Un ángel cayó

Capítulo 21

Al día siguiente, por la mañana, el trabajo de Sabrina no fue fácil, ya que tuvo que cancelar muchas citas y cirugías programadas con las excusas de que el cirujano había caído en una crisis de salud muy delicada pero lo cierto era, que no sabía nada de él, porque no respondía el móvil, pero como una verdadera lideresa que era, tomó las riendas del barco e intentaba que todo marchara bien, sin embargo, la gente se quería operar solo con él, aun cuando tenían un buen equipo neurológico.

El desterrado, llegó al piso donde había vivido la humana, ya se encontraba vacío, solo quedó aquel olor a su perfume.

Solange se apareció, era inevitable no estar junto a él, cuando sentía aquel inmenso dolor por el que él estaba pasando. Lo encontró envuelto en una aura oscura que al desterrado le impedía ver a Solange, solo sentía la presencia y escuchaba su voz.

—¿Por qué no puedo verte? ¿ estoy ciego? —pregunto confundido, porque podía ver perfectamente pero a ella no.

—Estas muy oscuro, estás peor que a como te encontré —informó la joven acercándose a él, pensando en que desearía que su papá supiera por todo lo difícil que estaba pasando con aquel Ángel caído, pero no podía salir corriendo, darse por vencida y dejarlo solo, eso jamás lo haría.

—Está muriendo —se escuchó la magnífica voz de Selene—. Su alma se desvanece poco a poco, al cabo de tres días o a más tardar cinco, él ya no existirá.

Solange miraba a Selene igual de preocupada de lo que estaba ella, solo el desterrado no las miraba, con costo escucha débilmente sus voces.

—Dime que puedo hacer para salvarle el alma y que de una vez sea parte del Olimpo, debe… tiene que haber algo —Solange estaba llorando con desesperación.

—Ponerle unas alas de una Ángel de luz, con una luz inconmensurable e incandescente, lo pondría limpio y lo aceptaría sin necesidad de llevarlo ante el consejo —informó la diosa luna.

Solange miró sus hermosas alas, eran brillantes, llenas de luz pero al ver sufrir al desterrado, supo que sus alas estarían mejor con él, ella sufriría pero se recuperaría.

—Toma mis alas y salva su vida —pidió—. Hazlo ya, no soporto verlo así.

—¿Si quieres pensarlo bien?  Nos queda tiempo, podrías irte y pensarla un día más —propuso la diosa.

—No, no lo dejaré aquí sufriendo, toma mis alas.

Selene, con ambas manos y sin dormir a la jovencita, arrancó sus alas. Ella por su parte se partía del dolor, sintió como cada hilo se desprendía de su piel; sentía como aquellas heridas sangraban y estaban abiertas; sentía un ardor que comenzaba donde habían estado sus alas y se expandía por todo el cuerpo. Selene puso aquellas alas en el desterrado quien gritaba para que le fuera devuelta a la joven, pero ya la decisión estaba tomada; ya las alas estaban arrancadas.

—Prefiero morir yo, no le hagas esto a ella —gritaba, porque aunque no las mirara, sentía aquel dolor que inundaba todo el piso.

—Ya está hecho —dijo Selene, poniéndole aquellas alas sin que él lo pudiera detener.

Inmediatamente Daniel cayó desmayado mientras que poco a poco la luz de las alas vencían las tinieblas. Solange estaba gritando en medio de un charco de sangre, Selene sentía pena por ella, sabía que aquello iba a suceder así que guardó a su elegido para ese día. La tomó en brazos y la entrelazó con un joven hermoso y de corazón puro, entonces el dolor de la joven Ángel fue disminuyendo al sentir aquella conexión con alguien que aún no conocía. Sintió sueño y ya con sus heridas cerradas, se durmió en el regazo de la diosa, ésta se puso de pie con ella en brazos y llegó hasta donde Erick. La casa del padre de la joven estaba tranquila, hasta que miraron a la gran diosa luna con la jovencita sin alas.

—¡Oh, no, mi niña! —grito el líder del consejo de ángeles. Tomó a su hija en manos y miró a Selene con una mirada triste pero con ansias de encontrar una respuesta.

—El desterrado estaba desapareciendo y ella dio sus alas por él, ahora ya no es más un desterrado, es un Ángel que pertenece al consejo, cuando Solange esté bien, debe ir por él.

Con aquella explicación, Selene se marchó. Erick no sabía del amor no correspondido que su hija le tenía al Ángel caído, por su mente solo pasaba la posibilidad de que aquello había sido demasiado difícil para su joven hija. La llevaron a su habitación y ahí, ella descansaba sintiendo la energía de su elegido que aún no conocía, energía que pensaba fuerza y más vida.

El Ángel abrió sus ojos, se sentía diferente, en paz, pero con una alegría agridulce. Se levantó, fue hasta el cuarto que ocupaba la humana y se sentó en el borde de la cama, recordando lo que había pasado, pasó de todo menos el amor que sentía por la humana y se preocupó al saber que Solange estaba sin sus alas porque él las tenía. Se sintió emocionado cuando comenzó a percibir aromas que jamás había sentido. Podía sentir al hombre lobo que iba caminando por la acera con un maletín en mano y vestido como un gran empresario; podía sentir al vampiro con sed de sangre de su elegido que lo llevaba al lado; podía oler los deseos sexuales de la mujer que iba bajando en el ascensor. Si bien era verdad que como Ángel caído tuvo poderes, aquellos que en ese momento estaba experimentando, los sobrepasaba. Recordó que había abandonado el hospital, así que salió de aquel vacío lugar y fue hasta su apartamento. Mientras se bañaba pensaba en Solange, en lo que posiblemente estaría sufriendo. Se vistió pensando lo mismo y algo preocupado, no estaría tranquilo, hasta verla.



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Editado: 30.01.2023

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