Aleska es abogada. Lógica, fría, alérgica al caos. Viaja al desierto de Atacama por una sola razón: hacer firmar a un excéntrico millonario la venta de su hotel en el oasis, y así conseguir el ascenso que ha esperado 5 años.
Amir es el hijo del millonario. Ex-fotógrafo de National Geographic, dejó Nueva York para vivir en el desierto sin reloj, sin corbata y sin jefes. Su misión es una sola: que su padre NO venda el hotel.
Cuando Aleska llega, Amir tiene 48 horas para hacerla odiar el desierto y que se vaya.
Plan perfecto, hasta que el padre de Amir, para obligarlos a entenderse, los manda juntos a llevar el contrato al otro lado del desierto.
A mitad del camino, su jeep se daña, se quedan sin agua, sin señal y sin paciencia. Y en medio de una tormenta de arena, buscando refugio en una pequeña carpa abandonada, discuten tanto que, de la nada... se besan.
Un beso largo, desesperado, lleno de arena. Un error.
Al día siguiente fingen que no pasó nada. Pero el desierto es un mal mentiroso. Cada noche que pasan varados, cada risa que se roban, cada vez que él le enseña a mirar las estrellas y ella le enseña a volver a soñar, ese "error" se vuelve más difícil de olvidar.
Ahora Aleska tiene que decidir: volver a la ciudad con el contrato firmado y la vida perfecta que siempre quiso, o quedarse en medio de la nada con el hombre que le dio el beso más imperfecto y honesto de su vida.
Porque hay besos que te dan sed.
Y hay un beso en el desierto que te quita la sed para siempre.