Un Amor Tan Travieso

Capítulo 40

Ya había pasado más de un mes desde el anuncio del compromiso de Emelina y Sergio. Ambos se visitaban con frecuencia, con charlas que seguían siendo divertidas y llenas de complicidad.

Ahora ellos tenían muchos lugares en donde tener citas, además de la casa de sus padres, también contaban con la casa de tío Jamal, quien siempre les tenía vigilados con varias sirvientas, a lo que Eva solicitaba ya no acompañar a su joven señora cuando visitaban al árabe, puesto que ya había muchas damas haciéndoles compañía y ella sentía que estaba demás.

También se reunían con Sebastián, volviendo a tener sus divertidas reuniones los tres, aunque la pareja, sabía que él tenía intenciones con aquella pelirroja que no dejaba de mirar, pero no tocaban aquel tema, hasta que él esté listo para hablar de ello abiertamente.

Aquella tarde, los novios bebían té en el salón Rosales, mientras las madres de ambos les vigilaban alejado de ellos, charlando sobre la lista de invitados para la ceremonia.

— ¿Tienes lo que te he pedido? — pregunta Sergio

— Si, está bajo mi escote. ¿Para qué quieres un pañuelo perfumado?

— Quiero tener tu aroma conmigo y mejor al saber que ese pañuelo está tocando tu pecho — Sergio sonreía de manera pícara.

Emelina sonreía avergonzada, mientras sentía como sus mejillas se ruborizan.

— Sergio, ¿Has pensado en tener hijos?

— Claro que si. Me gustaría que tengamos muchos hijos, que nuestra familia sea numerosa y nuestro hogar lleno de risas.

— También me gustaría que tengamos muchos hijos, estoy feliz que pienses lo mismo...

— Mi anhelo es hacerte madre — Sergio da un suspiro de alegría — te verás tan hermosa, con varios niños a quien amar.

— Esa será toda una aventura. Saldremos con los pequeños a dar caminatas por el campo y cazaremos insectos, le enseñaremos sobre las ciencias naturales — decía Emelina con mirada ilusionada — Estoy segura que alguno de ellos querrá estudiarlos de manera profesional, siendo un gran hombre de ciencias.

— Pero para tener hijos... ya sabes que debe pasar antes — decía Sergio en voz baja — ¿Me has imaginado alguna vez de esa forma?

— No sé a qué te refieres — bajaba la voz Emelina de forma avergonzada.

— Sabes lo que te estoy preguntando ¿Me imaginas en tu cama, haciendo lo que aquellas parejas en el libro que vimos en casa de tío Jamal?

— Shhh... no hables de eso, pueden escuchar nuestras madres — Emelina mira preocupada a las mujeres que estaban al otro lado del salón —  además ¿para qué quieres saber eso? Acaso ¿tú me imaginas así?

— Todo el tiempo — le daba una sonrisa cariñosa — ya sabes que pienso desde hace mucho en ti. Eso incluye aquellos pensamientos eróticos

— Ah sí... pensabas tanto en mí ¿por eso tenías una relación con la Baronesa? — preguntaba molesta Emelina

— ¿Para qué sacas ese tema ahora?... ya sabes que eso fue pasado

— Porque estoy celosa, odio saber que fuiste de ella

— Esa fue tu culpa, si me hubieras escogido a mi en vez de Sebastián, nunca habría estado con ella... además, deseaba que sintieras celos y veo que lo he logrado

— Detesto a esa mujer, no quiero que le vuelvas a ver.

— Yo también podría decirte lo mismo de Sebastián... no sabes lo duro que fue para mí sonreírles cuando estaban juntos, imaginando que le pertenecerías a él, sin poder hacer nada al respecto.

— Pero lo de Sebastián es distinto. Quiero que sepas que, desde ahora, solo eres mío, de cuerpo y pensamientos.

— Solo soy tuyo. No tienes de que preocuparte ahora, puesto que mi corazón siempre te ha pertenecido y eso es lo que importa — sonreía al ver a Emelina celosa — Pero no has respondido a mi pregunta ¿Me has imaginado así alguna vez?

Emelina volvía a sonrojarse, ya que le provocaba pudor hablar de ello, pero asentía con la cabeza.

— ¿Muchas veces o pocas? — seguía preguntando Sergio, dándole una mirada traviesa

— Varias veces... imagino como será nuestra noche de bodas.

Sergio mordía su labio inferior y presionaba sus puños para contener sus ganas de tocar su mano.

— Será maravilloso — respondía él — me aseguraré de que sea una experiencia placentera, para que logres alcanzar las estrellas conmigo.

— Me gustaría que ya fuera el día de nuestra boda... lo anhelo con todo mi ser, porque quiero ser completamente tuya y que mi cuerpo reciba tu amor

— Desearía poder besarte ahora, hablar de esto a hecho hervir mi sangre — Sergio mira en dirección a sus madres y da un suspiro — desde que estamos comprometidos, hemos estados más vigilados que de costumbre, incluso más que cuando sólo éramos amigos. Pero es mejor así.

— ¿Por qué?

— Porque de tener la oportunidad, te haría mi mujer...

Emelina reía de una manera provocadora.

— Pero, aunque estemos solos, no podemos... debemos esperar hasta el día de nuestra boda.

Ella saca discretamente el pañuelo que tenía en su pecho y lo deja caer al suelo, para que su prometido lo levante.

— Deberás conformarte con aquella prenda por mientras para calmar el fuego que te envuelve

Sergio toma aquel pañuelo y lo acerca a su rostro para aspirar aquel perfume.

— Ni toda el agua de los océanos serán suficiente para calmar este fuego que siento por ti

Ambos reían como siempre lo hacían cuando estaban tramando alguna travesura, mientras sus madres les veían y sonreían, ya que era agradable ver a dos jóvenes enamorados.

— Bendito sean los muchachos — sonreía Doña Leona — debe de estar hablando sobre dulces e inocentes sueños.

— Claro que si, no puedo creer cuanto han crecido. Hace algunos años jugaban a las escondidas y ahora están planificando su boda — respondía Amelia.

— Debo confesar que me alegra verles. Siempre ríen, se nota que se quieren. A diferencian del anterior compromiso de Emelina... aun no entiendo porque habría escogido al Señorito Sebastián, si su amigo más cercano era su hijo señora Fortunato.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.