🥀🥀 Todo sigue igual 🥀🥀
Al despertarme, seguía siendo Yuki.
Poco a poco vi cómo el día comenzaba a aclararse con los primeros rayos del sol. Miré el reloj: eran las seis de la mañana.
Estaba acostumbrada a despertar a esa hora debido a los constantes maltratos. Siempre debía preparar el desayuno para Naomi y Daisy. Además, tenía que hacer el almuerzo de Eduard para que lo llevara al colegio.
Mi rutina era agotadora.
Estudiaba hasta altas horas de la noche. Entraba al colegio a las ocho de la mañana y salía a las tres de la tarde. Al regresar a casa, hacía mis tareas y luego comenzaban nuevamente las obligaciones.
Antes de dormir, debía dejar listo y planchado el uniforme de mis hermanos. Después limpiaba los cuartos, lavaba y doblaba la ropa, preparaba la cena, limpiaba la pecera y bañaba a los perros.
Cuando por fin terminaba, llegaban Naomi, Daisy y Eduard, y aún tenía que hacer cualquier tarea que hubiera quedado pendiente.
Esa era mi vida.
Y ahora... por primera vez, sentía que estaba en el cielo, aunque sabía que esa tranquilidad quizá solo duraría un tiempo.
Casi eran las siete de la mañana cuando Naomi, Daisy y Eduard entraron a la habitación y me vieron despierta.
En ese momento también entró una enfermera. No era Natalia, sino otra diferente. Llevaba unos documentos que autorizaban mi salida del hospital.
A las ocho de la mañana abandonamos el hospital.
Era extraño volver a sentir el viento acariciando mi piel. Con cada brisa experimentaba una pequeña felicidad, aunque el dolor de mi cuerpo seguía presente.
De pronto, las hojas de un árbol color marrón comenzaron a caer lentamente.
Al darme la vuelta, la vi.
Su piel era tan blanca como la porcelana. Su largo cabello descendía hasta la mitad de su espalda y tenía un color tan inusual que parecía haber sido bendecido por la luna. Bajo la luz del sol, sus cabellos blancos brillaban con un resplandor casi mágico.
Vestía un elegante traje negro acompañado de unos zapatos del mismo color, dándole un porte imposible de ignorar.
Como si el destino lo hubiera decidido, ella también se dio la vuelta.
Entonces vi sus ojos.
Eran de un intenso color verde.
Nuestras miradas se encontraron.
No podía dejar de observarla.
En ese instante comprendí lo que tantas personas describían como amor a primera vista.
....yo me enamoré......
Sentí como mis ojos brillaban y mi rostro comenzó a tornarse rojo, entonces lo noté. Su mirada estaba puesta en mí, su mirada tan fría, tan penetrante, tan seria. A cualquier persona le daría miedo, pero a mí me enamoró más. Sentí una de raras ganas de acercarme a ella, abrazarla, pero no pude porque mi mirada se concentró tanto en ella, como si era ella, solo ella, solo si era ella el centro del mundo.
Salí de mi trance por un pequeño golpe de Naomi, pero aunque mi mirada dejó de verla, mi mente pensó en ese, en ella, en esa chica. En mi mente solo se repetía: sus ojos, su cabello. Por un momento sentí como quería verla de nuevo y perderme en su mirada tan penetrante.
Yo lo sé, me enamoré, y aunque debo admitirlo, me da algo de pena. Daisy, Naomi, Eduar me miraban mal, con caras de fastidio y molestia. ¿A mí? A mí no me importó eso, solo me concentré en esa chica, la cual me robó mis pensamientos.
Al intentar buscarla con la mirada, simplemente se perdió y desapareció de mi vista. Yo quería buscarla, pero Naomi y sus hijos se enojarían conmigo, simplemente no quería hacerla enojar, no hoy.
Entonces caminé siguiendo el camino a esa casa, la cual, entre tanto daño, aún era mi hogar. La casa era la única testigo de mi dolor. Entre pasos rápidos y lentos, llegamos. Después de dos años, tantos años que no había visto esa casa, no había cambiado del todo, solo que se veía sucia, como si nadie lo hubiera limpiado.
Entré a la sala y me despedí de mi supuesta madre y mis supuestos hermanos. Posteriormente me dirigí a mi antigua habitación, sin muebles, la cama, que aún así era mi habitación, si se podría considerar una. Me acosté, después de todo, al día siguiente todo volvería a ser como hace dos años, todo volvería a ser ese tormento. Poco a poco el sueño me consumió y, como arte de magia, desperté.
En Kiyu, la cual estaba sentada en su cuna, rodeada de peluches. De pronto entró su Sukino, la cual estaba aún débil por la donación de sangre del día anterior. La miré y ya me sonrió, se puso de pie para tomar su celular y tomarme fotos, para guardar recuerdos de mí. Yo sentí esa felicidad, cariño, amor y algo inexplicable, la cual yo, tantos años, quise tener.
Poco a poco me sentí viva en la felicidad, pero sé que mañana cuando despierte en Yuki será... ¿Ya no será felicidad?
O tal vez sí. Observe la hora que estaba pegada en un reloj de la habitación apenas eran las seis de la tarde. Poco a poco pasaron las horas, cuando de pronto un ruido en la puerta principal llamó la atención de Sukino y la mía. Al abrir aquella puerta, la cual entró Dalila con una sonrisa hipócrita, tan solo la presencia de ella molestó a Sukino.
Estaba por hablar, y la verdad yo estaba sumamente molesta y enojada con la presencia de esa tal persona, así que no me molesté en escuchar su aburrida pelea. Decidí concentrarme en otra cosa, la cual instintivamente me llevó a la chica, a la hermosa chica albina. Ella parecía tan linda, pero tan tan sexy... Espera un momento, ¿Por qué pensé que ella era sexy? Debo estar ya loca.
Poco a poco las horas pasaron, exactamente pasaron dos horas, las cuales aún estaban en esa pelea y duraban eternidades. Lo último que escuché de esa pelea fue un azote muy fuerte en la puerta por parte de Dalila. Sukino se veía agotada, cansada y esa energía de hace dos horas desapareció.
Sukino me vio y solamente me dirigió una sonrisa, fue a la cocina a preparar la cena. Después de la cena nos acostamos a dormir, mi alma se fue al otro cuerpo, o sea donde Yuki, para poder descansar.