Un Bebé con el hombre Equivocado

Capítulo 7 —La quinta muestra

Mariano estuvo a punto de colgar.

El número desconocido, la voz excesivamente formal y la pregunta inicial sobre su identidad le hicieron pensar que se trataba de una llamada comercial. Ya tenía preparada una negativa cuando la mujer se presentó como la nueva coordinadora administrativa del banco de gametos de la clínica.

—¿En qué puedo ayudarla? —preguntó Mariano, abandonando la impaciencia sin llegar a comprender qué asunto podía tener pendiente con aquel lugar.

—Me comunico porque necesitamos actualizar la autorización para conservar sus muestras criopreservadas.

Mariano tardó unos segundos en reaccionar.

—¿Mis qué?

—La clínica mantiene tres muestras suyas en el banco de gametos. La autorización de conservación necesita renovarse. Podemos enviarle la documentación por correo electrónico para que la firme o, si no desea continuar almacenándolas, deberá autorizar su destrucción.

La coordinadora hablaba con la naturalidad de quien había repetido aquella explicación demasiadas veces. Mariano se apartó el teléfono de la oreja y comprobó el número en la pantalla, como si eso pudiera revelar que alguien estaba gastándole una broma.

—Debe haber un error —dijo al recuperar la llamada—. Nunca autoricé que conservaran material mío.

Al otro lado se produjo un silencio breve, acompañado por el sonido de unas teclas.

—¿Usted es Mariano de Vargas?

—Sí.

—Su fecha de nacimiento es el 23 de marzo del noventa y cinco.

—También.

—Entonces no me he equivocado de paciente. Aquí aparecen tres muestras criopreservadas a su nombre.

—Fui a esa clínica para realizarme unos estudios, no para guardar semen.

—Es posible que la autorización se haya firmado como parte del procedimiento inicial.

—No firmé ninguna autorización para eso —la interrumpió Mariano, ahora completamente atento—. Recuerdo perfectamente por qué fui y qué me pidieron cada vez.

La mujer volvió a consultar el sistema.

—El expediente es anterior a mi incorporación. Tendría que revisar la documentación física para confirmar qué ocurrió.

—Hágalo.

—Puedo revisarla y comunicarme nuevamente con usted.

—Prefiero hacerlo personalmente.

La firmeza de Mariano pareció sorprenderla.

—No es necesario que venga a la clínica únicamente por esto.

—Hay muestras mías congeladas sin que yo lo haya autorizado. Créame, para mí sí es necesario.

La coordinadora le ofreció una cita para esa misma tarde. Mariano la aceptó antes de que pudiera proponerle otra fecha y terminó la comunicación con una incomodidad que fue creciendo a medida que repasaba lo sucedido.

Recordaba la primera visita, los formularios, el estudio exigido por Orlando y la absurda necesidad de demostrar que ninguno de sus hijos padecía algún impedimento para darle descendencia. También recordaba las llamadas posteriores. Primero le dijeron que la muestra había sido insuficiente para completar todas las evaluaciones. Después aparecieron resultados que debían confirmarse. Cada explicación lo obligó a regresar.

Había protestado, por supuesto. También había escuchado a Ernesto quejarse durante una cena de que le exigían las mismas repeticiones. Aquello consiguió que dejara de considerarlo extraño. Si su hermano cumplía con las exigencias de Orlando, Mariano no iba a permitir que lo excluyeran del fideicomiso por negarse a perder unos minutos en la clínica.

Entregó las muestras y se olvidó del asunto.

Hasta ese momento.

Llegó a la clínica antes de la hora convenida. La coordinadora lo recibió en una oficina situada junto al acceso restringido del laboratorio. Era más joven de lo que había imaginado por teléfono y mantuvo una expresión profesional mientras le indicaba que tomara asiento.

—Señor De Vargas, revisé parte de la documentación antes de que llegara —explicó mientras acomodaba una carpeta sobre el escritorio—. Efectivamente, no encontré un consentimiento específico firmado por usted para la criopreservación.

Mariano permaneció de pie.

—Eso ya lo sabía.

—Puede haberse extraviado durante la migración de los archivos.

—También puede no haber existido nunca.

La mujer aceptó la posibilidad con un gesto neutro.

—Por eso necesitamos aclararlo. Si el consentimiento no aparece, la clínica deberá iniciar una revisión interna.

Mariano ocupó finalmente la silla frente al escritorio. Su mirada descendió hasta la carpeta, pero la coordinadora mantuvo una mano sobre ella.

—Antes de mostrarle la documentación, necesito verificar nuevamente su identidad.

—Ya lo hizo por teléfono.

—Ahora voy a permitirle acceder a información médica. Necesito una identificación válida y su firma.

Mariano sacó la cartera y le entregó el documento. La coordinadora comprobó los datos, lo fotocopió y le acercó un formulario. Él lo leyó antes de firmarlo.




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