Un Año de Amores

Capítulo XLIX: 11 de Octubre

La tarde caía lentamente sobre las calles empedradas, tiñendo de bronce los edificios antiguos. Chloe caminaba con pasos tranquilos hacia el pequeño café donde Morgan le había pedido que se encontraran. No había vuelto a verlo desde aquella celebración luego de la carrera de Hades, y aunque el mensaje de Morgan había sonado amable, había algo en él que anticipaba un cierre.

Al entrar, lo vio sentado en una mesa junto a la ventana, con una taza de capuchino entre las manos. El brillo en sus ojos seguía ahí, pero parecía más cansado, más maduro, como si hubiera cargado con años de peso en pocas semanas.

— Chloe —sonrió al verla—. Me alegra que vinieras.

— Siempre voy a venir —respondió ella, devolviendo la sonrisa mientras tomaba asiento—. ¿Estás bien? —Morgan soltó una pequeña risa nasal y se pasó una mano por el pelo.

—Sí, supongo que sí, o por lo menos mejor que hace un tiempo.

Chloe lo miró con sincera atención. Morgan ya no tenía ese aura inquieta que arrastraba cuando estaba metido hasta el cuello en el mundo de las carreras ilegales. Había algo más limpio en su postura, en su respiración, incluso en su mirada. Ya no se encontraba eufórico, inquieto o perdido con la mirada fija sobre cualquier cosa.

— Sé que no hablamos mucho desde que todo pasó, —dijo él con un tono suave, casi avergonzado— y también sé que no era el mejor momento para estar cerca de nadie, pero quería verte para contarte algo.

Chloe apoyó las manos sobre la mesa, dándole espacio, lista para escuchar.

— He decidido irme de la ciudad. —confesó finalmente—. Lejos, a otro lugar, a empezar de cero. —Las palabras, aunque esperadas, le golpearon un poco el pecho.

— ¿Por qué? —preguntó con cuidado.

— Porque si me quedo, voy a caer en lo mismo —admitió, sin rodeos—. Ya sabes cómo era ese ambiente, las carreras, la adrenalina, la presión... y cuando Hades estaba ahí, yo sentía que tenía que demostrar algo. Era mi excusa perfecta para seguir metido en ese círculo. Y cuando él dejó todo... —sonrió apenas— fue como si el último hilo que me ataba a ese mundo se cortara.

Chloe bajó la mirada un instante, reconociendo lo que significaba. Lo que Hades había hecho, sin quererlo, había liberado también a Morgan.

— Entonces... ¿Te vas para estar bien? —preguntó ella.

—Para estar vivo —respondió, sincero—. Estuve demasiado cerca de destruirme. Y no quiero volver a tocar nada que me haga pensar que puedo perder el control otra vez. Encontré un trabajo en Florencia, en un taller grande. Nada de carreras, nada de sustancias, nada de esa gente. Solo... trabajo real. Vida real. —Chloe sintió una mezcla de alivio y nostalgia, hasta el punto que se le aguaron los ojos.

— Me hace feliz que estés eligiendo algo mejor para ti. —Dijo con honestidad.

— Vos siempre fuiste una de las pocas personas que creyó que podía ser algo distinto. —Sonrió, suave—. Incluso cuando yo mismo no lo creía. —Chloe sintió un nudo cálido en la garganta. Morgan no hablaba con drama, hablaba con verdad.

— No quiero que esto suene a que estoy desapareciendo —continuó él—. Solo que necesito cambiar de aire, dejar que todo lo que pasó se convierta en pasado de verdad.

— Lo entiendo. —Respondió ella—. Y no estás perdiéndome como amiga, eso no va a pasar. Siempre, si regresas o aunque te quedes allí, estaré. Puedes contar con eso, es una promesa y no me gusta romper las promesas. —Morgan dejó escapar un suspiro que parecía quitarse un peso del alma.

— Eso me alivia más de lo que imaginás.

Se quedaron un momento en silencio, observando cómo la gente pasaba afuera, ajena a todo lo que se cerraba y empezaba entre ellos.

— ¿Cuándo te vas? —preguntó ella finalmente.

— Pasado mañana. —Chloe sonrió con tristeza.

— Vas rápido.

— Si no lo hago ahora, no lo haré nunca. —Hubo un instante en el que Morgan la observó con un cariño tranquilo, lejos de aquel sentimiento confuso que alguna vez los había enredado.

—Gracias por despedirte de mí así —dijo—. Por no tenerme rencor, por no alejarte, por ser como eres.

Chloe le tomó la mano, un gesto simple, íntimo, pero limpio.

— Gracias por elegir estar bien, Morgan.

Él apretó su mano y luego la soltó con delicadeza, como quien se despide de un capítulo importante.

— Nos vamos a volver a ver. —Aseguró él, poniéndose de pie—. En un futuro, tal vez.

— Sí, —sonrió ella, sin dramatismo— pero cuando nos veamos, quiero ver que estás bien.

Morgan asintió, sonriendo de verdad por primera vez en semanas.

— Lo voy a estar, me voy a alejar de todo lo que me destruye, me alejaré de ese mundo de sustancias que lo único que hacía era hacer que yo quiera recaer en toda esa mierda, pero estoy completamente seguro y confiado de que no lo haré, de que soy más que eso, de que la rehabilitación funcionó y me ayudó a seguir aquí.

Se dieron un abrazo corto pero fuerte, el tipo de abrazo que sella un cierre sin heridas. Y cuando él se separó y caminó hacia la puerta, Chloe supo que esa versión de Morgan, la que había sido sombra, velocidad y riesgo, se estaba quedando atrás para siempre. Al salir, él levantó la mano a modo de despedida.

— Cuídate, Chloe.

— Tú también, Morgan. —Ella aguantó hasta que él finalmente saliera de la cafetería para comenzar a sollozar, pero no era tristeza, era alivio de que, a pesar de todo, ellos habían terminado en buenos términos y cada uno iba a estar bien con su vida.

Y así, con un sonido suave de campanilla en la puerta al cerrarse, el personaje que había estado al borde de perderse eligió finalmente encontrarse en otro lugar.



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En el texto hay: lgbt, amor, amistad

Editado: 02.04.2026

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