Un ángel cayó

Capítulo 6

Era sábado, ese día, ni Alam ni Valeria trabajaban y a como lo habían planeado días antes, ese sábado, iban rumbo a la nueva residencia de la humana sin luz en sus ojos. Alma ya había desempacado sus cosas que no eran muchas, por lo tanto, no tardó. Estaba con su enfermera privada con la que había hablado un poco de todo para conocerse mejor y así, la convivencia fuera buena; la humana también había hablado algo, con la que se encargaba del aseo y también, la misma mujer, cocinaba y en ese momento, estaba preparando unos bocadillos antes de irse a casa, ya que era sábado y su salida era temprano.

—Hola —saludó, el ángel oscuro.

Acababa de llegar y aunque no debía, tenía llaves de aquel piso, entró y luego de saludar a las mujeres que cuidaban de su humana, se sentó al lado de ella. Sentía tantas cosas por aquella joven que no podría explicarlo si quisiera hacerlo. Suspiraba mirando su rostro que estaba algo apagado, pero con una mejor expresión que el día en que la miró por primera vez, sin vista.

—No… no te esperaba, lo siento… no es que me moleste, pero no esperaba verte —dijo, tartamudeando un poco —. "Verte" —se burló de ella misma —, ya no veo, es decir, no esperaba tu visita.

—Bueno, las chicas ya se van y te cuidare hoy y mañana, hasta el lunes que la enfermera regrese —el, podría contratar a otra, para que trabaje los fines de semana, pero decidió de que lo haría él, con la excusa de que era su médico y para las noches, no contrato a nadie, porque Alma insistió en que no era necesario —. Y tú juro que pronto, volverás a ver; pronto me verás.

—Bueno, valoro tu entrega a tu trabajo pero te juro que puedo sola, viví sola durante varios meses, puedo seguirlo haciendo.

—Se que puedes sola —dijo, con seguridad, cosa que le provocó una sonrisa a la humana —. Pero créeme, quiero estar aquí.

—Deben de ser mis amigos —dijo, sonriendo Alma, en cuanto se escuchó sonar la puerta, ruido que interrumpió el mínimo sentimiento mutuo que la humana estaba sintiendo con el desterrado.

El demonio se alejó un poco de la humana para no dar mala impresión a los que llegaban y que si podían ver, la manera de protección y amor en que la miraba. Alma se puso de pie para recibir a sus amigos, como siempre, abrazo a Valeria, mientras que Alam se limitó a darle un par de besos en las mejillas, cosa que por alguna razón, al demonio no le había gustado, ya que sentía el interés que el joven tenía para con la humana.

—Él es mi médico —presentó al demonio.

—¡Guau! Es… parece actor de esas series de medicina —sonrió Valeria, quien miraba lo atractivo que era el hombre que estaba frente a ellas.

Alam se apresuró a saludar al demonio; el joven se presentó sonriendo. Luego, sintiéndose algo incómodos, se incorporaron con Alma para hablar cosas triviales mientras que el joven intentaba acercarse cada vez más, a la dulce chica, cosa que al demonio no le gustaba pero lo soportaba. Daniel, para no estar ahí, porque sabía que los jóvenes se sentían incómodos con su presencia, pidió disculpas, con la excusa de fumar en la terraza, excusa que tomó muy a pecho, ya que al salir y sentarse en el sofá de la terraza, saco un cigarro y comenzó a fumar, bajo la atenta mirada de la luna que sentía compasión de él.

—Él no merece estar solo —dijo Selene, observándolo desde el Olimpo.

—Y para que quieres que sea uno de los nuestros, ¿para darle una elegida equivocada? ¿Una humana? —le reclamó Hades, recordándole todos lo errores que la diosa luna había cometido.

—Él esta enamorado de una humana, podría ser ella —soluciono Selene ignorando que la ángel, se había enamorado de él.

—Y la humana de él, ¿lo está? —cuestionó Hades.

—No sabes como te odio —renegó Luna quien se desapareció del Olimpo para aparecer en la habitación de la ángel de luz que intentaba salvar el alma del demonio que no lo era, pero se sentía un demonio, aunque fuera un ángel que el dolor lo oscureció.

—Diosa Luna —dijo emocionada y sonriendo Solange al ver que su cuarto estaba inundado con la dulzura del rostro de Selene.

—Hola, linda —saludó Selene sentándose en el borde de la cama de la ángel —. Zeus quiere al ángel que Dios del cielo, desterró, ese dios —rio con ironía —,  destierra a los mejores; a los más buenos y bondadosos.

—He escuchado decir a mi padre, que "Dios" cuando se entera que el Olimpo reclama a los angeles caídos, él los hace humo —comentó la ángel con un ápice de tristeza.

—Si —suspiro, Selene —, sucede cuando los ángeles son tan oscuros que parecen demonios o se creen demonios.

—Daniel, esta oscuro, demasiado y no quiero ni verme —confeso.

En ese momento Selene se dio cuenta de que aquella ángel de luz, estaba desesperadamente enamorada del demonio y eso era malo y mucho, porque Daniel estaba amando a la humana.

—Siento que estas enamorada —sonrió Selene con ternura —, ¿lo quieres como elegido? Aún no te busco elegido —propuso, como siempre, buscándose enredos y problemas con sus uniones erróneas.

Solange no sabía que decir, no quería quedarse sin elegido y Daniel si no aceptaba a los dioses, pronto moriría ya que mientras que él no los aceptara, los dioses por más que quisieran, no podían protegerlo. Dolería demasiado perder a un elegido, así que luego de pensarlo, negó.



#2733 en Novela romántica
#564 en Fantasía
#84 en Magia

En el texto hay: fantasia, angeles, amor dolor

Editado: 30.01.2023

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.