Un Amor Tan Travieso

Capítulo 30

Loreta se había quedado esa noche en casa de Jamal, para que, por la mañana, ambos fueran a la mansión Fortunato a solicitar empleo para ella.

Al día siguiente, Sebastián se encontraba trabajando con el resto de los varones Fortunato, viendo finanzas y archivando las entregas realizadas, pero cada tanto fallaba en realizar cálculos o en guardar los archivos, lo que retrasaba el trabajo de Sergio, que ahora lo ayudaba a comprobar si lo estaba haciendo bien, puesto que estaba distraído, preguntándose si contrataron a Loreta en su casa.

Cuando Sebastián ya pudo regresar a casa, miraba a la servidumbre de manera discreta, para saber si Loreta estaba entre ellos.

Luego de recorrer los salones, pasar por la cocina y mirar en los establos, Sebastián no era veía en ningún lado y estaba tentado de preguntarle al ama de llaves, si es que habían contratado alguna nueva joven. Ya sin poder soportar la incertidumbre, se dirige a las habitaciones de los criados, para hablar con él ama de llaves, pero no fue necesario hacerlo, ya que, de una de las habitaciones, sale una de las sirvientas, acompañando a la pelirroja que traía consigo sábanas blancas y le daba instrucciones a la recién llegada.

Al ver a Sebastián, ambas muchachas dan una inclinación de cabeza para saludar y continuar con sus labores.

El ver a Loreta, vestida de sirvienta, fue un gran alivio para Sebastián, pero ahora, no podía dejar de pensar en ella y buscarla cada tanto para observarla desde la distancia en aquella gran casa, eso le producía tranquilidad, aunque no pudiera hablar con ella.

...

— ¿Viste algo? — preguntaba nuevamente Jamal

— No ¿Porque tanto secretos?... solo dilo — responde Sergio.

Ya desde hace más de dos semanas, Jamal le comentaba a Sergio que abriera los ojos en casa de Agustín, pero no podía decirlo abiertamente, puesto que prometió guardar el secreto.

— Cabeza dura, te conviene que abras los ojos. Hoy tendrán un almuerzo familiar, mira bien.

— Al menos dime dónde mirar, porque veo el mismo sacado en la escalera de mármol y la horrible gárgola que odia mi madre — respondía ya cansado de ese juego que tenía su tío.

— Que no te puedo explicar más... muchacho necio

Sergio se ríe y se levanta de su asiento.

— Ya me voy, viejo lunático ¿sabes que cada vez te salen más canas?, quedaras calvo si te las sigues arrancando... bueno, eso es parte de la vejez.

— Chiquillo tonto. Solo te estoy ayudando y te está burlando

— Ya me marchó. Pero no te hace bien juntarte tanto con tía Perla, ahora eres un chismoso.

Sergio se marcha riendo de la rabieta que estaba haciendo su tío, para dirigirse hasta la mansión de su padre y cambiarse de ropa, ya que ese fin de semana la familia Fortunato lo pasarían en casa de Agustín.

La reunión familiar, siempre era agradable para todos, Víctor y Amelia les traían buenos recuerdos de su infancia y su amor escondido en aquella amplia mansión, sintiéndose nuevamente como chiquillos. En cuanto que Sebastián y Sergio, volvían a tener sus charlas nocturnas antes de ir a dormir, con esa complicidad que era tan propia de ellos.

A la mañana siguiente, todos deciden hacer un juego de croquet en los jardines, puesto que había un suave sol otoñal, que advertía que esos serían los últimos días soleados, antes del invierno.

Durante aquel juego, Víctor fue el que se percata de la presencia de aquella loba pelirroja que recordaba del burdel. Discretamente golpea con su bastón el codo de su hijo y le hace una seña disimulada para que mire en dirección en donde se encontraban las sirvientas preparando la mesa del té en la terraza.

Sergio mira asombrado a la pelirroja que colocaba unos pastelillos en el centro de la mesa. Pronto enfurece y mira a Sebastián, quien estaba inmerso en el juego y no se había dado cuenta de su mirada. Da un suspiro para controlar su voz y le habla a su abuela.

— Mamá Celenia, esa sirvienta de ahí ¿es nueva?

Inmediatamente Sebastián levanta la vista mirando a Sergio quien apuntaba con su índice a unas criadas que estaban preparando la mesa del té, girándose rápidamente para ver que ahí estaba Loreta, volviendo a girar la vista para ver la mirada interrogante y acusadora que le devolvía Sergio y Víctor.

— Si, llegó hace unas semanas. Es una joven trabajadora — respondía de manera cálida Celenia — ¿Te ha llamado la atención?

— Si, es que es muy bonita ¿No te parece Sebastián? — Sergio decían esto último con un tono burlón.

— Ya dejen eso, que me están desconcertado y esta vez si voy a ganar — reía Amelia, tratando de apuntar su pelota de criquet por los aros.

— Querida, aunque no hablemos, usted no tiene buena puntería — ríe Víctor, para desviar la mirada molesta que le daba su hijo a Sebastián.

Al concluir con el juego, fueron al interior de la mansión para asearse, antes de sentarse en la mesa para merendar.

En uno de los pasillos, Sergio y Víctor esperan a Sebastián, quien salía de una habitación con ropa limpia.

— ¿Desde cuándo está aquí Pequitas? — pregunta de manera seria Sergio

— Solo hace unas semanas — responde sorprendido Sebastián.

— ¿Papá sabe que ella es una loba? — pregunta Víctor a su hermano

— No. Nadie lo sabe...

— ¿Para que la has traído? Te estas involucrando demasiado con esa mujer, siendo que tienes a Emelina — respondía furioso Sergio — Ella es solo una loba que te ha obsesionado, te recomendé que dejarás de pensar en eso.

— Te aseguro que no tengo nada con ella... solo quería ayudarle, porque siento lastima por su situación

— Y eso ¿nos hace suponer que no le eres infiel a Emelina? — continuaba Sergio muy molesto — Ella tiene ilusiones en ti, debes de respetarla, tu obligación es hacerla feliz y no ofrecerle la poca concentración que tienes todo el tiempo.




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