Un brujo maldito.

CAPITULO 3.

El demonio en el ático.

—¡SUÉLTAME! —gritaba el pelinegro, al borde del vómito por aquel hedor insoportable, tan putrefacto como un cuerpo descomponiéndose al aire libre.

El demonio era una criatura absolutamente repugnante que apestaba a azufre y vómito humano. Se acercó despacio a Raven, saboreando cada segundo.

—Óyeme, aire… óyeme, fuego… —intentaba invocar las llamas azules con la voz quebrada, pero el capullo respondió apretándose, en volviéndolo más en aquella viscosidad asquerosa.

—Intentas un hechizo de alto nivel —dijo el demonio con una voz peligrosamente suave, la de algo que ya considera a su víctima comida.

—Todo el averno te conoce. El que no debe ascender.

Enterró una uña en el capullo, rozando apenas la piel del pelinegro.

—¿Ascender a qué? —preguntó Raven, agotado. Había gastado demasiada energía en un solo día. Necesitaba dormir, o al menos llegar a su plano astral.

El demonio no respondió. No tenía ninguna obligación de hacerlo. Lo único que sabía con certeza era que una bruja lo había invocado hasta aquel lugar llamado preparatoria, y que su tarea era clara.

—Lo único que sé es que el hijo angelical no debe ascender.

Encajó otra uña, esta vez perforando el costado de Raven. La sangre comenzó a manar despacio. El pelinegro gritó con toda la fuerza que le quedaba, pidiendo ayuda a quien pudiera escucharlo.

Nadie respondió.

Y entonces todo se apagó.

—¡SUÉLTAME! —gritaba el pelinegro, al borde del vómito por aquel hedor insoportable, tan putrefacto como un cuerpo descomponiéndose al aire libre.

El demonio era una criatura absolutamente repugnante que apestaba a azufre y vómito humano. Se acercó despacio a Raven, saboreando cada segundo.

—Óyeme, aire… óyeme, fuego… —intentaba invocar las llamas azules con la voz quebrada, pero el capullo respondió apretándose, envolviéndolo cada vez más en aquella viscosidad asquerosa.

—Intentas un hechizo de alto nivel —dijo el demonio con una voz peligrosamente suave, la de algo que ya considera a su víctima comida.

—Todo el averno te conoce. El que no debe ascender.

Enterró una uña en el capullo, rozando apenas la piel del pelinegro.

—¿Ascender a qué? —preguntó Raven, agotado. Había gastado demasiada energía en un solo día. Necesitaba dormir, o al menos llegar a su plano astral.

El demonio no respondió. No tenía ninguna obligación de hacerlo. Lo único que sabía con certeza era que una bruja lo había invocado hasta aquel lugar llamado preparatoria, y que su tarea era clara.

—Lo único que sé es que el hijo angelical no debe ascender.

Encajó otra uña, esta vez perforando el costado de Raven. La sangre comenzó a manar despacio. El pelinegro gritó con toda la fuerza que le quedaba, pidiendo ayuda a quien pudiera escucharlo.

Nadie respondió.

Y entonces todo se apagó.



#633 en Thriller
#227 en Suspenso
#160 en Paranormal

En el texto hay: satanismo, gay, brujería real

Editado: 14.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.