Un ángel en el infierno

Capítulo 5

🥀🥀El verdadero comienzo🥀🥀

Un año había pasado, exactamente un año desde que salí del hospital y nunca más volví a salir, sola o acompañada. Hace un año vi a Sukino cuando habitaba el cuerpo de Yuki y nunca le agradecí por salvarme esa sangre.

Esa tarde, al llegar Naomi, sentí como todos los golpes que ella me daba fueron la gota que derramó el vaso. Mi mente solo repetía: "debe salir de aquí, debe salir de aquí". La oscuridad de la noche comenzó a sumarse y ahí fue la hora cuando Naomi dejó sus golpes. Con gran esfuerzo, azotó la puerta de mi habitación y al verme al espejo, tenía nuevas heridas que estaban cubiertas de sangre y mis brazos y piernas cubiertas de moretones de color rojo y verde, comenzando a tornarse en morado.

Decidí salir de este infierno al cual llamaba hogar, pero no tenía donde ir. Mi única salvación era donde Sukino, pero aunque mi cuerpo, Kiyu, vivía con ella, no conocía la dirección. Hice muy bien que Dalila, mi abuela, no lo iba a permitir. Ella era capaz de llamar a Naomi.

Aunque me duela, debo gastar mis pocos ahorros. Ya era mayor de edad, recién cumplí los dieciocho. Ya era legal para cualquier pelea.

Esa noche no dormí. Busqué todos mis ahorros y decidí entonces que una luz apareció. Vi como mi alma se dividía en dos y se fue a otro cuerpo. Como si una película fuera, veía que pasaba con Kiyu. Me encerré en el espejo y mi ojo tenía una especie de estrella dentro de la pupila, color negro y rojizo. Cuando cubría el ojo con la mano, podía ver que sucedía con Kiyu.

Mis ojos se veían desiguales, uno con una estrella y la otra solo aportaba los ojos verdes que eran cubiertos por un mechón de cabello rojizo. Que mi alma se dividiera hacía que las cosas fueran más fáciles, aunque sabía muy bien que si algo fallaba, mi alma desaparecería y los dos cuerpos fallecerían.

Pero no importa, ahora sabiendo que solucioné esto, debo buscar donde ir. Entre los cajones encontré un celular viejo, lo bueno, tenía internet. Entonces busqué y busqué donde podría quedarme, pero no había nada. Debí ir buscando hasta que encontré un departamento. Estaba muy lejos de la ciudad. Seguía buscando, pero no había más. Entonces decidí buscar más información de aquel lugar... *Capítulo 3: U

El lugar en donde se encontraba el departamento era un tanto peligroso y en la parte de abajo se encontraba una cafetería la cual necesitaba personal, entonces decidí que ese era mi nuevo hogar y nuevo trabajo. Mandé un mensaje al dueño del departamento y mientras esperaba, busqué cómo llegar al lugar.

Poco a poco las horas pasaban y con eso los primeros rayos de sol. Sabía que debía fingir toda la mañana hasta que todos abandonaran la casa, poder salir y comenzar mi nueva vida. Las horas pasaban, la rutina seguía hasta que el reloj marcó las diez de la mañana. Sabía que no tenía más tiempo.

Subí al segundo piso y recogí la maleta y bolso que estaban preparados con anterioridad. Tomé el celular viejo y bajé a la planta baja con mis cosas. Entonces, en la cocina, se encontraba lista la única comida que prepararía. Esa sería la última vez para comenzar mi nueva vida. Tenía miedo, pero debía superar.

Abrí la puerta principal, entonces el sol cálido alumbró mi cara. Con el poco dinero que tenía, me fui a un local de arreglos. Compré un arreglo con tulipanes y una carta de agradecimiento, junto con una caja para guardar todo ahí.

No sabía la dirección, pero me tapé el ojo con el destello y como la otra mitad ya sabía qué hacer, buscaba el celular de Sukino. Una vez lo encontró, buscó la dirección. Sukino, al ver eso, comenzó a caminar sin necesidad de manipular sus pies.

Al llegar a la casa, toqué el timbre y dejé el detalle en la entrada. Yo me escondí y desde lejos pude observar cómo Sukino abría la puerta y con sus manos tomaba la pequeña caja en la cual estaba el pequeño detalle, es decir, los tulipanes.

En aquella caja también se podía apreciar una tarjeta la cual decía:

"Con cariño y gran gratitud, Sukino. Si ves esta carta, lo que quiero decirte es que gracias, me salvaste la vida y aunque es muy poco este regalo, es la única forma de agradecerte. Sukino, sé la verdad, es mi madre, pero no importa, he decidido irme de casa, comenzar una nueva vida. Espero encontrarte pronto, gracias por todo.

Atentamente,

Yuki"

Sukino leía la carta sorprendida pero satisfecha. Ella miró el sol y suspiró, entonces volvió a entrar a la casa. Yo me escondí y una vez con la dirección del departamento, caminé hacia el lugar.

Al llegar, era un poco tarde. El dueño estaba ahí, hablamos y él mostró el lugar. Una vez terminado, revisamos el contrato de renta, el cual implicaba un mes de renta por adelantado. Pagué y terminamos con todo.

Ese mismo día empecé a vivir. Poco a poco anochecía y el frío inundaba el departamento. Tomé la maleta con el equipaje y de ahí saqué una pequeña manta de color azul. La tomé y en una esquina del desolado departamento me acerqué y me acurruqué envuelta en la manta.

Poco a poco la noche avanzaba y en eso el siguiente día comenzaba a asomarse. Tras horas de descanso, la mañana se mostró con un sol resplandeciente. Me levanté, observé por momento el lugar, ya que el anterior día ya estaba casi oscureciendo.

El departamento era grande, con una cocina y una posible sala. En las ventanas se veía calles limpias pero desgastadas, casi poca gente caminando, pero a paso veloz.

Decidí bajar a la planta baja, en la cual estaba la cafetería. Entré en ella y me encontré con un hombre el cual atendía a los pocos clientes de aquel lugar. En caja estaba otro chico mucho más joven, parecía de mi edad.

Me acerqué y decidí preguntar sobre el trabajo que con anterioridad había buscado un poco de información. Él escuchó atentamente cada palabra mía y llamó al jefe.

El jefe era un hombre alto y delgado. Me observó y el sol hizo una señal para que lo siguiera. Al entrar en el despacho, charlamos sobre el trabajo. Una vez ya preparado el contrato, me dijo que comenzara el trabajo al día siguiente.




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