Un ángel cayó

Capítulo 27

Iba a abortar, ¿acaso era la mejor opción que tenía? Sabrina mira a su alrededor, solo podía observar un apartamento vacío y se sintió una mujer sola, un bebé sería una hermosa compañía pero ¿cómo cuidarlo si estaba sola? Tendría que pagar una niñera y eso costaba mucho dinero. Se levantó del sillón, fue por un cuaderno y lápiz y comenzó a escribir los gastos que conlleva tenerlo: la niñera, pañales, leche; el gasto de la alacena se duplicaría puesto que ya no sería sólo ella, sino que también comería la niñera. Era bastante el gasto, no podía cubrirlo, si bien era verdad que ganaba bien, no alcanzaba para darle una vida digna a una criatura. «¿cómo paso?, me cuidaba tanto», se repetía una y otra vez. ¿De qué le habían servido los métodos anticonceptivos? Se inyectaba uno o dos días antes de que aquella inyección se le venciera. Ahora estaba con un embarazo, podría ser de él, o del otro. Pero, eso no importaba, al final un ADN lo solucionaría pero, aún con un ADN en mano, ningún hombre cumplía al cien por ciento su responsabilidad, porque la ley no era justa, la ley mandaba a una manutención pero ¿acaso la manutención era suficiente?, ¿era justa?

Con todo y eso, no pudo conciliar el suelo; a la mañana siguiente, la mujer se presentó a trabajar con mucho cansancio y un gran bullicio en la cabeza. Sabía que el tiempo jugaba en su contra, que debía abortar antes de que aquel embrión se desarrollara y se formará en un bebé, pero quería hablarlo con alguien, pero ¿con quién?

Con cautela, muy despacio entro sin tocar a al consultorio del neurocirujano. Este la miró con el entrecejo arrugado por la manera en que entró y lo miraba. Se sentó sin decir nada y mirándolo suspiro.

—Se que económicamente lo más responsable que puedo hacer como madre, es abortar pero no se —dijo sin más.

El Ángel podía comprender la confusión de la humana, puesto que a su edad y estando tan sola, saber que en su vientre se guardaba una vida futura, le era inevitable pensar en no interrumpir el proceso. Al final, mirándola fijamente a los ojos, tomó una decisión.

—Si lo que te preocupa es la economía, déjame decirte que eres responsable y eso habla muy bien de ti, y si solo es eso lo que te preocupa, te propongo apadrinar a la futura criatura.

Sabrina puso ambas manos en su boca y sollozo de felicidad, o quizá no era de alegría, simplemente lo había pensado tanto, se había desvelado y un Ángel disfrazado de su jefe le ayudaba, porque ella, así lo miraba, como un Ángel. No todos los días se podía dar el lujo de tener un bebé y que tu jefe se hiciera cargo de él. Eso era algo jamás visto y la mujer no podía estar más que feliz.

—Si, si, lo voy a tener.

—Lo vamos a tener —corrigió el Ángel, mientras se ponía de pie, rodeaba el escritorio y la abrazaba fuerte.

No pudo salir más feliz, quería gritar de felicidad. Al final, no era un embarazo deseado pero si, un embarazo querido. No lo planificó, pero la vida le estaba dando la oportunidad de llevar aquello a término.

Alma andaba intentando esquivar todo trabajo que la llevara al piso donde trabajaba Alan, cosa que no era imposible, puesto que ya lo había pasado a pediatría y la joven no tenía casi nada de trabajo en aquel piso. Se acercó con dos tazas de café y una caja de donas para disfrutar de su descanso en compañía de Sabrina, justo como lo hacían siempre, que si no era una la que buscaba el café y las donas, lo hacía la otra.

—¡Que delicias! Lamentable que no comeré más donas, tampoco seguiré tomando café, debo cuidarme por el embarazo —informó sonriendo.

—¿Vas a llevarlo a término? —pregunto emocionada.

—Si, Daniel lo va a apadrinar.

—Estoy feliz pero me preocupa algo —Alma puso un rostro serio y algo preocupado que también preocupó a la secretaria.

—¿Qué?

—Dices que dejaras de tomar café y comer donas, disque por buena salud, ¡pobre criatura! Te odiará, todas las futuras mamás deben tomar café y comer donas, es por salud.

Le tendió la caja de donas y el café, Sabrina no recibió sonriendo.

—Si, tienes razón.

No dudó en comerse unas cuantas donas mientras disfrutaba del café y de la conversación con aquella joven que había llegado a darle un giro completo a la vida del cirujano y de paso, a su vida también.

Daniel salió del hospital como siempre, sin esperar a Alma, ya que habían quedado en que harían de cuenta que no vivían juntos, por ende, él no la esperaba a la hora de la salida o viceversa. Aprovechó que había llegado antes que ella, para hacer algo especial para su preciosa humana. Mientras batía una mezcla que él mismo había creado y escrito, se apareció Solange como siempre lo hacía, provocando que Daniel se sobresaltara un poco y por instinto miró a ambos lados para ver si Alma no había llegado y presenciado aquella aparición.

—Calma, tu bella humana aún está en el hospital, vengo de allá —informó—. Vengo a informarte que me va muy bien con mi elegido y… —se miró las uñas pensando en cómo decirle lo que quería.

—A ver, dime.

—Bueno, necesito que lo despidas de manera inmediata.

—¡No puedo hacer eso! ¿Por qué lo haría?

—Porque, lo quiero cerca de mi y está no es mi ciudad, ya cuando se encuentre desempleado, le ofreceré un empleo en el hospital de mi ciudad.



#2733 en Novela romántica
#565 en Fantasía
#84 en Magia

En el texto hay: fantasia, angeles, amor dolor

Editado: 30.01.2023

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.