Narrador
Esa misma tarde, Lucas invito a Emma a una pequeña reunión familiar en la casa de su hermano Mateo, quien vive en una casita típica de Limburgo con techo a dos aguas y un gran jardín trasero decorado con luces navideñas.
Emma se siente algo fuera de lugar, rodeada de decoraciones festivas y un cálido ambiente familiar. Los padres de Lucas están presentes, junto con algunos primos y amigos cercanos. Mateo, siempre el bromista, no pierde la oportunidad de hacer comentarios.
Mateo:
Así que finalmente tenemos a alguien que soporta a Lucas. Dime, Emma, ¿cuál es tu truco?
Emma sonríe con nerviosismo y me lanza una mirada de auxilió.
Lucas:
Emma tiene mucha paciencia. Y un sentido del humor inquebrantable.
Mateo se rió, pero mis padres parecen encantados con Emma. Durante la velada, Emma y yo debemos jugar el papel de pareja, compartiendo miradas cómplices y pequeños gestos que comienzan a parecer más naturales de lo esperado.
Cuando uno de mis primos pone música y sugiere bailar, Decido acerca a Emma.
Lucas:
¿Lista para nuestro primer punto?
Emma suspira, pero acepta. Mientras bailamos, la cercanía entre nosotros empieza a generar una tensión sutil pero palpable. Emma intenta concentrarse en los pasos, pero no puede ignorar la sensación de mis manos sobre su cintura.
Después de la reunión, insisto en acompañar a Emma de regreso a su apartamento en Maastricht. Caminamos por las calles iluminadas, y la conversación pasa de ser práctica a un tono más personal.
Lucas:
¿Siempre has odiado la Navidad?
Emma:(lo miro sorprendida por la pregunta)
No siempre. Hubo un tiempo en que me gustaba. Pero... supongo que perdí el interés. No todo el mundo tiene recuerdos mágicos de esta época, ¿sabes?
Asiento, entendiendo más de lo que dejo entrever.
Lucas:
Sí, lo sé. Pero a veces, incluso las cosas que no nos gustan pueden sorprendernos.
Nos detenemos frente a la puerta del edificio de Emma. Antes de que pueda responder, señaló un balcón decorado con luces y, para mí horror, una rama de muérdago.
Lucas:
Parece que estamos condenados a repetir la historia.
Emma sonríe, cruzando los brazos.
Emma:
No olvides la regla número uno.
Lucas:
Pero las reglas están para romperse, ¿no?
Sin embargo, en lugar de un beso, me despido con un leve toque en su brazo y una sonrisa.
Lucas:
Hasta mañana, Grinch.