Un ángel cayó

Capítulo 13

El ángel  sutilmente abrazó a la humana que tenía un fuerte dolor, era normal, debía doler pero eso no quitaba lo desesperante que era. Daniel personalmente la llevó hasta la habitación donde fue recibida por sus amigos, Alma no cabía de la felicidad de ver ahí, a su única y mejor amiga; también se sentía enamorada de ver a Alan frente a ella, realmente le gustaba, le parecía atractivo y como persona, maravilloso.

—Me duele mucho —se quejó.

—Es que, debes descansar —sugirió el médico —, no quise interrumpir el encuentro pero debes descansar.

Todos al escuchar aquello, le dieron espacio. Se sentaron en el sillón, mientras las enfermeras le ponen medicamentos para el dolor y antibióticos. Pronto sentiría sueño, mientras tanto, estaba sonriendo sin apartar la mirada de sus amigos y de su cirujano. No entendía la razón, pero estaba segura de que con ella, no se portaba de la misma manera que con los demás pacientes, él la hacía sentir especial.

—Va a dormir bastante, el dolor es fuerte —informó el médico —, por ello, los medicamentos también; también se despertará con dolor, es bueno que le duela, es un buen síntoma, es normal y se lo tendrá que aguantar ya que no podemos ponerle más medicamento de lo debido. Cualquier cosa, llamen a los enfermeros, yo iré a trabajar.

—Gracias, doctor —dijeron los jóvenes al unísono.

El ángel caído, se marchó. Debía ir a visitar a otros pacientes antes de ir a casa, no planeaba alejarse de la humana por mucho tiempo, pero admitía que necesitaba una buena ducha y un cambio de ropa.

Había pasado por cada habitación y camilla, visitando a sus pacientes, era la única visita que hacía durante el día, para los que no eran emergencia y ya no aguantaba, quería un baño. Era fácil usar sus poderes pero después de ser desterrado, decidió utilizar sus poderes para empezar de nuevo y luego de eso, no quiso usarlos más para su propia convencía sino que para hacerle la guerra al "gran yo soy" de los cielos como se hacía llamar, usaba los poderes únicamente para salvar vida a las que ese dios, ya les había puesto la sentencia de muerte, tal como había sucedido con su hermosa humana.

—Te veo preocupado —observó, Sabrina.

—Es que no quisiera irme a casa, pero necesito un baño y un cambio de ropa —suspiro, mientras jugaba con el lápiz que tenía entre sus dedos y Sabrina acomodaba unos papeles en un estante color marrón que estaba al lado del escritorio del cirujano.

Ella dejó de hacer lo que estaba haciendo y se sentó frente a su jefe. Sonrió con burla y éste, se sentía confundido por la manera en que ella lo miraba.

—¿Qué?

—Ahí, tienes un baño, con una gran ducha —señaló.

El desterrado ocupaba casi todos los días esa ducha, pero no tenía ropa, puesto que el día anterior se llenó de sangre en una emergencia y tuvo que usar el pijama de médico que tenía extra.

—¡Aja! Señorita sabelotodo, no tengo pijama.

—Tranquilo, yo iré a ver a señor gato, le doy de comer, lo saludo y te busco pijama.

Sonriendo por la dicha de tener a alguien como ella, el desterrado sacó sus llaves del bolsillo y se las dio a la secretaria.

—Tomate tu tiempo, yo debo platicar con el señor gato.

—Le dices que lo amo —gritó, puesto que Sabrina ya iba saliendo de la oficina.

Entró al baño, se quitó aquella ropa sucia, salpicada por una que otra gota de diferentes secreciones por la larga cirugía que había tenido. Siempre se salpicaba de uno que otra secreción de los tumores, de sangre o líquidos con los que limpiaban a los pacientes. En cuanto le cayó el agua por los hombros, exhaló sintiéndose descansado. Mientras se duchaba, pensaba en que quería compensar a Sabrina por todo lo que había hecho por él. Gracias a la humana, se dio cuenta de que su secretaria era una amiga que le había brindado muchas cosas sin que él lo pidiera, ni lo mereciera y todo era tan natural, que no se habría dado cuenta de aquella amistad, si no hubiera sido por Alma que se lo hizo ver. No sabía cómo darle un regalo; pensó en dinero, pero él dinero era demasiado común, así que decidió que esperaría a que la ángel de luz se le apareciera para pedirle un consejo.

Sabrina entró al piso e inmediatamente gato, la saludo de una manera eufórica,  provocando sonrisas a la humana.

—Ven, te daré comida porque tu dueño no vendrá; está enamorado y yo estoy feliz por él.

Por alguna razón que se desconocía, Sabrina sentía que aquel gato comprendía lo que decía. Sonrió al sentirse loca por lo que estaba pensando, ya que era imposible que un gato la comprendiera. Le dio de comer, busco la ropa del jefe y se marchó, no sin antes acariciar a gato y decirle adiós.

—¡Ay! Duele —se quejó la humana, los amigos que aún seguían ahí, se levantaron y se acercaron a ella —. Duele mucho, llamen a alguien.

—No, no —negó Valeria —. Dijo Daniel que era normal y que también era un buen síntoma.

—Pero me duele mucho.

—Solo, aguanta un poco, dentro de unas horas vendrán a ponerte más medicamento —la consoló, Alan, o al menos intento que lo que dijo, fuera consuelo.

Mientras Alma se quejaba por el dolor, los amigos se acercaron a ella, uno estaba a cada extremo, tanto Alan como Valeria, le acarician las manos, como si eso fuera a aliviar el dolor pero era una forma de decirle que a ellos también les dolía el alma, verla así.



#2731 en Novela romántica
#561 en Fantasía
#84 en Magia

En el texto hay: fantasia, angeles, amor dolor

Editado: 30.01.2023

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.