Un Amor Tan Travieso

Capítulo 55

Durante esa tarde, Víctor le había informado lo ocurrido a Jamal, quien acudió inmediatamente a la mansión Fortunato, para darle su apoyo a Sergio. Él se encontraba en su habitación, acostado en su cama, con un semblante triste y enfermo, acompañado por Sebastián, quien estaba recostado al lado de él, acariciando su cabello, mientras este daba suspiros. Ver a los dos jóvenes de aquella manera, le recordaba a cuando eran niños pequeños, en donde tomaban aquella misma posición para proteger al otro cuando uno era castigado o estaba enfermo.

— Ya me enteré de lo que ocurrió ¿cómo estás? — pregunta Jamal al entrar en la habitación.

— Quiero morir — respondía Sergio dando un suspiro.

— No es para tanto, tú siempre has querido tener muchos hijos...

— Pero con Emelina... esto es muy distinto. Ahora ella me odia...

— Eso no es verdad — aseguraba Sebastián presionando de su hombro.

— Pero ella no dijo nada, solo podía sentir la tristeza que yo le provoque... jamás me perdonaré por todo el daño que le hice — Sergio da un suspiro, cuando siente que las lágrimas querían volver a escaparse.

— Pero Sergio, te explique muchas veces como se podía evitar un embarazo en una mujer ¿Cómo se te ha pasado? — regañaba Jamal con un tono cariñoso.

— Pero si lo hice... fui precavido todas las veces. Es por eso que estoy seguro que no es mío... estoy tan arrepentido de confiar en ella

— Bueno, eso ya no importa de mucho, no le puedes culpar — Jamal se sienta en el borde de la cama y le da palmadas en las piernas de manera cariñosa a Sergio — El despecho te hizo estar con ella en esa oportunidad, pensaste que con eso aliviaría tu pesar, pero al final solo lastimaste a otro corazón.

— Me siento culpable, nunca me di cuenta que Sergio le quería. Confundí mi amistad con Emelina, con amor — respondía de manera triste Sebastián.

— Ya muchachos, si seguimos buscando culpables en todo esto, no terminaremos jamás — dice Jamal riendo y dirigiéndose nuevamente a Sergio — deja de ver lo malo, ese niño que te hará padre, será tu alegría y orgullo. Conocerás otro tipo de amor y con el tiempo, cuando las heridas salen, aprenderás a querer y valorar a su madre.

Por un momento Sergio quedó en silencio, puesto que tío Jamal tenía razón, pero no estaba seguro si está tristeza que sentía, algún día se terminaría.

...

Los Calero tenían una actitud desdeñosa con Sebastián el día en que fue a visitar a su prometida, sacando cada tanto, comentarios desagradables sobre cuanto duraría este compromiso hasta que decidan romperlo nuevamente y esperaban que no fuera cuando ya estén en el altar.

Ya solo quedaba una semana para el día de la boda, y por primera vez, nadie ansiaba que llegara esa fecha.

Los padres de Emelina, le dieron un momento de privacidad a la pareja para que puedan hablar en una banca del jardín, en compañía de algunas sirvientas que le vigilaban.

— ¿Cómo te encuentras? — pregunta Sebastián al ver los ojos tristes de Emelina.

Ella negaba con la cabeza, tratando de evitar llorar, para que sus padres no le vuelvan a regañar.

— Gracias Sebastián por aceptar este compromiso, sé que lo has hecho para ayudarme... estaré eternamente en deuda contigo — Emelina mordía sus labios y presionaba sus labios, ya que necesitaba de consuelo que nadie había querido darle en esa casa.

— No tienes porqué. Yo también te debo mucho, puesto que seremos dos corazones rotos, superando nuestra desdicha juntos

— ¿Cómo esta él? — pregunta Emelina mirando en otra dirección, para ocultar su tristeza.

— Mal, desde el día en que retomamos nuestro compromiso, no se ha levantado de la cama y solo toma agua... lo que más le preocupa, eres tú, teme que le odies

Emelina niega con la cabeza y vuelve a mirar a Sebastián.

— Por favor dile, que nunca podría odiarle, le quiero mucho como para pensar en él con rencor.

— Se lo diré, eso le aliviará en algo...

Los jóvenes seguían charlando bajo la mirada inquisidora que seguían dándole los Calero, pero a ninguno de los dos le importaba, puesto que ya no tenían nada que perder.

...

Pasaron un par de días y ya solo quedaban 5 días para la boda, aquella cuenta regresiva estaba enloqueciendo a Sergio, que ahora ya había dejado de comer, debido a que tenía un nudo en la garganta que le impedía tragar.

La Baronesa de Biada acudió esa tarde para hablar con los Fortunato y establecer la fecha de la boda con Sergio. Se decidió que la celebración se llevaría con la mayor discreción posible, sin invitados, para aplazar los chismes en los círculos sociales que afectarían la imagen del nuevo matrimonio.

Se estableció que la fecha de la boda, sería a la semana siguiente del matrimonio de Emelina y Sebastián. Solo Petra se veía entusiasmada al hablar de ello, puesto que Sergio, no opinaba en nada y dejaba que sus padres y prometida hablen de aquellos asuntos.

Luego de afinar los últimos detalles, los Fortunato les dejaron un momento a solas, para que la pareja pueda charlar. Ambos se quedaron en la terraza del jardín, sentados a la mesa que tenía servido el té con distintos pastelillos, los cuales Petra disfrutaba en probar.

— Cuándo estemos casados, todas las tardes tomaremos el té en el jardín, mientras vemos a nuestro hijo correr y jugar en él — sonreía Petra.

Sergio no respondía, ni siquiera había probado bocado, tenía los hombros encogidos y miraba fijamente la taza de té que tenía delante de él.

— ¿Cómo te gustaría que se llame? Debemos ponernos de acuerdo con respecto a su nombre — Continuaba Petra, tomando de la mano de Sergio para alegrarlo.

— No lo sé... escógelo tú

— Podemos buscar alguno que nos guste a los dos. Además de pensar en, si tendremos más hijos ¿Cuantos crees que podremos tener? Porque a nuestro hijo, debemos darle hermanos — continuaba diciendo Petra hablando sonriente y acariciando la mano de su prometido.




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