Un ángel cayó

Capítulo 36

Por la mañana, aún estaban medio dormidos cuando Sabrina llamó una y otra vez, haciendo sonar ambos teléfonos, el de el Ángel y la humana. Fue Alma quien se despertó primero, tomó el teléfono de Daniel, porque miró que se trataba de Sabrina, preocupada le respondió esperando que no fuera nada grave.

—Alma, ayer por la noche vino una mujer a verme, no la conozco y estoy muy asustada —exclamó verdaderamente con voz agitada.

—Vamos para allá, dile al enfermero que se quede contigo —dijo, mientras Daniel despertaba escuchando lo que su prometida le decía a Sabrina.

—Está bien, no tarden, estoy nerviosa.

—Respira, por favor respira.

La humana cortó la llamada muy asustada y mientras le explicaba sobre lo que le había pasado a la recién parida, ella se ponía una mejor ropa; él la imita, se irían sin bañar, si con costo se habían lavado los dientes; ambos se pararon en seco al ver a señor gato en un sofá lamiendo sus patas.

—Señor gato, no vuelvas a salir, íbamos a buscarte con carteles —exclamó el Ángel.

—Señor gato mal portado, lo importante es que ya está aquí; ahora vamos por Sabrina —expresó la humana.

Salieron en el mismo auto y pronto entraron al hospital, casi corrían hasta la habitación donde estaba Sabrina.

—Ve y llama al médico —le pidió Alma al enfermero, en cuanto entraron, ni siquiera saludó, pidió al médico de inmediato.

El enfermero comprendía la gravedad del asunto, puesto que había entrado una desconocida al cuarto de la mujer con su hijo y muchas veces, eso era clara señal de un intento de secuestro.

—Debes estar tranquila, ya estamos aquí y no nos vamos a ir —dijo Daniel mientras le acariciaba la mano donde tenía agarrado al bebé.

—Gracias por venir, me asusté mucho y más porque salió por la ventana —al escuchar Daniel, aquel dato, abrió la ventana y le fue imposible esconder sus instintos, sus fosas nasales se abrieron y comenzó a sentir un olor, olor que conocía.

—¿Qué hueles? —preguntó Alma.

—Nada, nada, me pareció sentir un perfume pero no, no es nada —mintió, porque no podía decirle que sentía la esencia de una bruja muy poderosa, era una bruja la que había estado ahí y tenía un grave presentimiento—. Quédate con Sabrina —le hablo a Alma—, yo me acabo de acordar que debo recibir un gran pedido de medicina; no la dejes aquí sola.

—Está bien, ve —aceptó Alma, sabiendo que su prometido mentía, ya que ella estaba frente al hospital de la mano con él; pero no quiso discutir, en la situación en la que estaban; la humana pensaba solucionar lo de Sabrina para después hablar con Daniel.

El Ángel le dejó un beso casto en los labios y se marchó casi corriendo. Pronto entro el médico y el enfermero, mientras ellos hablaban sobre las cámaras y sobre todo lo que había pasado, Daniel entró al baño más cercano que encontró, suspiro y cuando soltó el aliento ya estaba en su apartamento, en gato negro dormía plácidamente pero pronto sintió al Ángel presente y el gato por instinto, dio un gran salto y se puso en modo de ataque pero el Ángel fue más rápido y lo agarró del cuello y lo tiró contra la pared.

—Dime quién eres, maldita —exigió, el gato se puso en modo de ataque pero dándose cuenta de que había sido descubierto, se transformó en lo que era verdaderamente.

—No quiero pelear, soy de los buenos —dijo, era un hombre joven, quizá con veinticinco años humanos.

—Y si eres de los buenos, ¿qué hacías en mi casa, haciéndote pasar por un gato?, ¿dime que hacías con Sabrina?, ¿por qué fuiste transformado de mujer? —si bien era verdad que el Ángel sentía la buena esencia, no bajaba la guardia, ya que sabía que esas brujas y hechiceros, tenían sus trucos para ocultar o cambiar las esencias.

—¡Ay!, son demasiadas preguntas —el hombre se sentó como en el sofá—, siéntate, ve por unos tragos de ese tequila artesanal.

—¿Cómo sabes de mi tequila?

—Vivo contigo desde que te saqué de aquel lugar oscuro —le informo como si nada—. Estaba prohibido sacar a seres muy oscuros, así que mi castigo fue cuidarte, estar contigo hasta que fueras de luz; si hacías algo malo, todo caía sobre mí.

Daniel fue por el tequila, sirvió dos y se sentó al lado del… todavía no sabía que era, sentía esencia de bruja, pero era un híbrido con más especies, así que le era difícil saber qué era exactamente. El Ángel no dijo nada, suspiró profundamente y recordó el día que no encontró. Daniel se recordaba como si hubiera pasado hace pocos días, caminando mientras llovía, a él y demás seres mágicos, no les molestaba la lluvia, así que caminaba tranquilo con las bolsas de compras y fue ahí donde de un callejón salió señor gato, maullaba con hambre y frío, su corazón dolió tanto que lo tomó en brazos y le brindó su casa y todo el amor del mundo.

—Me acabas de dejar sin gato, todos esos recuerdos… —susurró el Ángel llorando.

Aquel amigo inseparable, se había ido, nunca existió, así lo sentía él.

—Oye, no tenemos porqué tirar a la basura del olvido todos esos buenos momentos; yo te saqué de las tinieblas, pero tú me escogiste, estaba en la calle, con hambre y frío, me convirtieron en gato y no podía hacer más, estaba muriendo; no fue hasta que te convertiste en un ser de luz, que se me levantó el castigo.



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En el texto hay: fantasia, angeles, amor dolor

Editado: 30.01.2023

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