Un ángel cayó

Capítulo 37

—Vamos, entra —se escuchaba la voz de Alma, quien iba entrando al apartamento en compañía de Sabrina.

Al ver a Daniel hablando con un desconocido pero de manera muy amena, la humana frunció el ceño en señal de confusión. Se pusieron de pie, para recibir a las mujeres; mientras Daniel estaba tranquilo, el híbrido, no, el estaba nerviso al ver a su elegida con el bebé en brazos; sintió deseos de correr hacia ella, tomar al bebé en brazos y darle un beso a Sabrina pero no podía, no debía, en ese momento pensaba que era mejor estar convertido en aquel gato negro, ya que así, si podía correr a ella y sentir su piel, su olor muy de cerca.

—Sabrina, Alma, él es un amigo de la infancia, recién me llamo diciéndome que estaba aquí y que necesitaba alojamiento —mintió, Daniel.

—Ah, y solo por eso me sentiste, estaba fácil que me dijeras la verdad —renegó la humana.

—Lo siento cariño.

Mientras la humana y el Ángel discutían, Sabrina se sentó en el sillón donde antes estaba el híbrido con su antiguo amo; el híbrido se acercó aprovechando que tenían un poco de privacidad gracias a la discusión en la que aquella pareja estaba sumergida.

—Y… ¿cómo te llamas? —pregunto Sabrina.

—Dime David —sonrio el híbrido.

—Te me haces conocido —señaló, Sabrina que llevababa minutos pensando en donde era posible que hubiera visto a aquel desconocido que se le hacía tan familiar.

—Eso suele pasar —sonrio el híbrido—, ¿me dejas cargarlo?

Sonriendo, Sabrina lo puso en los brazos de aquel joven y atractivo hombre. Éste no pudo evitar sus deseos y acercó su nariz a la frente de aquel bebé, acto normal entre los humanos, pero para las especies mágicas, era un acto de reconocimiento, el híbrido estaba reconociendo al bebé como familia; estaba captando su olor, su aroma para así, de alguna manera estar conectados y poder sentir cuando el bebé estuviera en problemas o en peligro.

—Estos, solo discutiendo viven —señaló Sabrina.

—Ah, eso es porque se aman —bromeo el híbrido.

Después de que la pareja discutiera, se sentaron todos juntos y Sabrina contó el miedo que había experimentado al ver a aquella desconocida en su habitación.

—Llegó no sé cómo ni de dónde, solo abrí los ojos y la mire tocando mi cabello, al verme despierta, salió por la ventana, me asusté demasiado, como no imaginas.

—Lo lamento tanto —el híbrido se disculpó de manera automática sin procesar que las humanas no sabían que había sido él.

—Si, lamentamos que hayas vivido eso —disimuló el Ángel.

—Tranquilos, ya estoy aquí, ya estoy bien, ¿y señor gato?, no lo he visto y él siempre viene a saludarme —recordó, Sabrina.

—Señor gato se ha ido —dijo el Ángel—, se ha ido —repitió sin saber que más decir o como explicar.

—Pero, ¿¡cómo!?, aquí estaba cuando nos fuimos —exclamó, Alma.

—Bueno, solo se fue, estará bien —dijo David, al ver que el Ángel estaba sin palabras y realmente, ni él sabía que mentira decir.

—Bueno, me preocupa que pase hambre y frío, ¿por qué se pudo haber ido? —indagó Sabrina—. ¿Será que lo hicimos sentir mal?

—No, no, no creo, creo que se enamoró —dijo David mirándola; en ese momento solo quería besar a su humana.

Que bella se mira preocupada por mi, "pensó el híbrido"; quería reclamarla ante los dioses como suya y así, dejar de mentir, que ella entendiera todo sin necesidad de decirle o explicarle; al mismo tiempo, el Ángel deseaba lo mismo, estaba deseando porque aquella luna llegará y que su humana quedará reclamada como su elegida y así, por fin, dejar de mentirle.

"Al final, ella entendería sin necesidad de ser marcada", pero el Ángel quería que ella mirara todo con sus propios ojos y no tener que limitarse a imaginar las cosas según lo que él le cuente.

Las humanas no quedaron muy tranquilas con las excusas y poca explicación sobre el señor gato pero no quisieron seguir argumentando nada, debido a que tenían a un bebé recién nacido y a una mujer que acababa de parir, a ambos había que cuidar y atender.

—Sí aquí está muy lleno y no hay espacio, yo me voy para…

—No, no —el híbrido interrumpió a Sabrina quien al ver que David se iba a quedar con Alma y Daniel, miró que posiblemente estaba muy lleno el lugar como para quedarse ella.

—No Sabrina, ¡como crees! —habló Daniel inmediatamente, ya que por cómo reaccionó el recién llegado, ambas humanas lo miraron suspicaz—. Aquí hay espacio para todos, David pronto encontrará apartamento, se puede quedar en el cuarto de lavado, ahí pondremos una colchoneta.

—Si —dijo inmediatamente el híbrido, quien no quería por nada en el mundo, separarse de Sabrina—, para mi es más que perfecto el cuarto de lavado, para que tú estés cómoda.

—Bien, muchas gracias, de verdad.

Sabrina se sentía feliz y su aroma era percibida por los dos hijos del Olimpo que estaban presente. Ella miraba a su alrededor y solo podía ver que estaba rodeada de personas que la amaban y la cuidaban y sabía que su hijo crecería lleno de amor y familia, porque eso eran, una hermosa familia.



#2733 en Novela romántica
#565 en Fantasía
#84 en Magia

En el texto hay: fantasia, angeles, amor dolor

Editado: 30.01.2023

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.