🥀🥀Mi nueva vida 🥀🥀
Ahora yo, Kiyu, era la nueva en este cuerpo y tengo que admitir, mi vida no es mala. ¿Por qué? Porque todo es diferente. Esta vida es la que quisiera tener siempre. Actualmente tengo dos años, pero por alguna extraña razón ya no puedo conectar con mi otro cuerpo, con Yuki. Es como si mi conexión se rompiera desde ese día que nací en este cuerpo de bebé. A veces siento que todo esto es extraño. Tengo muchas preguntas, pocas respuestas, y aunque tenga muchas respuestas o pocas, ninguna responde las miles de preguntas que me he hecho durante estos largos dos años.
Un toque en la puerta principal de esta humilde pero cálida casa resonó, llamando la atención de mi abuela Dalila, ya que ella se encontraba en la casa. Ella, a un paso lento que marcaba su edad, se acercó a la puerta mencionando con una voz cansada pero a la vez llena de vida.
- ¿Quién es?
Dicha esas palabras, una respuesta llegó.
- Señora Dalila, muy buenos días. Mi motivo de visita es para ver a la pequeña Kiyu.
Al decir estas palabras, bajó la mirada de una manera triste y emotiva. Y tengo que comentarle que esa pequeña niña que el día que Kiyu nació y ella tuvo un accidente, necesita actualmente donación de sangre y al buscar en el banco sanguíneo no hay compatibilidad. Única persona compatible es la pequeña Kiyu, pero aún es una bebé de dos años.
Al escuchar eso, no podía creer. Pensé que mi cuerpo, es decir Yuki, murió, pero al parecer sigue siendo un cuerpo inerte sin vida. No podía ver quién era aquella persona que hablaba con mi abuela, con un tono triste y despacio, hasta que pasó así a la sala. En ese momento pude ver la cara y caer en cuenta de quién era, y era esa enfermera que el día que nací me llevó con la doctora para ser revisada. Esa enfermera se llamaba Natalia. Natalia, al verme, se acercó y pronunció palabras las cuales me congelaron.
- Yuki, el nombre de la pequeña niña es Yuki. Actualmente se encuentra en estado de coma.
Y entonces Dalila, mi abuela, con voz seria y un poco rasposa, contestó.
- Pobre pequeña. No sé cómo su madre puede tratar así a mi nieta. Por la irresponsabilidad de mi Naomi, nieta, mi pequeña Yuki está entre la vida y la muerte.
Un momento... ¿Acabe de escuchar bien? Yuki... mi otro cuerpo es la nieta de mi abuela Dalila. Es decir, Sukino y Naomi son hermanos y son mis madres y a la vez mis tías. Pero... ¿Cómo es que nunca escuché de Dalila ni de Sukino?
En mi cabeza solo se generaban preguntas, preguntas y más y más y más preguntas.
Pero lo más importante es Yuki, mi cuerpo, que actualmente debe tener unos diecisiete años. Ese cuerpo que está en coma y lo único que puede salvar es este pequeño cuerpo llamado Kiyu, de apenas dos años. O sea que voy a morir de cualquier manera. Y aunque Naomi quiera presionar a mi madre, Sukino, no conseguirá lo que tanto quiere. Ella no es dueña de Yuki ni dueña de Kiyu. Son dos cuerpos unidos por la sangre y único espíritu. Un espíritu que en todas sus vidas es maldecida.
En eso, una niña entró corriendo, apresurada.
- abue, abue, Dalila. La tía Sukino fue al hospital y la doctora dijo que hay una muestra de sangre que es cincuenta por ciento compatible, pero en la transfusión puede cambiar y puede fallar.
Al escuchar esa voz entrecortada por correr, me asusté. Esa era la voz de Daisy, la hermana de Yuki. Por un momento, mi cabeza recordó cómo Daisy y los demás hermanos de Yuki y mi otro cuerpo me golpeaban y me maltrataban. Mi cabeza comenzó a sumergirse en recuerdos, los recuerdos de cuando yo... yo era Yuki.
Cuando unas palabras me congelaron y sentí como mi mundo comenzó a cambiar.
- Así que mi atención fue a Daisy.
- La única que es cien por ciento compatible es Yuki, que nació hace dos años, el día del accidente de Yuki.
-Estoy comenzando a pensar que Yuki... Yuki son desgracias que nunca, pero nunca debieron... nacer
Esas palabras, esas malditas palabras de nuevo. ¿Por qué? ¿Por qué en todas las vidas tengo que escuchar? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué me deben recordar que soy una escoria? Que soy una maldita escoria.
Sentí como mi mundo... Sentí como mis lágrimas y sentí como mi rostro era golpeado de nuevo. Mis pequeñas lágrimas recorrían mi rostro. Dalila se dio la vuelta y cuando me vio, se acercó y me acalmó. Esos brazos... Entonces pronunció las palabras que no me hundieron, pero sí me marcaron.
- Kiyu es mi nieta también y aunque sea una desgracia para Sukino, no lo es. Al contrario, es un ángel y mayor regalo.
En un casi grito Daisy habló.
- Kiyu es una desgracia y si lo piensas bien, ella nació el mismo día en el que sucedió el accidente, el mismo día en el que Yuki quedó en coma.
Aunque no quería, negar las palabras de Daisy es verdad. Mi abuela me dejó en esa pequeña cuna en la cual estaba hace unos momentos y mi mente comenzó a recordar. Aunque sea el ángel de Sukino, soy una maldita desgracia, escoria para Daisy, posiblemente para Dalila y el resto de mi familia. Y aunque no lo quería o no lo quieran, esas palabras... cada palabra. Es un fino cuchillo que presiona mi corazón, haciendo que se lastime, se trice y salgan finas gotas de sangre que llenan de dolor. Un dolor inmenso que cada vez duela y tus fuerzas se vayan y solo te hundas en un abismo oscuro y sin salida, y dejando que caigas en una oscuridad interminable.
No puedo creer que en todas, en todas las demás vidas, este es el abismo sin fin. Es como una catena entrelazada. Y ahora yo... yo soy la única salvación para mí misma.
De pronto, una mujer alta, de aproximado un metro sesenta y nueve, con una falda pegada a sus delgadas piernas que remarcaba su pequeña cintura, la cual era complementada y adornada con una camisa negra que encajaba muy bien, ya que la falda y la camisa eran del mismo color, negros. Complementado con unos tacones altos y negros. En su mano se podía apreciar unas hermosas manillas y en sus dedos unos hermosos anillos de oro, y en uno de ellos recalcaba el nombre Kiyo.