Un Amor Tan Travieso

Capítulo 44

Sergio y Sebastián salieron de paseo en compañía de sus prometidas, por un mercado de pérgolas muy concurrido, que mostraba los frutos y flores que estaba entregando aquella aromática primavera.

Habían almorzado en un restaurante y ahora daban una caminata, charlando animadamente.

— Estoy segura que a Loreta le gustará ir a ver una obra de teatro — sonreía Emelina, quien caminaba tomada del brazo de Sergio.

— Yo nunca he ido a algo como eso. Quizás sea mejor que no valla, ya que no soy una mujer sofisticada y no entenderé lo que vea — respondía Loreta, quien caminaba cerca de Emelina, y a una distancia prudente de Sebastián para no levantar sospechas de que ellos eran algo más que simples conocidos.

— No hay nada que entender... — reía Sergio.

— Es verdad... solo son personas contando una historia, te puedo asegurar que te encantará — respondía Sebastián

— Si entiendes los poemas que te lee Sebastián, esto será muy sencillo — sonreía Emelina

— Si... Los tediosos poemas de Sebastián — lanza una carcajada Sergio

— Al menos, yo no tengo una habitación llena de alimañas clavadas con agujas — reía Sebastián, para fastidiar a su sobrino — Cambiando de tema. Podríamos comprar algunas frutas, pan, fiambres y realizar un pequeño picnic en el parque real.

Emelina que estaba mirando las flores de uno de los puestos, sonríe de manera alegre.

— Si... me gusta esa idea

— A mí también — sonreía Loreta muy feliz.

— Disculpe que les corte el panorama, pero estamos invitados a tomar el té en casa de tío Jamal ¿lo olvidaste querida? — Sergio le sonreía de manera cariñosa a su prometida.

— Ah, sí... discúlpenme, olvidé que tío Jamal quería vernos — respondía Emelina presionando las manos sobre su vestido, sonrojándose y mordiendo su labio inferior para ocultar su emoción.

— Oh, es una pena... ya que la tarde está fresca y huele a flores en el ambiente — respondía de manera triste Loreta, ya que no deseaba que Sergio y Emelina se marcharan, puesto que lo estaba pasando muy bien al estar todos reunidos.

— Pueden acompañarnos. Ya saben que a tío Jamal le gustan las visitas — decía Sergio, estando seguro que Sebastián se negaría, por tenerle prohibido visitarlo.

— Eso me encantaría. Siento mucha gratitud hacia él, quisiera poder saludarle nuevamente — respondía Loreta.

De un momento a otro, tanto Emelina como Sergio quedaron de piedra, ya que no esperaban esa respuesta.

— Ya sabes que no se me permite visitarlo — respondía Sebastián de manera tierna a su prometida.

— Pero quizás, solo saludarlo y marcharnos — insistía Loreta.

— Podríamos saludar desde la entrada— sonreía Sebastián

— ¡NO! Es mejor no arriesgarse... ya sabes que los cocheros le informan a papá Agustín — decía apresuradamente Sergio

— Lamentablemente es así... creo que en otra oportunidad será

Al decir eso Sebastián, Sergio al igual que Emelina, dan un suspiro de alivio. Ambos se despiden y se marchan apresuradamente, abandonando el mercado.

Sebastián y Loreta siguieron recorriendo aquel mercado por unos minutos más.

Entre la multitud, Loreta distingue a alguien que le hace estremecer y que también le devolvía una mirada sorprendida al verle por ahí.

— Vámonos Sebastián — Loreta toma del brazo de su prometido y lo jala con fuerza.

— ¿Porqué? Compraríamos algunos fiambres para merendar... — respondía de manera distraída Sebastián.

La angustia de Loreta se hace notar, empujando a Sebastián ya con desesperación.

— Ya vámonos por favor... ¡AHORA!

Ambos comienzan a caminar al lugar en donde les esperaba su carruaje, pero la desesperación de Loreta hacia que ambos terminarán corriendo, empujando a algunas personas a su paso, hasta lograr llegar con el cochero y pedirle que se marchar rápidamente.

Ya alejados del mercado, Sebastián toma la mano de su prometida que estaba temblando.

— ¿Qué ha pasado? ¿Viste a alguien que no querías ver?

Loreta no responde, solo miraba un punto fijo, como si su mente ya no se encontrara en aquel lugar.

— ¿Un antiguo cliente? ¿Tú familia?

A pesar de insistir, Loreta no responde. Esto que había ocurrido, confirma la determinación de Sebastián, de abandonar aquella ciudad después de su boda, puesto que siempre el pasado de Loreta los perseguiría de alguna manera.

...

Por una puerta lateral que comunicaba un bello salón de cristal con los jardines, ingresa Sergio con Emelina, puesto que él tenía las llaves de aquella mansión, para ingresar cuando él lo deseara como si fuera su propia casa.

Ambos caminaban sigilosamente, para no encontrarse con alguna criada, pero aquel lugar estaba completamente vacío, llegando rápidamente al dormitorio de Sergio, que habían transformado ahora en su refugio de amor.

Al asegurar aquella puerta, ambos se besaban mientras reían, al no poder la emoción de volver a estar juntos. Como si fuera un juego muy travieso, ambos se desnudaban sin dejar de sonreír, para rápidamente recostarse en aquel reconfortable colchón de esa cama, tomándose y besándose de manera calmada, descubriendo el cuerpo del otro sin pudor, puesto que aquel cuerpo les acompañaría el resto de sus vidas y debían de conocerse bien.

El hacer el amor, nuevamente fue una experiencia mágica para ambos, acompañado del agradable placer que les ofrecía su sexualidad sin miedos.

Al lograr alcanzar las estrellas, Sergio se recuesta a un costado, para no aplastar el cuerpo de Emelina, manteniéndola abrazada y besando uno de sus pechos.

— Me pregunto, si ya llevarás a mi hijo en tu vientre — decía Sergio ilusionado, dando suspiros cada tanto.

— Ay por Dios... espero que no — reía Emelina

— ¿Por qué no? ¿No quiere un hijo mío?

Emelina se acomoda en la cama y mira el rostro sonrojado y agitado de Sergio, que le había dejado el haber hecho el amor, para ahora ella poder acariciarlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.