Un Amor Tan Travieso

Capítulo 38

Los Caleros invitaron a la mañana siguiente, exclusivamente a la familia del nuevo prometido de su hija, sin extender esta invitación a Agustín y su hijo, puesto que estaban aún ofendidos con ellos por la ruptura del compromiso.

Sergio se veía radiante de felicidad, pero comienza a dudar al notar que Emelina, tenía un semblante serio y ya no sonreía como antes al verle.

El día estaba soleado, a pesar del frío del invierno, lo que permitía que se pudiera dar un pequeño paseo por los jardines de la mansión Calero. Los nuevos prometidos caminaban más adelante, a una distancia prudente de sus padres, quienes les vigilaban.

Sergio charlaba como de costumbre, haciendo bromas para alegrar a Emelina, quien se notaba decaída y preocupada, mientras caminaban por ese jardín. Ya sin poder aguantar más el estado de ánimo de ella, Sergio decide hablar sobre el compromiso.

— Yo sé que no soy la persona que quieres para este compromiso. Discúlpame por ser insensible. Romper con Sebastián te debe de lastimar — dice Sergio cabizbajo

— No me importa romper con Sebastián, solo me preocupas tú. No entiendo porque aceptaste este compromiso — responde Emelina mirándolo triste

— ¿Por qué no debería de aceptarlo?

— Porqué nos casaremos. Estarás tu vida amarrado a alguien que no quieres...

— Pero, yo te quiero

— El cariño de amigos, no es lo mismo que el amor de pareja. Aun puedes desistir Sergio. No te preocupes por mi, yo estaré bien — sonreía de manera triste Emelina.

— Pero no quiero romper este compromiso — Sergio presionaba sus manos, puesto que estaba nervioso — Tú me atraes Emelina, no como una amiga, sino como mujer... yo... estoy enamorado de ti, desde hace mucho tiempo...

Emelina le miraba con los ojos muy abiertos, casi sin poder creerlo.

— ¿Por qué no me lo dijiste antes?

— No tenía el valor para decírtelo, temía que me rechaces... además que siempre te veías feliz cuando estabas con Sebastián... así que, no quería interferir.

— Pero tu siempre eras coqueto con otras, nunca me disté una señal, pensaba que solo me querías como una amiga, así que decidí enfocar mi atención en Sebastián, porque él era sincero en sus emociones y solo coqueteaba conmigo... me comprometí con él solo porque... — Emelina se detiene al hablar.

— Porqué era la opción segura ¿verdad? — concluye Sergio.

Emelina asentía con la cabeza.

— Eres un tonto. Si tan solo me unieran dado una sola señal de que me querías — Emelina da un suspiro, puesto que estaba agitada — por poco cometo un grave error del cual me habría arrepentido toda mi vida.

— ¿Por qué te arrepentirías? — preguntaba sonriente Sergio con una mirada llena de ternura.

— Porque estoy enamorada de ti... desde siempre. Pero me conformaba con ser tu amiga... suprimí mis sentimientos por ti, ya que pensaba que tú no te fijaría en mi...

Sergio sonreía, controlando su impulso por abrazarla, puesto que sus padres le observaban.

— De ahora en adelante, solo seré coqueto contigo, mi atención eternamente será tuya y mis pensamientos ya te los has llevado, puesto que despierto y duermo pensando en ti. Solo dime ¿Me amas?

Emelina estaba sonrojada y mordía su labio inferior, asintiendo con la cabeza.

— Quiero que lo digas — insistía Sergio sin poder aguantar su emoción que le erizaba el vello de la nuca.

— Te amo, desde que me obsequiaste la Chrysochroa ocellata... y mi corazón enloqueció, el día que me besaste.

— Entonces deberé hacerlo de nuevo, para que por siempre pienses solo en mi y sepas cuanto te amo.

Sergio tomaba una mano de Emelina, pero ella le detiene, dando una mirada discreta en dirección en donde estaban sus padres, pero ellos, no estaban fijando su atención en ellos, puesto que el señor Calero le enseñaba a los padres de Sergio, como había diseñado el hermoso tejado de aquella mansión.

Aprovechando aquella distracción, Sergio arrastra a Emelina rápidamente por el jardín, hasta estar ocultos de la vista de todos, para abrazarla de manera firme y besar aquellos labios con los que soñaba, sintiendo el cálido aliento de Emelina y volviendo a explotar un cúmulo de emociones tan deliciosas que nacían desde su vientre. Nuevamente aquel beso se volvió completamente placentero y ambos querían alargar aquel momento a lo más que se pudiera, puesto que estaban relajados al probar los labios que ahora les pertenecían, ya no como un acto secreto entre los dos.

— Te amo... Oh Emelina, no te imaginas cuanto te amo, te prometo que te haré muy feliz — sonreía Sergio con ojos soñadores

— Ya lo haces, tú me haces muy feliz y ahora más que sé, que soy dueña de tu amor — respondía Emelina con una sonrisa brillante, tomando de las manos de Sergio para besarlas.

Nuevamente Sergio la estrecha base con firmes entre sus brazos para besarla nuevamente, pero Emelina lo aparta rápidamente a una distancia prudente, justo a tiempo, cuando aparecen nuevamente los padres de ambos, charlando y sonriendo al verles.

— Aquí estaban, les perdimos por un instante — reía Amelia al ver a los muchachos.

— Discúlpeme señora Fortunato, solo le estaba enseñando a Sergio, los hermosos rosales de mi madre.

— Pero Emelina, no hay rosas a esta altura del año — decía doña Leona

— Así es, pero Emelina narra muy bien cómo se ven cuando florecen — intervenía Sergio, ofreciéndole el brazo a su prometida para seguir caminando.

Al volver a girarse, dándole la espalda a sus padres para seguir caminando, ambos se miran de forma cómplice y comienzan a reír, tratando de ocultar las carcajadas, como siempre lo hacían cuando realizaban alguna travesura. Les era tan difícil ocultar su felicidad, que incluso se les escapaba por la mirada, contagiando esa alegría a quienes les veían.




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