Un Buen Amor

17

 

 

—No va a funcionar, los planes que tiene usted y su hijo, están zafados de la cabeza. Pónganse a pensar, ya le dije, le doy el dinero, le firmo cualquier cosa.

 

—La que no entiende eres tú niña, daté cuenta donde estás y con quien, fue inútil tu tonto intento de escapar, —Era cierto, había logrado romper una de las ventanas, logro destapar las tablas, pero cuando se disponía a escapar, atando la sabana a alguna base, la mujer la encontró y a punto de golpes la regreso hacia aquella cama, que había sido como su candado durante los diez días que llevaba ahí. Pero ahora era peor, estaba atada a las muñecas.

 

—Solo déjame ir con mi familia, con mi prometido y mi hijo.

 

—¿Hijo? No seas estúpida, no tienes nada. Ese hombre te dejó en el hospital, yo lo vi.

 

—No sabe nada—En ese momento sus pensamientos se aclararon, aún atada, con signos de haber sido golpeada,  una realidad llego a ella, como golpe en la boca del  estómago, lo amaba, su corazón dolía  al pensar que no lo volvería a ver, no era un dolor igual que cuando perdió a Germán, amaba tanto a Carlos, que las lágrimas la invadieron, no era de impotencia de  estar en esa situación, era una tristeza de perderse los momentos especiales, la sonrisa y travesuras de Daniel, hacer el amor hasta el amanecer con Carlos, dormir en sus brazos, sentir sus besos en la mejilla diciéndole lo mucho que la amaba, no estaba dispuesta a perderse todo aquello, no iba a dejar de luchar aunque se le vaya la vida en eso.

 

Unos pasos se escucharon como si acabaran de entrar, la mujer robusta delante de ella, se retiró, como si hubiera cambiado de canal, se arregló el cabello y con una sonrisa.

 

—Voy, hijo, aquí está mami.

 

Definitivamente, esa mujer estaba loca, hacía un momento le mostraba mirada asesina y ahora era la sonrisa como de eso una persona que le faltaba un tornillo.

 

 

—Carlos, piénsalo bien, nunca has manejado un arma.

 

—El detective que contrataste, me dijo lo básico, además usaré un chaleco. No me mires así, que nada ni nadie me alejara, de la idea de traer yo mismo a mi mujer de vuelta.

 

—Ten mucho cuidado, ese hombre está loco, hará lo que sea por detenerte, no sabemos cuan peligroso es una persona así o si tiene un arma

 

—Giuseppe, tiene razón, amo a mi amiga y lo saben, pero recuerda que tienes un hijo. Tráela de vuelta, pero se prudente y no te expongas de manera innecesaria.

 

Él solo guardó silencio, pero un gesto de su mentón le confirmó que estaba de acuerdo; sin embargo, la traería de vuelo y si podía acabar con el imbécil que se había atrevido a tocarla, entonces se ensuciaría las manos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.