Un Amor Tan Travieso

Capítulo 57

Sebastián había acudido temprano esa mañana para visitar a su prometida, puesto que solo quedaban dos días para la boda y los Fortunato se esforzaban por mostrar una buena disposición con los Calero y calmar su creciente enfado, debido a que ya se había corrido los rumores en los círculos sociales sobre el cambio repentino en el compromiso, por las travesuras de Sergio Fortunato que dejaron a la Baronesa de Biada con un embarazo deshonroso.

Los Calero se sentían avergonzados, debido a que su buen nombre estaba involucrado en todos aquellos chismes y que arrastraban a su hija a ser objeto de burlas, así que constantemente los Fortunato, eran los que se preocupaban al completo de los preparativos de la boda, para así dar tranquilidad a aquella familia.

La pareja se encontraba sentados en un sofá de un gran salón que tenía las ventanas abiertas, para que la brisa fresca del verano ingrese a aquella mansión, en compañía de Eva y otras sirvientas que le vigilaban, sin lograr escuchar lo que ellos hablaban.

— Sergio me ha dicho, que no asistirá a la boda — comenta Sebastián mirando a la ventana — dice que eso lo destruiría...

Emelina mordía sus labios y presionaba sus manos, dándole una mirada a Eva que estaba sentada a la distancia, a lo que ella le devolvía la mirada dándole una señal de aprobación.

— Necesito decirte algo importante Sebastián

— ¿Ocurre algo? — pregunta mirando preocupado a la joven que estaba sentada a su lado.

Ella da un suspiro y aclara su garganta, puesto que no sabía cómo dar aquella noticia y era mejor ser directa.

— Estoy embarazada

Aquello deja estupefacto a Sebastián, quien parpadea sin poder creer lo que ha escuchado.

— Tú estás... ¿hace cuánto?

— Cumpliré 3 meses en una semana

— Sergio debe enterarse

— No, no puede saberlo — Suplica Emelina

— Pero el padre es Sergio ¿Verdad?

— Si, lo es. Pero que él lo sepa, complicará aún más las cosas... ya tiene suficientes problemas con la Baronesa...

— Pero Emelina, esto es muy distinto y Sergio merece saberlo. Él hará lo inimaginable para que estén juntos.

— Y por eso no puede enterarse. Mi familia le odia y si se enteran que fui de él, mi padre es capaz de retarlo a un duelo para recuperar su honor... está buscando una oportunidad para hacerlo y descargar su rabia contra los Fortunato.

A pesar de que Sebastián pensaba que algo como eso sería imposible, si era verdad que los Calero y los Fortunato, vivirían por siempre en enemistad, puesto que ya la relación entre ellos era tensa, y al enterarse de algo como esto, todo terminaría en caos.

— Tienes razón, esto solo creará conflicto entre las familias — Sebastián le da una sonrisa cariñosa a Emelina — yo me haré responsable por ese niño, le criaré como si fuera mío.

— No quiero que te sientas con una obligación que no te pertenece, no puedo pedirte que...

Sebastián le detiene para que deje de hablar.

— No es una obligación, yo quiero hacerlo. Sé que para ti esto es difícil y no te dejaré que pases por esto sola, y menos si es el hijo que tanto esperaba Sergio.

Emelina trata de contener el llanto, pero este se le escapaba en lágrimas que mojaba sus mejillas

— Por siempre estaré agradecida, de que seas tan bueno y comprensivo — le regala una cálida sonrisa a su prometido.

— Es solo cuestión de tiempo para que se enteren — dice Sebastián con un dejo de preocupación.

— ¿Por qué?

—  Porque ambos tenemos el cabello oscuro, ¿qué pasará si nace rubio?... Solo estamos aplazando lo inevitable.

— Ya lo sé. Pero algo me dice que debo estar tranquila y que todo saldrá bien.

Sebastián mira en dirección a las sirvientas, quedando un momento en silencio.

— ¿Qué ocurre? — pregunta Emelina

— Es que no lo entiendo... pero, no es nada — sonreía Sebastián.

— Puedes decirme de lo que sea, ya te conté mi mayor secreto, porque tengo plena confianza en ti — sonreía Emelina de manera cariñosa.

— Es que... siempre hemos estado tan vigilados, no logro comprender en que momento pudieron... bueno... tú y Sergio — dice avergonzado Sebastián — Discúlpame, es solo sana curiosidad... olvida eso...

En ese momento Emelina explota en carcajadas, lo que contagia a Sebastián, lanzando sonoras risas que, les sentaron a ambos muy bien, puesto que hace días, ninguno reía.

...

Ya estaba amaneciendo en la mansión de Víctor Fortunato y el silencio es perturbado, por la llegada de Perla y Jamal, en compañía de dos mujeres.

Súbitamente, Perla ingresa a la habitación de Sergio, quien estaba durmiendo en su cama y lo sacude desde el hombro para que despierte.

— Vamos abajo en la sala, te tengo una sorpresa — responde feliz Perla.

— ¿Qué pasó? — pregunta adormilado Sergio

— Tengo las respuestas que estabas buscando

Diciendo esto Perla camina en dirección a la puerta.

Lo que escuchó Sergio, lo hizo saltar de la cama y correr al lado de su tía, pero ella lo detiene.

— Ay niño, ve a vestirte, no hablaras con esas mujeres en camisón — reía Perla al ver la alegría que se dibujaba en el rostro del muchacho.

Pasado unos minutos, ya estaban reunidos en el salón Sergio y sus padres, mirando interrogante a dos mujeres que estaban sentadas en un sofá, ambas de cabello rubio y nariz achatada, que debían de ser madre e hija. Impresionaba al ver que la menor, tenía un notorio embarazo.

Jamal y Perla, comienzan a contar todo lo que hicieron para dar con estas dos mujeres y la historia de ellas.

Madre e hija provenían de Inglaterra y no hablaban nada más que inglés. Su condición en su país era precaria y vivían de lo que les daba la venta de flores en verano y astillas en invierno, lo que les hacía bordear en la indigencia. Ellas habían solicitado ayuda a las monjas del convento de Sant Bartomeu, cuando la joven quedó en cinta, puesto que el padre la abandonó al enterarse de su condición. En el convento le daban alimentos y le ayudarían en la fecha del parto, además de quedarse con aquel niño para darlo en adopción. Cuando la Baronesa de Biada las contacta, después de buscar a mujeres que tuvieran más de 5 meses de embarazo y que fueran rubias, ella le ofrece un acuerdo en la que les daría una pequeña casa y una pensión, para que las mujeres puedan vivir a las afuera de la ciudad, a cambio del pequeño y su discreción con ese tema.




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