Un Bebé con el hombre Equivocado

Capítulo 8 —El nombre en la pantalla

Mariano no abrió la puerta.

Mantuvo una mano sobre el picaporte mientras la frase de la coordinadora continuaba resonando detrás de él. La clínica podía demostrar que había recibido aquella quinta muestra, pero no qué había ocurrido con ella después.

Se volvió lentamente.

—Cuando dice que quizá nunca puedan determinarlo, ¿qué posibilidades está intentando evitar mencionar?

La coordinadora se mantuvo sentada detrás del escritorio. La incomodidad con la que juntó las manos le confirmó que su pregunta no tenía una respuesta tranquilizadora.

—No estoy intentando evitar nada, señor De Vargas. Necesitamos revisar los registros antes de ofrecerle una explicación.

—Entonces dígame qué explicaciones podrían encontrar.

Mariano regresó hasta el escritorio. Ya no parecía dispuesto a marcharse y ella terminó comprendiendo que las fórmulas administrativas no conseguirían detenerlo.

—La muestra pudo descartarse sin que se completara el formulario correspondiente —explicó—. También pudo extraviarse durante el procesamiento o quedar identificada con un código incorrecto.

—¿Qué significa identificada con un código incorrecto?

—Que pudo incorporarse por error a otro expediente.

—¿A otro estudio?

—Es una de las posibilidades.

Mariano apoyó ambas manos sobre el respaldo de la silla que acababa de abandonar.

—¿Y cuáles son las otras?

La coordinadora apartó la mirada. Su silencio duró apenas unos segundos, pero fue suficiente para que Mariano entendiera que existía una alternativa mucho más grave.

—Esta clínica realiza procedimientos de reproducción asistida —dijo él—. ¿Existe la posibilidad de que hayan inseminado a una mujer con mi muestra?

—Existe la posibilidad de que se haya producido una falla de trazabilidad —respondió ella, escogiendo cada palabra con excesivo cuidado—. No puedo asegurarle más que eso.

—Eso no responde mi pregunta.

—Porque no hay forma de responderla con estos registros.

Mariano soltó la silla y volvió a sentarse. La ligereza con la que solía enfrentar cualquier inconveniente había desaparecido. Durante años había evitado matrimonios, compromisos y cualquier conversación relacionada con hijos. No porque rechazara la idea para siempre, sino porque no estaba dispuesto a construir una familia mientras continuara disfrutando de una vida que no exigía explicaciones.

Pero una cosa era elegir no tener hijos y otra muy diferente que alguien utilizara su material genético sin permitirle siquiera saberlo.

—Se podría estar gestando un niño mío en alguna parte —dijo, más para sí mismo que para ella.

—No tenemos ningún elemento que permita afirmar eso.

—Tampoco tiene ningún elemento para descartarlo.

La coordinadora aceptó la observación con un movimiento leve de cabeza.

—Por eso abriré una investigación.

—¿Cuánto tiempo tardará?

—Dependerá de la documentación que encontremos y de las personas que continúen trabajando aquí. Los registros tienen varias semanas y parte del personal fue reasignado con la reforma del edificio.

—La muestra no pudo desvanecerse.

—Estoy de acuerdo.

—Entonces alguien tuvo que recibirla, trasladarla o eliminarla.

—En circunstancias normales, cada uno de esos movimientos habría quedado documentado —explicó ella, señalando el formulario incompleto—. El problema es que aquí no aparece ninguno.

Mariano observó otra vez la fecha de recepción.

—¿Pueden saber cuándo salió del circuito?

—Podemos establecer un intervalo aproximado.

La coordinadora regresó a la computadora. Comparó el registro de ingreso con el inventario del banco y abrió varias ventanas antes de detenerse en una tabla.

—La muestra fue recibida al comienzo de semana. En el inventario realizado al finalizar esos días solamente aparecen las otras tres. Por lo tanto, la irregularidad tuvo que producirse dentro de ese período.

—¿Cuántos procedimientos hicieron durante esa semana?

La mujer lo miró con cautela.

—¿Qué clase de procedimientos?

—No finja que no comprende. ¿Cuántas mujeres fueron inseminadas?

—Esa información no forma parte de su expediente.

—No le pedí los nombres.

La coordinadora dudó antes de consultar el sistema.

—Entre diez y doce. Tendría que revisar el registro diario para darle una cantidad exacta.

Mariano permaneció en silencio. Diez o doce mujeres convertían cualquier posibilidad de averiguar la verdad en un problema mucho más grande. Aun así, no podía abandonar la clínica sabiendo que una de ellas podía haber recibido la muestra que faltaba.

—Revise los nombres.




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