Un Año de Amores

Capítulo L: 18 de Octubre // Un Año de Amores//

— ¡Chloe, hija! —la voz de Cleopatra resonó desde la cocina, firme pero cargada de cariño.

Chloe levantó la vista de sus apuntes, sobresaltada. Llevaba más de dos horas concentrada en uno de los trabajos introductorios para la universidad, tanto que ni siquiera había notado que el sol comenzaba a ocultarse detrás de la ventana de su cuarto. Con un suspiro cansado, cerró el cuaderno y se frotó los ojos, sintiendo cómo la tensión se acumulaba en su nuca.

Al escuchar que su madre volvía a llamarla, esta vez con un matiz de impaciencia, se levantó de la silla casi de inmediato. Bajó las escaleras con pasos rápidos, frunciendo el ceño mientras descendía, preguntándose qué podía estar pasando ahora.

El aroma a la cena que se estaba haciendo la recibió antes que cualquier otra cosa, mezclados con el olor familiar de la casa y dándole una sensación cálida en el pecho. A pesar del estrés académico, esos pequeños detalles seguían haciéndola sentir acompañada, anclada.

— ¿Qué pasó, mamá? —preguntó Chloe al entrar a la cocina, apoyándose en el marco de la puerta mientras se acomodaba un mechón suelto detrás de la oreja.

Cleopatra estaba de espaldas, moviendo una olla y picando verduras casi al mismo tiempo, como si fuera una coreografía que ya tenía memorizada.

— ¿Puedes revisar la casita del patio? —pidió sin girarse—. Creo que me dejé algo ahí... o quizá lo dejaron ustedes, ya no lo sé. Tengo la cabeza en mil cosas con esta cena.

Chloe arqueó una ceja.

La casita del patio.

Una sonrisa nostálgica se le dibujó, inevitable.

— ¿Qué se supone que estás buscando? —preguntó mientras se acercaba a la mesada, tomando una galleta que había dejado enfriando.

— Una caja pequeña, creo, o un cuaderno... —respondió Cleopatra, dudando entre opciones—. No estoy segura. Mejor revisa todo, tú eres la que más orden tiene con ese lugar.

Chloe se atragantó ligeramente con la galleta.

Ella.

¿Orden?

¿En la casita del patio?

Después de un año, seguía teniendo rincones llenos de recuerdos, papeles, cosas que nadie había tenido el corazón, ni el valor de tirar.

— Sí, claro... —respondió con un tono que no logró disimular su ironía—. Voy a ver qué encuentro. —Cleopatra alzó una mano sin voltear, como agradeciendo en el aire.

— Gracias, cariño. Y apúrate, que se avecina tormenta.

Chloe tomó su chaqueta del perchero y salió hacia el jardín, sintiendo cómo el aire fresco de otoño le acariciaba la piel. El cielo estaba cubierto de nubes violetas, de esas que anuncian lluvia en cualquier momento.

Mientras caminaba hacia la casita, una sensación tibia se instaló en su pecho y una mueca de duda. Abrió la puerta... y se congeló.

Luces cálidas colgaban de las vigas, el lugar estaba impecablemente ordenado, más que nunca, y en el centro, sobre la pequeña mesa redonda, estaba la misma caja de terciopelo rojo y negro.

La caja de los dados.

Y alrededor de la mesa, esperándola con sonrisas que parecían contener un año entero de historias, estaban ellos.

Hades, Alex, Noah y Blake, todos sentados exactamente como aquella noche caótica que inició todo.

— ¿Qué... qué hacen aquí? —preguntó Chloe, incapaz de ocultar la mezcla de sorpresa y nostalgia que le temblaba en la voz.

Alex levantó la caja de terciopelo con teatralidad.

— Pensamos que era hora de hacer un homenaje a nuestro propio desastre —dijo moviendo las cejas—. Un aniversario... digno de nosotros.

Noah aplaudió una vez, fuerte.

— ¡Claro! Hace un año casi nos asesinan nuestros padres y descubrimos que Chloe muerde cuellos como una profesional. ¿Cómo no celebrar eso?

Blake se llevó una mano al cuello, rió negando con la cabeza e intercambió una mirada con Chloe.

— Todavía tengo el trauma, por cierto.

— Y yo todavía tengo la foto. —Añadió Hades desde el rincón, mostrando su teléfono.

Chloe se llevó las manos al rostro.

— ¿Qué hacen reuniendo todo esto? Yo solo venía a buscar... no sé qué.

— No venías a buscar nada —interrumpió Alex con una sonrisa cómplice—. Tu mamá nos dio la señal, estabas tardando demasiado en estudiar. Era hora de un descanso... a la vieja usanza. —Chloe negó con la cabeza, pero sus labios ya estaban curvándose.

— Son imposibles.

— Lo sabemos —dijo Noah estirando la mano hacia la caja—. Y por eso nos amas. Así que... ¿empezamos?

Blake giró la botella vacía en el centro de la mesa, imitando el movimiento del año anterior.

— Un juego con las mismas reglas, —dijo Noah mientras barajaba las cartas de castigos que habían añadido "por si acaso"— pero con una diferencia: esta vez nadie sale corriendo, nadie entra gritando y nadie acusa a Chloe de robar los dados.

— No prometo nada. —Comentó Alex.

Chloe se sentó entre Blake y Alex, sintiendo cómo el pecho le vibraba con una mezcla rara: nostalgia cálida, ternura, y el presentimiento de que esa noche quedaría grabada como la primera, pero en un sentido completamente distinto. Hades carraspeó.

— Bueno... Como esto es una celebración, propongo que empiece la homenajeada. —La señaló con un gesto solemne—. Gira la botella, Chloe.

Ella tragó saliva, aunque todos la estaban mirando con sonrisas suaves, casi melancólicas.

Así había empezado todo un año atrás, con un simple juego de botella y unos dados, pero ahora se encontraban ellos aquí. Se encontraban disfrutando de la vida, disfrutando del año que había pasado. Un año lleno de sorpresas, lleno de caos, lleno de adrenalina...

Y un año de amores.

Chloe colocó los dedos sobre el vidrio frío.

— Está bien —susurró, más para sí misma que para el grupo—. Una última vez.

Giró la botella.

Los demás contuvieron la respiración entre risas y murmullos.

La botella giró, y giró, y volvió a girar, como si también ella quisiera homenajear el pasado antes de elegir un destino.

Finalmente, se detuvo.



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En el texto hay: lgbt, amor, amistad

Editado: 02.04.2026

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