Un Año de Amores

Epílogo

Italia había cambiado de estación otra vez, como si la vida de cada uno se hubiera sincronizado con el ir y venir del clima. Un año atrás, todo parecía desordenado, frágil, precipitado. Ahora, aunque no perfecto, el mundo a su alrededor se sentía más estable... más suyo.

Chloe caminaba por las calles adoquinadas rumbo a la universidad, el sol tibio del final del otoño iluminando el diseño que había estado perfeccionando para su clase. Sus auriculares sonaban bajito, y la bufanda que llevaba alrededor del cuello era la misma que Blake le había regalado hacía meses.

Al llegar a la entrada, vio a Blake apoyado contra la baranda, manos en los bolsillos, el cabello despeinado por el viento. Sonrió apenas la vio,esa sonrisa que antes era rara y ahora era constante. Ella le devolvió la sonrisa, sintiendo la misma calidez en el pecho que al principio, sólo que ahora sin dudas, sin miedo.

— Hendry... —lo saludó mientras se acercaba.

—Mi chiquita —respondió él, besándola en la frente—. ¿Lista para el examen?

Ella soltó una risa nerviosa.

— Si no lo paso, te vas a tener que comprar otros dados para torturarme. —Bromeó.

— No te preocupes, ya tengo un set nuevo. —Contestó él, guiñándole un ojo.

Se tomaron de la mano, y por un segundo Chloe recordó aquella noche caótica del juego original, cuando todo parecía un desastre a punto de explotar. Ahora, un año después, él estaba ahí, sano, presente, de pie. Y con ella.

Los mellizos aparecieron corriendo desde la esquina.

— ¡Chloe, estamos llegando temprano por primera vez en el año! —gritó Noah.

— No cuentes eso, queremos mantener reputación, mellizo bueno. —Agregó Alex, empujándolo de forma juguetona.

Ambos estaban creciendo a su manera: Noah más centrado, Alex más libre pero también más consciente de sus límites. Zeus, ahora más grande, gordo y dormilón, los esperaba en casa como si fuera un rey de cuatro patas.

Hades llegó unos minutos después, con la mochila colgada de un solo hombro y su yeso ya hacía tiempo fuera. Ingeniería Automotriz lo había devuelto a su pasión, pero sin destruirlo como antes; ahora su amor por los autos no venía acompañado de riesgos innecesarios ni carreras ilegales.

— Buenos días, preciosa. —Le dijo a Chloe, dándole un beso rápido en la mejilla.

— Buenos días, pelirrojo —respondió ella. Él se acomodó la chaqueta, respirando hondo.

— Ojalá Morgan pueda venir para las vacaciones —comentó.

— Nos prometió visitarnos —añadió Chloe—. Está mejor, está creciendo.

Todos sonrieron de forma sincera.

Morgan había encontrado una nueva vida lejos de la ciudad. Un trabajo estable, nuevos amigos, una rutina que no lo arrastraba hacia las sustancias ni hacia la oscuridad. No había reemplazado a nadie, pero sí había aprendido a elegir su paz.

Blake se apartó apenas del grupo, enviando un mensaje en su celular. Era para su psicólogo, confirmando la cita de la próxima semana. No lo ocultaba. Ya no le pesaba. Era parte de su proceso, y estaba orgulloso.

Cuando volvió a acercarse, puso sus brazos alrededor de Chloe desde atrás.

— Este año fue una locura... —murmuró él.

— Lo fue, —respondió ella, entrelazando sus dedos con los de él— pero lo logramos.

Blake bajó la mirada hacia ella, asegurándose de que lo escuchara bien.

— Gracias por no rendirte conmigo.

Ella sonrió, recordando la frase que le había dicho frente a la cama del hospital.

— No tenía pensado hacerlo.

Él se inclinó y la besó, suave, cálido, tranquilo. Un beso que decía: Estoy aquí. Me quedo.

Los cinco siguieron caminando hacia la universidad, empujándose, riendo, discutiendo tonterías como siempre. El viento movía las hojas por el suelo y el aroma a café escapaba de los negocios cercanos.

Había heridas que todavía dolían.

Había recuerdos que aún pesaban.

Pero también había caminos nuevos, amistades que habían madurado, amores que habían sobrevivido al caos, y promesas que por fin se estaban cumpliendo.

Un año después, no eran los mismos.

Eran mejores.

Más fuertes.

Más ellos.

Chloe se detuvo un segundo antes de cruzar la entrada de la universidad y miró al cielo, respirando hondo.

Un año después, por fin sentía que estaba exactamente donde tenía que estar.



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En el texto hay: lgbt, amor, amistad

Editado: 02.04.2026

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