le desagradaba tanto.

— Sergio, si aquella mujer te atrae, no debes de negarlo — Emelina trataba de darle apoyo emocional a su amigo, evitando que se le notará su descontento.

— Pero ¿Qué les pasa a ustedes?... ya lo sé, es un complot para hacerme perder — Sergio deja sus cartas sobre la mesa y se levanta para marcharse — creo que dejaremos el juego hasta aquí

— No te enojes, es solo que no entendemos para que sigues ocultando aquella relación — reía Sebastián

— No estoy molesto tío, pero ya es tarde y debo de ir a ver finanzas con tío Jamal — sonreía Sergio, dándole un pellizco suave a Emelina en la mejilla y unas palmadas fuertes en el hombro a Sebastián — aprovechen este tiempo a solas que les dejo para hacer travesuras, antes de que llegue alguna criada para vigilarlos.

Sergio se marcha riendo, cerrando la puerta tras de sí.

Ya todos sabían que él tenía una relación a escondidas con la Baronesa de Biada, este era un secreto a voces. La única persona a quien Sergio le había contado que ellos se visitaban, pero sin profundizar a cuán lejos habían llegado en esa relación, era Emelina, puesto que su amistad seguía siendo llena de confianzas.

— ¿Crees que Sergio desee tener una relación formal con la Baronesa? — preguntaba Emelina a su prometido, bebiendo un poco de limonada

— No lo sé, tú hablas más con él de esas cosas que yo — sonreía Sebastián

— Es que me preocupa. Podría escoger a una mujer mejor o al menos alguien menos antipático

— Ya me has dicho que ella no te agrada, pero nunca se lo digas. Lo mejor es darle la seguridad de que nosotros aceptamos a quien él elija

Emelina da un suspiro y se levanta para mirar por la ventana de aquel salón, puesto que no sabía cómo ser agradable con aquella mujer, si su amigo deseaba desposarla.

Al verla pensativa, Sebastián se aproxima para estar cerca de ella, puesto que se veía hermosa, tomándola por la cintura y elevando su mentón para que le vea.

— Cada vez que te veo así, tan linda, haces que mi corazón enloquezca — susurraba Sebastián al estar cerca de ella.

Emelina se ruboriza al tener a su prometido mirándola con ojos soñadores, agitando su corazón, rodeándolo con sus brazos por el cuello y estirándose suavemente para alcanzarlo, mirando a sus labios que deseaba saborear, uniéndose en un ansiado beso que ambos estaban esperando y que inundaba su pecho de emociones, por ser el primer beso.




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